Alejandra Acedo y María Mendoza en 'Dibulandia2'. Cedida por ACedo
Hay ideas que tardan en tomar forma porque, antes de materializarse, necesitan encontrarse. ‘Aula Escénica’ nace precisamente de ese cruce: el de dos trayectorias que ya compartían una misma forma de entender el arte y que, tras coincidir sobre el escenario de ‘Dibulandia 2’, encontraron el punto exacto en el que empezar a caminar juntas. Aquella experiencia compartida, sin ser la primera en la que colaboran ambas artistas, no solo dejó un resultado escénico, sino también una sensación compartida de continuidad, de proceso abierto, de algo que aún estaba por desarrollarse.
En ese contexto, ambas comenzaron a reconocer que llevaban tiempo avanzando hacia una misma dirección, aunque desde caminos distintos. María Mendoza ya integraba la interpretación dentro de su escuela de canto, entendiendo que cantar implica necesariamente transmitir, sostener una emoción y habitar un mensaje. Al mismo tiempo, Alejandra Acedo recibía de forma constante el interés de quienes querían formarse en teatro, una posibilidad que no había podido concretar por la falta de un espacio propio. Ese punto de conexión terminó de dar sentido a una idea que hasta entonces había permanecido dispersa.
A partir de ahí, de una llamada concreta, el proyecto comienza a definirse no como una suma de disciplinas, sino como una propuesta articulada desde su interdependencia. ‘Aula Escénica’, que iniciará su actividad el próximo 15 de abril, se construye sobre la premisa de que la voz y la interpretación no funcionan de manera aislada. “El canto al final se nutre de la interpretación y para la interpretación también es muy importante el canto”, sostiene Mendoza. Desde esta perspectiva, la voz deja de ser un elemento exclusivamente técnico para situarse en el centro del hecho escénico, en diálogo constante con el cuerpo y la emoción. En esa misma línea, Acedo subraya la importancia del trabajo vocal dentro de la formación actoral, no solo como recurso, sino como base para la proyección, la presencia y la construcción de la escena, más allá de los musicales.
Esa complementariedad no se limita al planteamiento teórico, sino que se traslada directamente al aula. En el trabajo de canto, el proceso parte de los intereses individuales del alumnado -lírico, pop, rock...-, pero se orienta hacia una comprensión más profunda del instrumento. La técnica se desarrolla desde la conciencia corporal y la colocación de la voz, siempre vinculada a la intención. De este modo, cantar deja de ser una ejecución aislada para convertirse en una acción cargada de significado.
En paralelo, las clases de interpretación se estructuran como un recorrido progresivo que abarca desde la iniciación hasta la comprensión global de un montaje escénico. “El teatro para mí es un proceso creativo, y es donde realmente está el trabajo”, sostiene Acedo. Desde esta mirada, el aprendizaje se sitúa en el proceso: en la construcción del personaje, en la relación con el espacio, en la escucha del otro y en la capacidad de sostener una escena. La obra final aparece como consecuencia de ese recorrido, no como su punto de partida.
Este planteamiento se concreta en una organización por grupos —infantil, juvenil y adulto—, adaptando los contenidos a cada etapa, pero manteniendo una misma línea metodológica. A lo largo del curso, el alumnado transita desde ejercicios básicos de desinhibición y expresión corporal hasta el desarrollo de escenas y la preparación de propuestas escénicas, con el objetivo de que cada persona entienda no solo qué hace, sino cómo se construye una pieza teatral.
En este sentido, el aula se concibe como un espacio de experimentación constante. “La idea era crear un laboratorio” sostiene Acedo, un entorno en el que la práctica ocupa un lugar central y donde el error forma parte del aprendizaje. Improvisación, escucha activa o trabajo colectivo no se plantean como ejercicios aislados, sino como herramientas que se integran progresivamente en el proceso creativo.
Este enfoque conecta con una manera contemporánea de entender la enseñanza artística, basada en el “aprender haciendo”, resalta Mendoza. La experiencia se convierte en el eje del aprendizaje, permitiendo que las herramientas se asimilen desde la práctica y no únicamente desde la teoría. Así, el conocimiento se construye de forma orgánica, acompañando el ritmo de cada alumno.
A medida que el proceso avanza, el impacto del arte comienza a trascender lo estrictamente escénico. “Empiezas a ver las cosas de otra manera y la creatividad se desarrolla”, describe Mendoza. Esa transformación se traduce en una mayor sensibilidad y en una forma distinta de percibir el entorno. “La persona que está tocada por el arte piensa diferente, vive las cosas de manera diferente, ve la belleza donde otras personas a lo mejor no la ven”. Se trata de un cambio que no se limita al aula, sino que se proyecta en la manera de estar y de relacionarse con el mundo.
Esa misma filosofía se refleja en el espacio físico que acogerá el proyecto. El local de Mendoza se encuentra en proceso de transformación para adaptarse a las nuevas necesidades, apostando por un entorno más diáfano y flexible que permita trabajar desde el movimiento y la escena. Esta evolución no se plantea como un punto final, sino como parte de un recorrido que aspira a crecer. De hecho, la proyección del proyecto contempla la posibilidad de consolidar un espacio más amplio que incorpore un salón de actos con escenario propio. Un lugar donde representar obras, organizar conciertos, hacer grabaciones y mostrar el trabajo desarrollado, integrando así la formación con la experiencia escénica.
En ese marco, la idea de cantera adquiere especial relevancia. ‘Aula Escénica’ se plantea como un espacio donde no solo aprender, sino también prepararse para formar parte de futuros proyectos escénicos. La escena se integra así dentro del propio proceso formativo, como el lugar donde confluyen las herramientas adquiridas y donde el alumno comienza a consolidar su recorrido sobre las tablas, frente al público.
Este planteamiento se completa con una serie de iniciativas que amplían el alcance del proyecto. “Tenemos muchos proyectos dentro del propio proyecto que nos hacen mucha ilusión”. Masterclass, talleres intensivos, dinámicas que integren voz, interpretación y corporalidad, la continuidad del trabajo coral iniciado en ‘Dibulandia’ o la incorporación de otros artistas forman parte de una propuesta abierta y en evolución.
Con el inicio previsto para el 15 de abril, y con tiempo para inscribirse, ‘Aula Escénica’ comienza su recorrido como un espacio compartido en el que dos trayectorias confluyen para dar forma a una propuesta más amplia y cohesionada. Un proyecto que entiende el arte no como una suma de disciplinas aisladas, sino como un proceso vivo que se aprende, se experimenta y, finalmente, se comparte. En esa construcción conjunta, la afinidad artística resulta clave, pero también lo es el reconocimiento mutuo entre ambas profesionales. Acedo subraya en Mendoza no solo su capacidad de trabajo, sino también su talento y su conocimiento en técnica vocal, aspectos fundamentales dentro de la formación escénica. Desde esa base, ambas impulsan una iniciativa que busca ofrecer a niños, jóvenes y adultos un espacio formativo completo, riguroso y en constante desarrollo.
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