Los cuatro años que tiene por delante el Gobierno local contarán con la crisis económica como principal escoyo, al igual que en el resto de España. Pero superarla, a pesar de ser un reto digno del mayor de los reconocimientos, no será suficiente. Paralelamente Melilla necesita prepararse para la nueva etapa que se abrirá tras la recesión económica. La ciudad debe potenciar sectores que generen nuevas espectativas de prosperidad. La apuesta por la cultura, por ejemplo, ha sido un acierto en todos los sentidos, no sólo por lo que supone para el desarrollo personal de los ciudadanos sino también por los beneficios económicos que ha acabado reportando para la ciudad y por el realce que supone para su prestigio e imagen exterior.
Otro pilar del desarrollo será la educación, desde la Infantil a la Superior. De la preparación y competencias profesionales que se fomenten hoy en los niños y jóvenes de Melilla dependerá el futuro de la ciudad, de sus empresas y de sus instituciones.
Es época de ahorro, pero el ajuste en el gasto no puede privar de la energía necesaria a sectores fundamentales para el futuro de la ciudad. Melilla tiene que continuar avanzando. Su particular situación financiera, mejor que la de otras regiones españolas, no es suficiente. No basta con que los números cuadren o no se descuadren demasiado. Es necesario generar espectativas de crecimiento y preparar a los distintos sectores económicos para que con su contribución fomenten la prosperidad de Melilla y el bienestar de sus habitantes.
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