Salvando la mala actuación del pregonero de este año, ‘Manolito Royo’, que cuanto antes se olvide y menos cancha se le dé mucho mejor –ya se hace referencia al asunto en este medio en la colaboración de Salvador Ramírez–, los carnavales de este año volvieron a convertirse en una muestra del arte de los melillenses a la hora de disfrazarse. Es cierto que no hay concurso de chirigotas, cuestión que por otra parte parecía más que evidente y hasta cierto punto lógica, porque por mucho que queramos, la tradición de la ciudad dista mucho de la existente en Cádiz y en sus alrededores.
Sin embargo, frente al desánimo que esto puede causar en algunos chirigoteros, la imaginación y salero que ponen los carnavaleros en confeccionar sus trajes suple este sentimiento con creces.
Apostemos entonces por esta forma de celebrar los carnavales y volquemos todos los esfuerzos en fomentar los concursos de disfraces y acondicionar un espacio más acorde para ello. Los adultos hicieron maravillas, pero la cantera que viene detrás es para quitarse el sombrero.
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