Editorial

Antonio Sierras, el coronel que trajo la paz a la Guardia Civil de Melilla

Superó, con creces, todas las expectativas que levantó su llegada. Su principal mérito no ha sido trabajar con ahínco y discreción, que lo ha hecho en los seis años que lleva en la Comandancia de Melilla, sino traer la paz al Instituto Armado que, a su llegada, en el año 2016 estaba profundamente dividido y enfrentado entre sí y con la prensa.

El coronel de la Guardia Civil de Melilla, Antonio Sierras (Teruel, 1963), se ha despedido esta semana de la delegada del Gobierno, Sabrina Moh, porque parte hacia un nuevo destino: Israel. Allí ocupará el cargo de consejero de Interior de la Embajada de España. Profesionalmente es un reto tan grande como el de hacerse cargo de la Comandancia de Melilla en uno de los momentos más difíciles que ha vivido la Benemérita, envuelta en el momento en que él aterrizó en la ciudad en continuas denuncias por devoluciones en caliente en la valla y en guerras internas que entonces parecían irreconciliables.

El coronel Sierras superó, con creces, todas las expectativas que levantó su llegada. Su principal mérito no ha sido trabajar con ahínco y discreción, que lo ha hecho en los seis años que lleva en la Comandancia de Melilla, sino traer la paz al Instituto Armado que, a su llegada, en el año 2016 estaba profundamente dividido y enfrentado entre sí y con la prensa.

Con Sierras, las aguas volvieron a su curso y las estridencias se acallaron. Durante los seis años de su gestión en Melilla, se apaciguaron todos los ánimos, incluidos los de las asociaciones de la Guardia Civil que comprobaron que cuando hay predisposición a resolver problemas de sentido común y mejorar la vida de los agentes los desacuerdos se pueden arreglar en los despachos sin saltar día sí y día también a la prensa.

Con él se acabaron los fuegos fatuos que empañaban la gestión de la Comandancia de Melilla. Por eso consideramos que el coronel Sierras ha dejado el listón muy alto incluso para mantener lo presente.

Con los agentes de Melilla, el coronel compartió su ejemplaridad. Se le vio en la valla, se le ha visto en la frontera e incluso se le ha visto ayudando a controlar el tráfico de la ciudad. Al coronel Sierras no se le caen los anillos. Tiene los pies en la tierra y se va de Melilla dejando una ciudad que lo quiere, lo respeta y lo aprecia.

No es fácil marcharse dejando, como deja el coronel Sierras, una estela de sincera admiración. ¡Que vaya bien, coronel!

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