Rinitis alérgica, conjuntivitis y asma bronquial son algunos síntomas de la alergia otoñal (internet)
La época de alergias suele atribuirse a la primavera. Los alérgicos saben bien que esa información no es del todo cierta. El otoño reactiva cuadros alérgicos nasooculares y respiratorios que, por desgracia, suelen alargarse durante varias semanas. No hay fiebre ni dolor de garganta como con los catarros, pero sí que son síntomas molestos en el transcurrir de los días.
Por tanto, los síntomas que más se repiten con la llegada del otoño para las personas alérgicas son la rinitis, conjuntivitis y el asma bronquial, todo con la etiqueta de “alérgica”, y la afección dérmica. Es una realidad que afecta a un importante segmento de la población melillense, y que merece un repaso de los síntomas, causas y consejos para hacerle frente.
La rinitis alérgica se refiere al picor nasal, los estornudos constantes, la congestión y el goteo nasal (o rinorrea). La conjuntivitis alérgica implica picor, enrojecimiento ocular, párpados hinchados, lagrimeo y sensación de cuerpo extraño o quemazón en los ojos. El asma bronquial alérgica se presenta con tos seca o expectoración clara, acompañada normalmente de sensación de ahogo (disnea) y sibilancias (pitidos al respirar).
Según los expertos, dado que existe una vía única nariz-bronquios, un 40 % de los pacientes con síntomas nasales pueden desarrollar asma. Por último, el frío reactiva en ocasiones la dermatitis atópica, una afección dérmica que puede resultar muy incómoda en el día a día. Los factores que motivan la aparición de síntomas alérgicos son variados, y aunque ligeramente diferentes a los de la primavera, sí que tienen puntos en común.
Las casas no son precisamente un lugar libre de alergias. Por el contrario, los ácaros y mohos del ambiente, el cierre de ventanas y las calefacciones, propician unas condiciones ambientales poco recomendables para los alérgicos. Cuando la humedad está por encima del 50 %, estos ácaros del polvo proliferan más rápidamente y están repartidos por colchones, almohadas y elementos textiles del hogar. A su vez, la acumulación de hojas secas favorece la liberación de esporas de hongos alergénicos.
Las infecciones virales no hacen más que empeorar el cuadro. Los resfriados típicos del periodo otoñal irritan las vías respiratorias y activan o agravan las reacciones alérgicas. Las causas mencionadas están sujetas a las condiciones de cada territorio, y los principales responsables son los aeroalérgenos, partículas microscópicas suspendidas en la atmósfera que acceden de forma directa a las vías respiratorias. El grado de alergia dependerá, sobre todo, de la concentración real de granos de polen o esporas en el aire.
En Melilla, no es fácil medir qué alérgenos están presentes en el aire en cada momento. Hasta hace poco, se comprobaban solo los niveles de territorios cercanos como la costa andaluza. No obstante, la vegetación y el suelo, los vientos y el clima diversos, hacen necesario revisar los parámetros propios de este pequeño enclave del norte de África.
Además, cabe resaltar que la mayoría de alérgenos proceden de plantas anemófilas, con millones de granos microscópicos que quedan dispersos por el aire y que pueden viajar hasta cien kilómetros de distancia. Los olivares del norte de Marruecos y de la región del Rif pueden provocar a un melillense crisis agudas de alergia al olivo o a las gramíneas sin que haya plantaciones de este tipo cerca. Son más típicas de la primavera, pero demuestran la capacidad que tienen de ser transportadas lejos de su lugar de origen.
En 2024, el Ingesa y el Hospital Comarcal hicieron posible la primera estación de aerobiología en Melilla, que permite recoger datos específicos que se publican en la red de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (www.pólenes.com). Por otro lado, la contaminación urbana y las inversiones térmicas irritan las mucosas y facilitan la entrada bronquial de los alérgenos.
Las recomendaciones pasan por controlar la humedad en espacios cerrados, teniendo en cuenta que ácaros y mohos son los principales desencadenantes de las alergias otoñales. Ventilar las estancias al menos dos veces al día y utilizar deshumidificadores si fuera necesario para mantener la humedad por debajo del 50 %. Lavar sábanas y fundas con frecuencia a temperaturas elevadas, y en algunos casos, utilizar incluso fundas antiácaros en textiles.
En las tareas de limpieza, mejor paños húmedos, evitando plumeros o escobas que remuevan las partículas. Alfombras, cortinas pesadas o peluches son propensos a acumular polvo. Los aspiradores con filtro HEPA tienen una mayor capacidad de retenerlo. Repasar los filtros de climatización y calefacción es otro de los consejos. En cuanto al cuidado personal, realizar lavados nasales diarios con solución salina o agua de mar aliviará los síntomas.
En el exterior, si se tienen patios o jardines, evitar la acumulación de hojas secas. En días de viento o calima, no olvidar las gafas de sol. Para comprobar el estado del aire en tiempo real, se pueden consultar los datos de la Seaic en Melilla. Finalmente, lo más importante es acudir a un especialista alergólogo si las crisis se repiten y los síntomas se agravan. Con algunas pruebas, será más fácil obtener un diagnóstico e iniciar un tratamiento ya sea con antihistamínicos, corticoides inhalados o vacunas.
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