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Alejandro Alves, sevillano con raíces melillenses: “Coger a mi hija en brazos y cruzar la meta es lo que más me ha gustado”

El atleta participó en la categoría de 75 kilómetros BTT de La Africana | De sus dos abuelos, uno fue legionario y el otro jefe de la Guardia Civil en Melilla

Alejandro Alves es un sevillano con raíces melillenses que ha competido en la carrera de La Africana por segundo año consecutivo. Esta vez, lo ha hecho en la categoría de 75 kilómetros BTT. La finalidad era, además de superar un reto personal en esta prueba, pasar un fin de semana espléndido y familiar en Melilla. 

El también consultor informático participó en la carrera el pasado año en la categoría de 25 kilómetros Marcha. Ha recorrido el sur del país para completar las distintas carreras legionarias en una especie de homenaje a su padre, que perteneció a la unidad militar. 

“Yo tenía el reto personal, porque cuando falleció mi padre, que era un enamorado de La Legión, se nos ocurrió a mi hermano y a mí hacerla. Mi hermano nunca la hizo, y yo al fin la hice, diez años después”

Para Alejandro, La Africana, a pesar de su fama de exigente, es la más “asequible” de las cuatro que organiza La Legión. Asequible, que no fácil, ha aclarado. En comparación al resto del circuito, señala que las otras le parecen más duras, también por el terreno sobre el que transcurren.

No le ha costado demasiado trabajo recuperarse, o, al menos, todavía no siente las agujetas. Subraya el ‘ambientazo’ que se vive en esta carrera, que cuenta con la participación de atletas de todos los puntos del país. Por otro lado, es una prueba que acumula tan solo doce años, a diferencia de otras que cumplen ya un cuarto de siglo. 

“Veo que está más animada, por decirlo de alguna forma. Aquí, como es una carrera joven, entre comillas, se pilla con más ilusión por parte de los que la organizan”. Es un día grande para la ciudad que se vivió con gran intensidad en todo el recorrido y, en particular, en el entorno de la Plaza de las Culturas.

De La Africana le sorprende, precisamente, el entrar en el cuartel y ver la actitud de los legionarios. “Decían, «cantad el himno», y se ponían a cantar en el cuartel. Hay más personas involucradas, es una especie de ilusión, o simplemente que en Melilla son más alegres y entonces se animan más”, comentaba Alves. 

De su carrera deportiva, manifiesta que “realmente llevo dos años montando en bici, como quien dice. Empecé un poco cuando nació mi hija”. Después, vino de vacaciones a la ciudad autónoma, y fue cuando se enteró de que había tres pruebas legionarias más de ultrafondo y resistencia. No se lo pensó y dijo “vamos a hacerlas todas”. Y así fue.

La Cuna de La Legión en Ceuta, La Africana en Melilla, la 101 de Ronda y La Desértica en Almería; estas son las cuatro competiciones que organiza la unidad militar y que captaron, inmediatamente, el interés del sevillano.

Su idea era hacer todas las competiciones en bicicleta, pero, al final, la cita en Melilla se convirtió en un desafío familiar. Al final, la hizo junto a sus primos caminando. El plan cambió, pero el recuerdo fue para toda la vida. En 2026, la idea de hacer La Africana en BTT seguía muy presente, y ha sido cuando Alves ha logrado cumplir su reto personal.

Después de su paso por La Africana, continuó su andadura con la 101 de Ronda. “La gente me decía «joder, vas a empezar por la carrera más difícil». Si fuera fácil, no sería un reto, ¿no?”, aseguraba él. Sin embargo, la alta demanda en esta dura competición hizo que se agotaran las entradas casi a los cinco minutos de abrir la venta.

“Son 8.000 participantes, es increíble que se acabe tan rápido, porque al final es una carrera que tiene fama, renombre, y la gente quiere ir más”. Alejandro Alves practica CrossFit, bicicleta y pádel en sus ratos libres. Lo siguiente que “se le ha metido en la cabeza” es la Media Maratón de Sevilla

Manejar tres deportes no es tarea fácil, afirma el consultor informático. De la carrera del sábado, expresa: “O sea, es muy bonito hacerlo. También te digo una cosa, que ya no la voy a hacer más. Ayer me di cuenta de que no necesito hacer más bicicleta en carreras de 100 kilómetros. Con dar paseos la mañana del domingo está bien”. 

Orígenes en Melilla

Su abuelo fue jefe de la Guardia Civil en Melilla. Esta rama de su familia procedía de un pueblo de la provincia de Málaga. Una vez comenzó su carrera en el cuartel, pasó por varios destinos en Andalucía hasta llegar a la ciudad autónoma.

Por parte de padre, su abuelo era legionario. “Era portugués. Nadie tiene muy claro por qué acabó siendo legionario en España, en Melilla, pero aquí acabó”. Sus padres se casaron y se fueron a vivir a Sevilla, pero todavía tiene parientes muy cercanos en la ciudad. Su tía y sus primos continúan viviendo aquí. 

Aunque algunos miembros de su familia han terminado formando parte de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (FCSE) o vinculados al ámbito militar, todos mantienen cierta tradición y sentimiento por sus raíces legionarias. “En mi familia, algún año hemos cantado en Nochebuena en vez de villancicos, el himno”. 

Alejandro Alves coincide con su primo melillense en lo siguiente: “Melilla es una ciudad que te atrapa, vienes aquí pensando que es pequeña, pero entre una cosa y otra, al final te acabas enamorando”. No descarta un futuro en este enclave del norte africano si le surgiera alguna oportunidad en el ámbito profesional.

El buen clima, la comodidad y la playa son motivos más que suficientes para plantearse esta decisión. Además de seguir manteniendo una relación cercana con sus parientes melillenses. En los últimos dos años, ha viajado hasta la ciudad autónoma en tres ocasiones con su propia familia, dos por la carrera y el verano en que su hija Jimena tenía seis meses. 

“Vinimos aquí, nos gustó mucho y seguimos viniendo desde entonces”. Guarda recuerdos muy bonitos de su infancia en barco, en avión, de día, de noche, con sus padres. “Al final es complicado llegar, ¿no? No es fácil la logística y tal, pero siempre intentaban venir mucho y al final era su casa”.

Siempre han estado muy ligados a la singular ciudad. “Mi padre, que ya no está con nosotros, nos hacía el tour al cuartel y nos contaba sus batallitas”. Le resulta muy ilusionante regresar de la mano de su pareja y su hija. A pesar de la distancia con el resto de familiares, destaca que están todos muy unidos y que intentan reunirse con frecuencia.

La Africana

Para Alejandro Alves, el momento más emotivo de la carrera fue cruzar la meta con su hija. Está muy a favor de ese horario “kids friendly”, es decir, apto para el público infantil. La pequeña, que suele irse a dormir en torno a las 19.00 horas de la tarde, nunca había visto a su padre superar una prueba deportiva. Hasta el sábado, en La Africana.

Su mujer sí, pero ella no. “Entonces llegar aquí, cogerla en brazos y cruzar la meta pues me hizo mucha ilusión. Es lo que más me ha gustado”. Cada vez que viene a la ciudad, es una buena oportunidad para redescubrirla, porque conocerla, desde luego, ya la conoce. Su primo, “un enamorado de Melilla”, siempre hace de guía y les cuenta las historias populares.

Pero ver la ciudad con las gafas de su propia historia familiar no tiene precio. Saber dónde vivía su padre de joven o sus padres cuando se casaron es, cuanto menos, reconfortante. En el recorrido deportivo, ha podido, además, hacer un repaso de esos momentos que lo devuelven a sus orígenes

Quizá, si tuviese que hacer una leve crítica, sería que la carrera le resultó “un poco repetitiva”. “Evidentemente, te da tiempo de conocer Melilla con la carrera y ves cosas que no ves normalmente”, ha añadido Alves. Del mismo modo, recuerda que es una prueba bonita que transcurre en un territorio de apenas 12 kilómetros.

Especialmente, le emocionó su paso en bicicleta por Melilla la Vieja. Atravesar la emblemática ciudadela sin turistas, solo rodeado de otros competidores, ha sido una experiencia increíble. También una “sensación extraña”, puesto que “estás tú solo por calles que antes había militares para proteger la ciudad”. 

En un tono humorístico, se plantea si aquellos que defendían la muralla lo hacían a caballo, porque, ahora, él lo hace en bicicleta. “Estoy viendo lo mismo que vieron ellos, qué guay”. De La Africana destaca el apoyo que brindaron los compañeros en todo momento y la ausencia de competitividad en el mal sentido de la palabra.

Sin ir más lejos, tuvo un par de percances durante la prueba y comenta que muchas personas le prestaron su ayuda en lugar de mirar hacia otro lado. Llegaron el jueves por la noche en barco, y han estado dedicados a la familia durante todo el fin de semana. Disfrutar de los paseos, de la gastronomía, del buen tiempo… 

El viernes, después de recoger el dorsal, “nos dimos una vueltecita, nos hicimos la foto con la cabra, fuimos a visitar a mi tía y comimos todos en familia”. Tras la carrera, por la noche, no se perdieron el concierto de ‘Los Soniketes’, y en este soleado domingo, emprenderán el camino de vuelta a Sevilla con la idea de volver lo antes posible a Melilla.

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