La vida de Alejandra Acedo transcurre entre escenarios, cámaras, ensayos, personajes y procesos creativos que se prolongan mucho más allá del momento en que se encienden las luces de un teatro o comienza a rodar una cámara. Actriz, productora, directora y ahora también docente de artes escénicas, ha construido su trayectoria alrededor de una profesión que exige formación constante, disciplina y una entrega que no entiende de horarios convencionales. En su día a día conviven la interpretación, la dirección de actores, el trabajo audiovisual y la enseñanza, una combinación que le permite seguir aprendiendo mientras comparte con otros los conocimientos acumulados durante años. "Yo no sé vivir de otra manera. Yo no sé hacer otra cosa que no sea esto", reconoce con la naturalidad de quien ha encontrado en las artes escénicas mucho más que una ocupación. Su carrera es, en sus propias palabras, todo, y poder vivir de aquello que quiere hacer constituye una de las mayores satisfacciones de su vida.
Esa vocación se encuentra ahora con un nuevo desafío: la formación de intérpretes en Aula Escénica, una escuela que abrió en abril y que, en pocos meses, ha experimentado un crecimiento que ha superado sus expectativas iniciales. La idea surgió de una demanda que venía de tiempo atrás, pero que cobró especial fuerza después del espectáculo "Dibulandia". Acedo había coincidido allí con numerosos niños que, tras conocer de cerca el trabajo teatral, le manifestaron su deseo de aprender la técnica interpretativa y comenzar a formarse con mayor profundidad. Aquellas conversaciones terminaron convirtiéndose en una oportunidad para poner en marcha un proyecto propio, aunque existía un obstáculo que llevaba tiempo frenando la iniciativa: el coste de disponer de un local.
Entonces llegó una conversación con María Mendoza, que le propuso compartir el espacio donde impartía clases de canto y plantear una escuela conjunta en la que ambas disciplinas pudieran complementarse. La propuesta permitía ofrecer formación teatral y vocal, así como facilitar que los alumnos interesados pudieran acercarse a ambas especialidades. "Venga, vamos a intentarlo", fue la respuesta de Acedo ante una posibilidad que le permitía sortear las dificultades económicas iniciales y dar forma a una idea que llevaba tiempo rondándole. En abril comenzaron las clases con 18 alumnos distribuidos en tres grupos: infantil, juvenil y adulto. Una cifra significativa para una escuela recién abierta y, además, con el curso ya avanzado.
Tras cerrar las clases a finales de junio y conceder a sus alumnos el descanso de julio y agosto, Acedo retomó la actividad en septiembre con las nuevas inscripciones. Entonces llegó la sorpresa: la matrícula había pasado de 18 a 32 alumnos. La respuesta confirmó que existía un interés que iba más allá de quienes ya habían tenido algún contacto con el teatro. Muchos de los nuevos inscritos nunca habían practicado interpretación, pero querían aprender, descubrir sus posibilidades y adentrarse en un lenguaje artístico que, para ellos, hasta entonces había sido ajeno. La acogida ha sido especialmente destacada entre los adultos, un grupo que reúne edades muy diversas y que demuestra que el deseo de aprender no tiene por qué quedar limitado a una etapa concreta de la vida.
En Aula Escénica conviven alumnos de 18 años con personas que han alcanzado los 70. Entre ambos extremos se encuentran las distintas generaciones, con sus experiencias, inquietudes y maneras de comprender el mundo. "Hasta que el cuerpo aguante", bromea Acedo al referirse a una profesión en la que, como ella misma señala, no existe una edad de jubilación establecida para quien desea seguir interpretando. Esa diversidad se ha convertido en uno de los rasgos más enriquecedores de las clases. Las distintas trayectorias vitales permiten compartir experiencias y, al mismo tiempo, ofrecen un abanico de posibilidades para construir personajes. A las diferencias de edad se suman las culturales, creando un espacio común de aprendizaje donde convergen distintos perfiles y culturas de la ciudad.
La docencia, sin embargo, no formaba parte de sus planes iniciales. Acedo admite que nunca había sentido una inclinación especial por enseñar, porque hasta entonces siempre se había dedicado a hacer, a trabajar directamente en sus proyectos. Por eso tuvo que pensar la propuesta antes de decidirse. La experiencia está modificando aquella percepción. Le gusta comprobar que los alumnos están contentos, que quieren seguir aprendiendo y que una clase semanal les parece insuficiente. Sobre todo, disfruta al observar cómo van incorporando conocimientos, descubriendo recursos que desconocían y adquiriendo herramientas que pueden aplicar a su trabajo interpretativo.
Es consciente de que todavía resulta pronto para realizar una valoración del proyecto, especialmente porque apenas lleva unos meses de recorrido y ha atravesado el paréntesis estival. Aun así, ya percibe avances y recibe de sus alumnos comentarios que le confirman que las explicaciones, las nociones técnicas y los pequeños trucos que comparte están encontrando su lugar. Esa respuesta constituye también una forma de medir su propio trabajo. "Me preparo las clases, me lo trabajo e intento que todo eso les llegue a ellos y a ellas", explica. Su objetivo es transmitir cuanto sabe, sin dejarse nada en el tintero, para que quienes se suban a un escenario dispongan de una base que les permita afrontar la construcción de un personaje sin quedarse paralizados ante las dificultades.
Porque aprender interpretación no consiste únicamente en memorizar un texto. Acedo insiste en que la carrera es larga y requiere estudio, práctica y una atención constante a numerosos elementos que intervienen en la escena. La formación debe servir para que el actor comprenda lo que está haciendo, sepa por qué lo hace y pueda responder cuando surja una situación imprevista. Desde esa convicción ha comenzado a desarrollar una de las iniciativas más significantes del aprendizaje en la escuela: llevar a sus alumnos al escenario antes de que termine el curso, para que experimenten de primera mano lo que significa enfrentarse al público.
La oportunidad surgió a partir de la propuesta de Carlos Crouseilles, responsable del Kursaal Lounge, que quiere convertir el restaurante en una especie de café teatro. La intención es abrir el espacio a representaciones, conciertos, magia y otras actividades culturales. Una forma de facilitar iniciativas privadas que contribuyan a ampliar la oferta artística de la ciudad. Cuando recibió la propuesta de preparar microteatro, Acedo pensó inicialmente en presentar una propuesta propia como actriz, junto a algún compañero de profesión. Sin embargo, enseguida encontró otra posibilidad que conectaba directamente con su labor docente: preparar pequeñas obras con sus alumnos y ofrecerles la oportunidad de poner en práctica lo aprendido en clase.
La idea suponía asumir una carga de trabajo considerable, puesto que ella misma se encargaría de dirigir las distintas piezas y, en alguna ocasión, también de interpretarlas. Cuando se lo planteó a María Zaragoza, guionista con las que Acedo ha colaborado en múltiples proyectos, esta consideró que era una iniciativa preciosa, aunque también una auténtica locura por el esfuerzo que implicaba. Acedo decidió seguir adelante. No se trataba únicamente de representar unas obras breves, sino de introducir a los alumnos en el proceso creativo completo: estudiar el texto, preparar el personaje, ensayar, aprender a relacionarse con los compañeros y descubrir cómo cambia la interpretación cuando hay espectadores delante.
El proyecto se desarrollará de manera escalonada a lo largo del curso, alternando las intervenciones de los grupos juveniles y adultos. La primera propuesta será "Pide tres deseos", una comedia protagonizada por Leo Vadillo y Carlos Crouseilles, junto a la propia Alejandra Acedo. La historia comienza cuando los dos chicos juegan a la videoconsola y deben elegir entre tres objetos: un escudo, una espada y una botella. La discusión por decidir cuál escoger termina provocando una elección accidental y, con ella, la aparición de una genio atrapada en el recipiente. A partir de ese momento, los protagonistas tendrán que encontrar la manera de liberarla sin estropear el juego y evitar que termine de nuevo en manos de un ser maligno.
La pieza de microteatro "Pide tres deseos" cuenta con la dirección de Alejandra Acedo y el guion de María Zaragoza. Las representaciones están previstas para los días 26, 27 y 28 de noviembre, a partir de las 21.00 horas, en el Kursaal Lounge. Las entradas tendrán un precio de ocho euros y los asistentes podrán acompañar la función con una cena o una consumición. Más allá de la experiencia escénica, estas actuaciones tienen una finalidad formativa y económica muy concreta: los ingresos se destinarán íntegramente a Aula Escénica. Ni Acedo, ni los alumnos, ni quienes participan en las obras recibirán remuneración por este trabajo. El dinero servirá para crear un fondo que permita financiar futuras actividades y reducir el coste de oportunidades formativas que, de otro modo, podrían resultar difíciles de asumir.
A la directora le gustaría disponer de recursos para traer a Melilla a profesionales del cine, del teatro o de la dirección de casting que impartan clases magistrales. También contempla contratar a un fotógrafo para que cada alumno tenga las imágenes básicas de su book, con retratos de frente, primeros planos, perfiles y fotografías de cuerpo entero, materiales útiles a la hora de presentarse a un casting. A ello se suman las necesidades de vestuario, escenografía y producción de las futuras representaciones. El propósito es que la escuela cuente con un pequeño colchón económico para seguir creciendo y que sus alumnos puedan acceder a herramientas profesionales sin que el coste se convierta en una barrera para el alumnado. "Yo ese dinero no lo quiero para nada, yo ese dinero lo quiero para la escuela", afirma.
La programación continuará en enero con una pieza protagonizada por cinco alumnas adultas y en febrero volverá el turno de los jóvenes, antes de dar paso a otro grupo de adultas en abril. A final de curso, la intención es reunir a todos los alumnos juveniles y adultos en sus respectivas obras y preparar una muestra final de curso con el grupo infantil, también. Para esta última parte contará con la colaboración de Manu Arrarás, cuya experiencia con los niños considera especialmente valiosa. Acedo quiere que todos tengan la oportunidad de pasar por el escenario, aunque no coincidan en la misma representación. La participación no será, por tanto, una experiencia reservada a quienes intervengan en la primera función, sino un proceso que continuará a lo largo del curso y, si es necesario, después del verano.
La preparación de cada obra exige, además, un trabajo minucioso que comienza mucho antes de los ensayos. María Zaragoza organiza la escritura de los guiones con antelación para que los intérpretes dispongan de tiempo suficiente para estudiar. Acedo destaca su capacidad de trabajo y su rapidez, pese a una agenda en la que conviven las clases, la radio, las novelas, los cortometrajes y la escritura para otros productores y directores. A los alumnos les corresponde enfrentarse después a un proceso que puede resultar exigente, especialmente para quienes nunca han actuado o llevan décadas sin estudiar un texto. "El texto te lo tienes que saber como el padrenuestro", resume Acedo. De esta manera, cuando las palabras están completamente interiorizadas, puede el intérprete atender a la escucha del compañero, la concentración, la disponibilidad en escena y el objetivo que persigue su personaje.
Mientras impulsa Aula Escénica, Acedo mantiene en marcha otros proyectos que confirman la amplitud de su actividad. El 7 de noviembre está previsto el estreno de "Marypí", una obra infantil escrita por Juan Heredia en la que asume la dirección escénica y de actores. La pieza aborda la muerte, un asunto que el autor trabaja también en charlas escolares para fomentar que se hable de él abiertamente y con naturalidad. Acedo defiende esa aproximación sin dramatismos innecesarios: la muerte forma parte de la vida y también puede tratarse desde el teatro infantil.
La producción combina interpretación, canto, música en directo y expresión corporal, con la participación de alumnas de gimnasia rítmica. María Mendoza se ocupa de la dirección general, la producción, la escenografía, el vestuario y la preparación musical, mientras que Carlos Crouseilles asume la producción ejecutiva. La protagonista es Alma, alumna de ocho años de Acedo en el grupo infantil y también estudiante de canto con María Mendoza. Mabel Romero y Gonzalo Carmona interpretan a los padres y cantan en directo, mientras que Noe Mata da vida a la Mariposa. El cuerpo de baile y la parte de gimnasia rítmica completan una propuesta que reúne a artistas de la ciudad alrededor de la obra de un autor local. Para Acedo, trabajar con creadores melillenses y llevar sus textos a escena tiene un valor especial: permite que el escritor vea su obra interpretada por compañeros de su propia ciudad. Al finalizar la función está prevista, además, una firma de libros.
A finales de enero llegará otra cita, esta vez fuera de Melilla. La Cochera Cabaret ha contratado a la compañía para representar en Málaga Bondage, la primera de las tres obras que componen la trilogía escrita por Arantxa Mansilla. La autora ha ampliado el texto e incorporado un nuevo personaje, una revisión que, según Acedo, ha reforzado el carácter cómico de una obra que ya funcionaba con humor. Viajar con sus compañeras y compartir escenario en otra ciudad es una experiencia que sigue disfrutando, incluso después de haberse acostumbrado a desplazarse por motivos profesionales. También agradece que Mansilla cuente con ella para formar parte de su equipo y reconoce en la autora un talento especial para la comedia.
El teatro y el cine ocupan lugares distintos en su trayectoria, pero ninguno desplaza al otro. Acedo explica que el escenario exige vivir el momento, reaccionar ante lo inesperado y encontrar soluciones cuando algo no sale como estaba previsto. Su magia reside precisamente en esa experiencia irrepetible, compartida con el público. El trabajo audiovisual, en cambio, demanda contención y una atención diferente al lenguaje de la cámara, al sonido, al director y al resto del equipo. Una interrupción técnica puede romper la emoción de una escena y obligar al actor a recuperarla; en otras ocasiones, una interpretación no alcanza la intensidad que se había trabajado durante el proceso creativo. Son dificultades distintas que requieren recursos diferentes. "Los dos para mí son maravillosos", sostiene, convencida de que ambas disciplinas ofrecen posibilidades enriquecedoras.
Aunque ahora intenta centrarse más en el audiovisual, no contempla abandonar el teatro, al que considera la base de todo y el lugar donde comenzó su recorrido. Entre sus trabajos recientes figura el cortometraje Mi marido sale de trabajar a las 6, escrito por María Zaragoza y dirigido por Óscar Toribio, que se encuentra en distribución y participa en festivales. La selección en Almería, un certamen calificador para los premios Goya, es una de las noticias que vive con especial ilusión, junto con la presencia del cortometraje en otros festivales. El rodaje supuso un reto interpretativo importante por la complejidad interna del personaje y por las exigencias técnicas de un monólogo de tres o cuatro minutos realizado con la cámara situada a apenas diez centímetros de su rostro. Esa proximidad contribuía a generar la sensación de ansiedad y agobio que buscaba el director.
La experiencia dejó en ella el recuerdo de un equipo que la arropó durante un proceso difícil, pero también la esperanza de que el cortometraje alcance al mayor número posible de espectadores. La temática, centrada en la violencia de género, añade una dimensión que trasciende el trabajo interpretativo: para Acedo, cualquier oportunidad de dar visibilidad a la historia y contribuir a la concienciación es bienvenida.
En una profesión que exige estudiar, trabajar, establecer contactos, conocer a otros profesionales y mantenerse en movimiento, la formación nunca termina. Acedo lo sabe y continúa buscando experiencias que le permitan ampliar sus recursos, tanto delante de la cámara como sobre las tablas. Reconoce que hay días de agotamiento y que también necesita desconectar y disfrutar de vacaciones, porque la pasión no elimina el cansancio. Pero esas pausas no alteran el vínculo que mantiene con su trabajo. "Yo me levanto todos los días y hago mi trabajo y soy feliz", afirma. Su presente reúne proyectos propios, colaboraciones, nuevas responsabilidades y alumnos que empiezan a descubrir las posibilidades del teatro. Entre todos esos frentes, la misma convicción sostiene su recorrido: seguir creando, aprender de cada experiencia y transmitir a otros aquello que ha convertido en el centro de su vida.
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