El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha confirmado este pasado lunes que mantiene una interlocución directa con el ministro marroquí de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita, con el objetivo de resolver la situación de las aduanas comerciales de Ceuta y Melilla. El titular de Exteriores aseguró que “las aduanas no están cerradas definitivamente” y recalcó que la Operación Paso del Estrecho (OPE), que actualmente está en marcha, debe ser compatible con el funcionamiento del tráfico aduanero entre España y Marruecos.
Las declaraciones de Albares rompen el silencio institucional respecto al bloqueo de las aduanas, una cuestión que ha generado un creciente malestar en ambas ciudades autónomas. En el caso concreto de Melilla, el paso de mercancías a través de la frontera de Beni Enzar sigue sin normalizarse, afectando de lleno al tejido económico local y generando una sensación de incertidumbre entre la ciudadanía.
Es la primera vez que Albares responde a las preguntas de los periodistas acerca de este asunto desde que un empresario melillense recibiera la semana pasada la notificación del cierre. Exteriores español no ha hecho público el supuesto acuerdo que firmó el pasado enero cuando, tras tres años de negociaciones con Marruecos, se inició el funcionamiento bajo mínimos y a los dictados de Rabat de las aduanas comerciales de ambas ciudades autónomas.
Según ha destacado El Independiente, Albares se mostró confiado en que el diálogo bilateral permita avanzar hacia la recuperación de la operatividad en los pasos fronterizos. A su vez, Demócrata subraya que el ministro español ha planteado a su homólogo marroquí la necesidad de que la OPE no interfiera en el flujo comercial, señalando que ambos procesos pueden convivir si existe voluntad política y coordinación técnica.
El ministro señaló que se está trabajando “con discreción”, debido a la sensibilidad del asunto. “Todo lo que afecta a la frontera es muy delicado y debe tratarse con prudencia y responsabilidad”, explicó, sin ofrecer plazos ni detalles específicos sobre posibles acuerdos o avances en las negociaciones.
"Y lo que quedamos de acuerdo es que las aduanas de ambos países estén en contacto para intentar compatibilizar y compaginar ambas cosas. Y desde luego vamos a trabajar en esa dirección, pero en ningún caso las aduanas, como he leído erróneamente, y quiero pensar que no con mala fe, a aquellos que no les gusta y que quieren sabotear cualquier buena relación de España con Marruecos, que estén cerradas definitivamente".
La falta de concreción ha alimentado las críticas por parte de sectores empresariales de Melilla, que llevan meses denunciando la inactividad aduanera. Desde la reapertura parcial de la frontera tras la pandemia, los anuncios sobre el restablecimiento de las aduanas han sido continuos, pero no han ido acompañados de resultados tangibles. Las operaciones comerciales han sido escasas o simbólicas, y no han permitido recuperar la actividad previa al cierre decretado unilateralmente por Marruecos en agosto de 2018.
Tal como documentó El Faro de Melilla, el 1 de agosto de aquel año marcó el inicio de un bloqueo aduanero que, con distintas fases de intensidad, se ha prolongado hasta la actualidad. Marruecos cerró la aduana de Beni Enzar sin previo aviso, alegando motivos logísticos y estratégicos. Desde entonces, las relaciones comerciales entre ambas partes han estado condicionadas por factores diplomáticos, económicos y de seguridad.
Aunque en enero de 2023 se anunció una reapertura progresiva y controlada, las expectativas no se han cumplido. El tránsito de mercancías ha sido puntual, sin una operativa estable ni un calendario definido, lo que ha generado escepticismo entre los empresarios y ha forzado a muchos comercios a reorientar sus modelos de negocio o reducir sus actividades.
Actualmente, la población melillense sufre las consecuencias de esta situación. No solo se ve afectada la economía local, sino también las relaciones sociales y culturales con la vecina región de Nador, con la que Melilla mantiene históricos lazos humanos y familiares. La desconexión forzada alimenta un clima de frustración que se agrava con la falta de explicaciones por parte de las autoridades marroquíes.
En este contexto, las palabras de Albares se interpretan como un intento de tranquilizar los ánimos, aunque sin aclarar cuándo se resolverá el problema. La ciudadanía y los sectores productivos esperan hechos concretos que pongan fin a un bloqueo que lleva ya casi siete años condicionando la vida diaria en la ciudad.
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