Cultura y Tradiciones

La celebración familiar de la Pascua Grande: dos historias de El Poblado

Después del rezo colectivo, las calles de la comunidad se quedaron vacías

La comunidad musulmana vivió este lunes la festividad del Aid El Kebir. Después del rezo colectivo llegaba el momento del sacrificio del cordero. Mientras unos iban a las carpas con los animales, las calles de El Poblado estaban vacías.

Pocos niños y habitantes había en las calles. Una de las vecinas afirmó que no pudo celebrar la fiesta del Aid El Kebir porque no consiguió un borrego. Los bajos ingresos que tiene le imposibilitaron comprar uno.

“Como todos los años, yo me acuerdo que esto para los niños era una ilusión, que se veía como se mataba un cordero, los niños lo ven, lo disfrutan. Pero vengo de rezar y no hemos hecho nada”, afirmó.

Al entrar a su casa, la mesa estaba vacía, acababan de recoger la bandeja que tenían. “¿Esto es una fiesta? ¿Esto es una Pascua? Esto no es nada”, dijo molesta.

Afirmó que sus ingresos no le permitieron costearse un borrego que cuesta, señaló, 300 euros. Además, en su casa tiene tres personas que alimentar.

Señaló que en Marruecos, la persona escoge un borrego de acuerdo a la disponibilidad monetaria y son más económicos. Anhela como eran las fiestas hace unos años, en que las calles de El Poblado estaban llenas de niños y personas para celebrar la Pascua Grande.

“Yo estoy triste, la verdad. Espero que para el año que viene, que lo resuelva. Que lo hagan por las criaturas, que no es justo que pase esto”, dijo.

Por su parte, Mohamed viajó desde Alemania para pasar la fiesta del Aid El Kebir en familia. “Esto es muy importante, es como las navidades para ustedes”, dijo.

A las 7:00 de la mañana comenzó el día para Mohamed quien fue despertado por su madre. Después de escuchar la llamada a la oración, asistieron a la explanada junto a la Legión para el rezo colectivo.

Posteriormente, las familias se reúnen para realizar el sacrificio del cordero. Primero evalúan que tienen todas las herramientas necesarias, luego lo sacrifican para terminar con la limpieza del animal, “que esa es una de las partes más difíciles que hay y donde hay más discusiones”.

En la tarde, quedaba tomarse unos té, un par de pastas para volver a la rutina y al país en que reside, Alemania. Así terminaría en su casa la celebración de la Pascua Grande.

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