Hay enfermedades que no solo afectan al cuerpo, sino que ponen a prueba el alma de toda una familia. El Alzheimer es una de ellas. Pero en cada diagnóstico que parece cerrar puertas, también nacen historias de resistencia, de cuidado y de una solidaridad que convierte el dolor en propósito. En Melilla, la Asociación de Alzheimer se ha convertido en ese lugar donde las familias no caminan solas, donde cada día es una pequeña victoria contra el olvido. Y ahora, con una iniciativa pionera, invita a abuelos y nietos a correr juntos, demostrando que los lazos familiares pueden ser más fuertes que cualquier enfermedad.
La Asociación de Alzheimer de Melilla ha vivido una transformación notable en los últimos años. Tras una etapa difícil (en la que el apoyo institucional brillaba por su ausencia), el cambio de gobierno trajo consigo una nuevas esperanzas. Desde hace dos años, la colaboración estrecha con la Consejería de Políticas Sociales y Salud Pública, ha permitido que el centro retome su proyección de crecimiento, ampliando servicios y sumando más profesionales a su equipo.
Esta recuperación no es casualidad: es el fruto de la perseverancia de quienes entienden que, mientras no llegue la cura, cada gesto de cuidado cuenta. La asociación trabaja incansablemente para que todas las personas afectadas por el Alzheimer reciban la atención prioritaria que merecen en los servicios sociosanitarios públicos, elevando su calidad de vida a las mayores cotas posibles.
Este año, la Asociación presenta una iniciativa que emociona por su simbolismo: una carrera solidaria entre generaciones. Abuelos y nietos compartirán un recorrido que comenzará en la UNED, llegará hasta el Parque Hernández y regresará al punto de partida. Esta propuesta, pionera en la ciudad, busca tejer puentes entre generaciones, recordándonos que los lazos familiares pueden ser más fuertes que cualquier enfermedad.
Como explica María Dolores Arjonilla, presidenta de la asociación, esta conexión intergeneracional aporta beneficios múltiples para ambos grupos. Aunque los detalles aún se están puliendo, la esencia ya está clara: correr juntos hacia un futuro más esperanzador.
María Dolores Arjonilla lleva más de veinte años al frente de esta institución, y su compromiso se sustenta en tres pilares fundamentales. El primero es la investigación. Las jornadas de cuestación que organizan en diferentes momentos del año no solo sensibilizan a la ciudadanía, sino que recaudan fondos esenciales para continuar avanzando en la búsqueda de soluciones.
Este enfoque se alinea con iniciativas nacionales como el Pacto por el Recuerdo, firmado en marzo de 2025, donde sociedades científicas y representantes políticos, incluido el presidente del Senado Pedro Rollán, hicieron un llamamiento para adoptar medidas inmediatas en la lucha contra el Alzheimer, mejorando la vida de los afectados y sus familias.
El segundo pilar es la educación temprana. Arjonilla recorre centros educativos llevando un mensaje transformador: "Esto hay que empezar desde pequeño, que vayan aprendiendo, para cuando llegue el momento, que sepan que su abuelo no ha perdido la cabeza, que su abuelo tiene una enfermedad degenerativa".
Esta labor educativa no se limita a los más pequeños. También se extiende a los familiares adultos, a quienes se les proporciona información sobre la enfermedad y estrategias prácticas para afrontar el día a día como cuidadores. Porque, como bien sabe Arjonilla, "se trata de una enfermedad que destroza la familia si no está unida".
Una de las metáforas más poderosas que utiliza la presidenta es la del paraguas: "Cuando está lloviendo, si no lo abrimos y nos metemos todos, no nos tapa. La enfermedad de Alzheimer es así: es una familia que tiene que estar muy unida debajo del paraguas, porque si te sales, te mojas".
Esta filosofía se refleja en los protocolos que mantiene la asociación. Cada ingreso requiere informes médicos detallados, tanto del especialista como del médico de familia. No es burocracia fría, sino responsabilidad compartida: "Tenemos que tener completa seguridad de que ese enfermo tiene una patología que no sea contagiosa, que no le pueda perjudicar a los demás. Estamos jugando con 16 personas mayores con distintas patologías".
Arjonilla se permitirá solo quince días de vacaciones para recargar energías antes de emprender el nuevo curso. Porque en su agenda ya se perfilan nuevos proyectos, nuevas ilusiones y nuevas formas de demostrar que, ante el Alzheimer, la rendición no es una opción.
En cada historia de la Asociación de Alzheimer de Melilla late una verdad universal: que el amor, cuando se organiza y se convierte en acción colectiva, puede transformar el dolor en esperanza y la adversidad en oportunidad de crecimiento. Porque recordar es humano, pero cuidar es divino.
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