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Laura Casielles: viajar hacia la memoria colonial a través de preguntas

La escritora participa el 23 de octubre en el club de lectura melillense "Decolonizar desde la Lectura" para conversar sobre su obra escrita 'Arena en los ojos'

Por Alejandra Gutiérrez
19/10/2026 20:17 CEST
Laura Casielles: viajar hacia la memoria colonial a través de preguntas

Laura Casielles, periodista, escritora, poeta e investigadora. -Fotografía:Sara Campos Román y Javier Nadales-

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La literatura de viajes es el hilo narrativo que Laura Casielles ha elegido para acercarse a una historia que, durante mucho tiempo, apenas formó parte de su propio conocimiento: la colonización española de Marruecos y el Sáhara Occidental. En Arena en los ojos. Memoria y silencio de la colonización española de Marruecos y el Sáhara Occidental, el viaje no se limita al desplazamiento por un territorio. Es también una forma de aproximarse a lo desconocido, de seguir las preguntas que aparecen al mirar con más atención y de reconocer que aquello que una creía saber puede cambiar cuando empieza a indagar y escuchar otras voces. El libro reúne las experiencias, las investigaciones académicas, las crónicas periodísticas, las conversaciones y los hallazgos que han acompañado a Casielles durante cerca de quince años de investigación, pero conserva algo de la incertidumbre con la que comenzó el recorrido. "Aquí hay una laguna en lo que yo sé, hay algo que no me han contado", pensó cuando empezó a advertir que, detrás de algunas noticias que cubría como periodista, había una historia mucho más larga de lo que había imaginado.

El comienzo de ese camino se sitúa en 2010, cuando se instaló en Rabat para trabajar en la Agencia EFE. Su tarea consistía en informar sobre la actualidad de Marruecos y sobre las relaciones entre ambos países, pero el propio trabajo periodístico fue abriéndole preguntas que no podían resolverse atendiendo únicamente a los acontecimientos inmediatos. Algunas situaciones remitían a conflictos, decisiones y relaciones de poder que venían de mucho antes. El presente empezaba a mostrar las huellas de una historia que no siempre aparecía en los relatos con los que se explicaba la relación entre España y Marruecos. ¿Qué había ocurrido para que las cosas fueran así? ¿Qué parte de esa historia no conocía? ¿Qué faltaba en la manera de contarla?

La investigación nació, en buena medida, de esa distancia entre lo que tenía delante y lo que sabía sobre ello. No de una respuesta previa que hubiera que demostrar, sino de la necesidad de averiguar qué había detrás de una realidad que se le presentaba incompleta. La actualidad fue conduciéndola hacia el pasado; las preguntas del trabajo periodístico, hacia otras fuentes y otras formas de investigar. La llamada Primavera Árabe y las protestas de 2011 en el Sáhara Occidental, junto con la noticia de la muerte de un menor, forman parte de ese recorrido de acontecimientos que la llevaron a mirar más allá de la información inmediata. Después llegaron el doctorado, un documental y nuevos viajes. La investigación se fue ampliando durante años, hasta encontrar en Arena en los ojos una forma de reunir materiales, experiencias y reflexiones que procedían de caminos diferentes, aunque terminaran encontrándose en un mismo territorio de preguntas.

Elegir la literatura de viajes para contar esa investigación tenía que ver también con cómo quería compartirla. Casielles buscaba que el conocimiento saliera de los círculos académicos y pudiera llegar a lectores que no necesariamente se acercarían a un estudio histórico, sin que eso supusiera renunciar al rigor. La posibilidad de entretener, de despertar curiosidad o de encontrar una dimensión poética en el relato no estaba reñida con la investigación: formaba parte de la manera de acercarse a ella. Viajar ofrece, en ese sentido, una disposición particular. Una sale de sus espacios habituales, se encuentra con situaciones que no había previsto y presta atención a aquello que le llama la atención, aunque todavía no sepa explicar por qué. Mira, escucha, pregunta. A veces una conversación abre una vía que no estaba en los planes; otras, un detalle que parecía menor obliga a volver sobre algo que se daba por sabido.

En el libro, ese movimiento se extiende mucho más allá de un itinerario concreto. Hay viajes por Marruecos y el Sáhara Occidental, pero también desplazamientos entre épocas, documentos, relatos y experiencias. La historia no aparece como un bloque ya ordenado, dispuesto para ser explicado de principio a fin. Se va haciendo visible a través de fragmentos que la autora reúne y pone en relación: una escena, una conversación, un testimonio, un dato que permite regresar sobre una noticia o contemplar desde otro lugar un episodio conocido. El lector acompaña así, de algún modo, el proceso de descubrimiento, en vez de recibir únicamente sus conclusiones.

Esa forma de narrar tiene que ver con las distintas escrituras que conviven en Casielles. Poeta, periodista e investigadora, ha trabajado con lenguajes que responden a propósitos diferentes, aunque no necesariamente incompatibles. En Arena en los ojos decidió reunir el periodismo, la investigación histórica, el ensayo filosófico y la escritura poética. No buscaba que uno de esos registros se impusiera sobre los demás, sino encontrar una forma que le permitiera acercarse a un asunto complejo sin reducirlo a una exposición lineal. La autora ha explicado esa mezcla con una imagen muy cotidiana: "Agité la coctelera y a ver qué pasaba". La expresión contiene algo de la libertad con la que afrontó el reto, pero también de la búsqueda formal que exigía un material que no encontraba su lugar en un único género.

El resultado es un libro fragmentario, casi impresionista. Las escenas y las voces no se ordenan siempre para conducir hacia una tesis, sino que se van acumulando y dialogan entre sí. La lectura se parece, en ese sentido, a hojear un álbum de viaje: las fotografías no contienen todo lo que ha ocurrido, ni explican por sí solas cada lugar o cada encuentro, pero guardan impresiones que permiten reconstruir algo de la experiencia. Cada imagen es parcial. Su sentido aparece también por la relación con las demás y por aquello que quien las contempla puede reconocer, recordar o preguntarse. En Arena en los ojos, esa forma deja espacio para que las conexiones no estén siempre resueltas de antemano y para que el lector participe en el recorrido.

La poesía ocupa un lugar importante en esa búsqueda. No es únicamente una cuestión de estilo ni un recurso para hacer más amable una investigación histórica. En la escritura poética hay una manera de relacionar elementos que, desde una exposición puramente racional, podrían permanecer separados; de atender a una impresión antes de saber qué lugar ocupa; de dejar que una pregunta siga abierta mientras otras experiencias van modificando su sentido. La poesía puede acercar aspectos que no parecen conectados de inmediato y permitir que el lector establezca relaciones desde la intuición, la emoción o la curiosidad. No tiene por qué cerrar el significado de lo que cuenta. Puede, por el contrario, mantenerlo en movimiento.

"Es un libro en el que yo he intentado reflejar mi propio camino de preguntas en torno a este tema", explica Casielles. Esa idea ayuda a entender por qué el libro no adopta la forma de una explicación definitiva sobre el pasado colonial. Lo que comparte es una búsqueda que se ha prolongado durante años, con sus hallazgos y sus zonas todavía difíciles de comprender. La voz que narra no está situada fuera de la historia, en una posición desde la que pudiera abarcarla por completo. Es la voz de alguien que se ha acercado a ella, que ha tenido que revisar lo que sabía y que sigue encontrando motivos para volver a preguntar.

Las conversaciones son fundamentales en ese recorrido. Casielles cuestiona la figura del viajero solitario, tantas veces encarnada en el imaginario literario por un hombre que recorre el mundo y después escribe sobre lo que ha visto, como si la experiencia le perteneciera únicamente a él. Esa imagen deja en segundo plano todo lo que hace posible un viaje y que no siempre queda reflejado en el relato: las personas que reciben a quien llega, comparten sus conocimientos, orientan sus pasos o le ayudan a comprender aquello que, desde fuera, resulta difícil de interpretar. También los libros, las conversaciones y los vínculos que acompañan una investigación forman parte de ese proceso. "No pensamos solas, siempre pensamos en común", afirma.

La frase alcanza tanto a la investigación como a la escritura. Las ideas no aparecen aisladas, sino que se forman en contacto con otras voces y se transforman a medida que entran en relación con ellas. En un libro que trata sobre una historia atravesada por silencios, esa dimensión adquiere un significado particular. Escuchar no consiste solo en reunir testimonios que completen una narración, sino también en reconocer que la posición desde la que una pregunta puede ser distinta de la de quien ha vivido las consecuencias de aquello que se investiga. El viaje deja de ser una hazaña individual para aparecer como una experiencia hecha de encuentros, de ayudas y de conocimientos compartidos.

Esa conciencia lleva a Casielles a preguntarse por el lugar que ocupa como autora y como viajera. No todas las personas pueden desplazarse en las mismas condiciones, entrar en los mismos territorios o contar sus experiencias con la misma libertad. Tampoco todas las trayectorias reciben el mismo nombre cuando se convierten en relato. Su amiga Yasmina Aidi, de Tánger, creadora del pódcast La Guardia Mora, lo expresó con una frase que condensa esa desigualdad: "Si lo haces tú es literatura de viajes, si lo hago yo es literatura de migraciones". La diferencia entre ambas expresiones no está únicamente en el trayecto, sino en quién lo realiza y en las condiciones desde las que puede hacerlo. Para unas personas, desplazarse puede ser una experiencia elegida y narrada como viaje; para otras, el movimiento está marcado por las fronteras, las dificultades administrativas y la imposibilidad de regresar.

Casielles puede viajar a Marruecos sin visado y entrar en los territorios ocupados del Sáhara Occidental. Sus amigas saharauis refugiadas, en cambio, no cuentan con esa misma posibilidad. La comparación introduce una pregunta que atraviesa el libro: ¿qué significa viajar cuando el acceso a un lugar no está igualmente disponible para todos? ¿Qué parte de la experiencia queda fuera cuando quien escribe puede entrar y salir, mientras que otras personas viven las consecuencias de una historia que les impide volver a sus casas? La literatura de viajes deja entonces de ser solo una forma de contar lo que una ha visto. Se convierte también en una ocasión para observar los privilegios que hacen posible esa mirada y las diferencias que pueden quedar ocultas bajo una palabra aparentemente inocente.

Reconocer esa posición no significa que la autora pueda resolver todas las contradicciones que aparecen durante la investigación. Más bien la obliga a permanecer atenta a ellas. Las identidades y las trayectorias personales no siempre se ajustan a una división sencilla entre quienes ejercieron el poder y quienes lo padecieron. Una persona puede haber sufrido la represión franquista y proceder, al mismo tiempo, de una familia vinculada al ejército colonial. Alguien puede defender ideas transformadoras y reproducir, sin advertirlo, formas de mirar heredadas de una historia colonial. La memoria familiar puede contener experiencias muy diferentes, incluso difíciles de conciliar entre sí.

Casielles se acerca a esas contradicciones sin que reconocerlas suponga borrar las diferencias de poder ni repartir las responsabilidades por igual. La cuestión parece estar, precisamente, en aprender a mirar cómo se cruzan las historias: qué violencias se han sufrido, qué posiciones se han ocupado y qué herencias permanecen en la manera de entender el mundo. Las personas pueden ser depositarias de muchas heridas y, a la vez, formar parte de historias en las que también hubo privilegios, exclusiones o relaciones de dominio. Mirar esa complejidad requiere apartarse de los relatos demasiado cómodos, aquellos que permiten colocar a cada cual en un lugar fijo y dar por resuelto el pasado.

Desde ahí se entiende también la importancia que concede a incorporar la historia colonial a la memoria democrática española. La historia de Marruecos y del Sáhara Occidental no está separada de la historia peninsular, aunque a menudo se haya contado como si perteneciera a otro ámbito. La experiencia colonial ayuda a comprender el contexto de la Guerra Civil, incluido el papel de los cuarteles del protectorado, y permite volver sobre la transición democrática y el abandono del Sáhara Occidental a partir de 1975. No se trata de establecer una explicación única para procesos históricos complejos, sino de reconocer que hay conexiones que se vuelven difíciles de percibir cuando se estudian los acontecimientos por separado y que forman parte de la misma historia de España.

 

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La pregunta por la memoria conduce, además, a otra cuestión: qué ocurre con aquello que no se transmite. Cuando una historia no forma parte de lo que se enseña, se conversa o se incorpora al relato colectivo, las generaciones siguientes pueden crecer sin las herramientas necesarias para reconocer sus consecuencias. El silencio no permanece necesariamente como una ausencia visible; puede terminar convirtiéndose en desconocimiento, en algo que ya ni siquiera se sabe que falta. Por eso, para Casielles, conocer esa historia tiene que ver también con la posibilidad de hacerse cargo de ella. "Si nosotros no lo sabemos, no nos hacemos cargo y no lo transmitimos, ya está, el olvido funcionó", advierte.

Las consecuencias del pasado colonial, además, no se limitan a la memoria ni a la forma de narrar la historia. Casielles recuerda los efectos que las armas químicas utilizadas durante la colonización española siguen teniendo en comunidades del Rif y la situación de las personas saharauis que viven en los campamentos de refugiados de Tinduf, en Argelia. Son realidades distintas, pero ambas invitan a mirar más allá del episodio histórico y a preguntarse qué permanece en el presente. Hablar de reparación supone escuchar a quienes siguen viviendo esas consecuencias y preguntarse qué responsabilidades continúan pendientes. La memoria, en ese sentido, no se limita a recuperar lo ocurrido: abre preguntas sobre la relación entre ese pasado y el mundo que habitamos ahora.

Tampoco el libro queda cerrado una vez publicado. Desde que Arena en los ojos comenzó a circular en 2024, las presentaciones, los encuentros y los clubes de lectura han prolongado la investigación de otra manera. En cada conversación aparecen nuevas historias, perspectivas o detalles que la autora no conocía cuando escribió el libro. A veces sale de esos encuentros con una, dos o tres cosas que habría incluido de haberlas sabido antes. Esa experiencia parece encajar con la forma fragmentaria que eligió para narrar: el libro reúne lo que pudo conocer durante el proceso de escritura, pero no pretende contener todo lo que podría decirse. Lo que queda fuera no desaparece necesariamente; puede reaparecer en una conversación posterior, en otra lectura o en una experiencia que permita mirar de nuevo lo ya escrito.

Esta manera de entender la escritura enlaza también con su trayectoria poética. En Más adentro, Casielles trabaja con las vivencias íntimas, con lo que ocurre en las relaciones y con las preguntas que aparecen al intentar comprenderlas. En Arena en los ojos, se pregunta por la historia que comparte con otras personas y por los silencios que la atraviesan. No conviene confundir esos territorios, pero tampoco separarlos por completo: en ambos hay una atención a la experiencia y a sus contradicciones, a lo que se descubre al mirar más de cerca y a la dificultad de encontrar respuestas que lo expliquen todo. La escritura ofrece un espacio para acercarse a esas preguntas sin tener que resolverlas de una vez.

Su trayectoria reúne así la poesía, la colaboración habitual en medios de comunicación y la investigación académica. Cursó un máster en Estudios Árabes e Islámicos Contemporáneos por la Universidad Autónoma de Madrid y realizó la tesis El silencio y las voces. El rastro de la colonialidad española en las literaturas hispánicas de Marruecos y el Sáhara Occidental. Son caminos que han ido confluyendo a lo largo de los años y que en Arena en los ojos encuentran una forma de convivir. La investigación aporta documentos y contexto; el periodismo, la atención a los hechos y a las voces; la reflexión, preguntas sobre la memoria y el poder; la poesía, una manera de establecer conexiones y mantener abiertas ciertas zonas de incertidumbre.

El próximo 23 de octubre, a las 20.00 horas, Laura Casielles participará en el club de lectura Decolonizar desde la Lectura, en La Librería, para conversar sobre Arena en los ojos. Será una nueva parada en un recorrido que continúa después de la publicación, cada vez que una lectura o una conversación añade otra perspectiva a lo que el libro cuenta. Tal vez ahí resida una de las particularidades de esta forma de narrar: no presentar la historia como un territorio que se atraviesa una vez y queda explicado, sino como un lugar al que hay que volver, desde otras preguntas y escuchando otras voces.

Etiquetas: Arena en los ojos. Memoria y silencio de la colonización española de Marruecos y el Sáhara OccidentalClub de Lectura DecolonialLaura Casielles

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