En contexto diplomático delicado, con la soberanía y las relaciones con Marruecos como telón de fondo. En contra de lo declarado por Marlaska, se ha filtrado un informe policial que alertaba con anterioridad al Gobierno de que agentes marroquíes estaban organizando la invasión migratoria sobre Ceuta. En el 2007 cuando el Rey don Juan Carlos y doña Sofía visitaron Ceuta y Melilla hubo represalias. El Faro de Melilla entrevista a la experta en Casa Real Almudena Martínez-Fornés.
-La imagen internacional de Marruecos se ha deteriorado mucho…
-Mucho. Se ha deteriorado como consecuencia de la invasión de los días 30 y 31 de julio, y su margen de actuación diplomática es ahora mucho más reducido que en 2007. Marruecos ha quedado como un país poco fiable, un socio del que no te puedes fiar, y un país incapaz de ofrecer un futuro próspero a sus jóvenes y a sus niños, que, en cuanto ven una ranura en la puerta de salida, huyen en masa. Y su imagen se deterioró aún más cuando rechazaron los féretros de los marroquíes que murieron ahogados mientras trataban de alcanzar la frontera a nado. Al final, esos jóvenes tuvieron que ser enterrados en España y recibieron el tributo de los Reyes, porque ni su país ni su Rey quisieron saber nada de ellos, ni vivos ni muertos. Pero Marruecos es un país en el que España no puede confiar, y no hay que descartar que, transcurrido un tiempo, cuando menos lo sospechemos, intente perjudicar de nuevo a nuestro país. Si lo ha hecho una vez y no ha pedido perdón, lo puede volver a repetir. Por eso, es importante que el Estado esté preparado.
-Un viaje esperado, ansiado. Lo hemos visto recientemente en situaciones provocadas por catástrofes naturales: después del volcán de La Palma o de la Dana de Valencia. ¿Una de las funciones esenciales de la clave de bóveda de nuestro Estado consistiría en estar con los españoles en giras ordinarias y tesituras especiales?
-La Corona debe compartir con el pueblo sus alegrías y sus tragedias. Es así desde hace siglos. Cuando los Reyes acuden a consolar a unas víctimas (de catástrofes naturales, accidentes, atentados terroristas o pandemias), lo que están llevando a esas víctimas es el apoyo del resto de los españoles. Saber que tus compatriotas te apoyan en ese momento no te alivia el dolor, pero reconforta. Lo que los Reyes te están diciendo en ese momento es que no estás solo, que millones de españoles están pensando en ti.
-La Corona representa la unidad y permanencia del Estado y adquiere un significado particular cuando esa continuidad necesita hacerse visible. El Rey visita dos ciudades españolas y a los españoles que viven en ellas. ¿La naturalidad de ese gesto contiene toda su fuerza?
-En efecto, la forma más eficaz y rápida de hacer visible la españolidad de un territorio es que los Reyes paseen por sus calles, más aún si lo hacen aclamados por la multitud y entre banderas nacionales, como ha pasado estos días en Ceuta y Melilla. La verdad es que no hay ninguna ciudad española que pueda competir con Ceuta y Melilla en españolidad. Me consta que los Reyes están emocionados de la impresionante acogida que les dispensaron los vecinos de estas dos ciudades, al margen de sus credos. Quizá los melillenses estén acostumbrados, pero para el resto de los españoles ha sido muy emotivo ver a esos españoles musulmanes, a tantas mujeres cubiertas con pañuelos, recibir con tanto cariño a los Reyes de España.
-Melilla ha preparado a fondo la visita. La exposición de fotografías de la familia real y de facilitar la asistencia de los trabajadores públicos forman parte de las iniciativas planteadas ante la visita. Una la medida laboral pretende favorecer la presencia de los ciudadanos en las calles. ¿Cómo ha sido el ambiente en ese día histórico?
-Mi impresión es que tanto la visita a Melilla como la de Ceuta han sido impresionantes por el cariño con el que les ha recibido la gente. Yo he asistido a muchas visitas de los Reyes por España y el extranjero, y no hay nada comparable a lo que se vive en estas dos ciudades. También estuve en la visita de los Reyes Juan Carlos y Sofía a Melilla en 2007, y fue una visita inolvidable por la acogida y por las emociones. Además, creo que son visitas necesarias y que tienen un efecto muy positivo para todos, para Melilla, para España y para la Corona.
-Ceuta y Melilla, ciudades con una posición geográfica singular, una identidad propia y una realidad social marcada por su condición fronteriza. ¿La visita del Rey a Ceuta y Melilla constituye una afirmación necesaria de la soberanía española en un momento de especial?
-Sí, sin duda. En mi opinión, los Reyes deberían poder visitar Ceuta y Melilla periódicamente. No deberían pasar más de cinco años sin la presencia de la Corona, precisamente por la condición fronteriza de las dos ciudades. No obstante, de las palabras que pronunció el Rey en Melilla se deduce que su intención es volver con más frecuencia, normalizar la presencia de la Familia Real en estas ciudades españolas. El Gobierno de España, sea del color que sea, no debería ser un impedimento para que los Reyes visitaran Ceuta y Melilla con la misma frecuencia que el resto de las ciudades españolas. Hay que acabar con esa anomalía histórica de que dos ciudades españolas estén 20 años esperando a los Reyes.
-La presencia de la reina doña Letizia no es constitucionalmente imprescindible. Mostrar interés por la realidad local, puede tener tanto valor simbólico como un discurso formal. En este sentido, Doña Letizia (que es y seguirá siendo periodista aunque no ejerza) ...¿Puede ayudar a transmitir que ambas ciudades son lugares habitados, con necesidades cotidianas y una diversidad social que merece reconocimiento?
-La Reina complementa la labor del Rey. Con dos miembros de la Familia Real, la Corona llega a más gente que con uno solo. Habitualmente, cuando hay dos filas de público, ellos se las reparten y así saludan a más personas que si fuera uno solo. Pero, además, Doña Letizia es muy cálida y muy cercana con los niños y los jóvenes y también con algunos sectores de la sociedad que la ven más accesible que al Rey, aunque en realidad Don Felipe es igual de cercano. Y ella comunica muy bien por su formación de periodista. También pregunta a la gente, se interesa por sus problemas y capta rápidamente la realidad que viven, y no la que algunos políticos les pretenden enseñar. Aunque algunas personas consideran que la Reina acapara a veces demasiado protagonismo, el Rey la valora, escucha su criterio y le gusta que tenga ideas propias. Ellos trabajan en equipo. Aunque el Jefe del Estado es él, la Reina es su principal colaboradora. Cuando se casaron quedó muy claro que, además de un matrimonio y una familia, iban a trabajar en equipo. Por eso, el entonces Príncipe decía que ella reunía las condiciones para ser Reina en el futuro.
-Para Europa, Ceuta se erige en prueba tangible de cómo la inmigración irregular puede afectar no sólo a la gestión de fronteras, sino también a la seguridad y a la integridad territorial de un Estado miembro. El pasado 6 de octubre, durante la cena de gala de la visita de Estado en Finlandia, Felipe VI reiteró: "Españoles y finlandeses somos frontera exterior de la UE. No digo "fronteras" (en plural) sino "frontera". “Por eso debemos insistir en que la protección de nuestra frontera común compete a toda la Unión…” ¿Ceuta y Melilla, demasiado habituados a que su condición de frontera apantalle la sustancia de su pertenencia a la comunidad que constituye España?
-Y también en los dos discursos que ha pronunciado el Rey en Ceuta y en Melilla ha dejado claro que ambas ciudades son España y son Europa. Yo creo que cuando el Rey destaca que también son frontera de Europa, está enviando dos mensajes. El primero, a la Unión Europea y a la OTAN para que asuman su competencia. España tiene militares defendiendo los flancos norte y este de Europa, amenazados por Rusia, y el Rey confía en que las Fuerzas Armadas de otros países defiendan a España con la misma lealtad y determinación si fuera necesario hacerlo en algún momento. El segundo mensaje es a Marruecos. Por las circunstancias que sean, Marruecos le ha perdido el respeto a España, pero sabe que la Unión Europea podría tomar decisiones mucho menos favorables para ellos.
-Para España se trata de una vulneración que obliga a preguntarse por la solidez de una política demasiado confiada en la cooperación marroquí. ¿Qué opina al respecto?
-Yo creo que hay algo más que un exceso de confianza y espero que algún día conozcamos las razones por las que España empezó a ceder ante Marruecos, y Rabat empezó a vernos como a un país débil. Hasta 2019 los Reyes Felipe VI y Mohamed VI mantenían una buena relación, que se escenificó en el viaje de Estado que nuestros Reyes hicieron a Marruecos ese año. Yo estuve en ese viaje y vi que Mohamed VI se desvivió con gestos de aprecio a Don Felipe y Doña Letizia. Pero todo se estropeó en abril de 2021, cuando Pedro Sánchez autorizó el ingreso en secreto y con nombre falso del líder del Frente Polisario, Brahim Gali, en un hospital español. Aquel episodio dinamitó la buena relación bilateral que habían tejido cuidadosamente durante décadas los Reyes de España y de Marruecos. A partir de ese momento, Sánchez se convirtió en el interlocutor de Mohamed VI, que le sometió a todo tipo de humillaciones: le hizo viajar a Rabat con doce ministros para luego dejarle plantado y no recibirle, le sometió a exigencias inadmisibles como la cesión del Sáhara, le obligó a comparecer en público con un retrato del Rey de Marruecos detrás, le recibió con el escudo de la bandera de España al revés, ha tolerado avalanchas de inmigrantes a Ceuta y Melilla, y los pasados 30 y 31 de julio permitió que unas 80.000 personas invadieran Ceuta. Está claro que hay algo más que un exceso de confianza en Marruecos por parte de España, pero todavía no hemos conseguido saber qué es.
-“Conviene distinguir cooperación y soberanía. La soberanía es el título habilitante para actuar; la cooperación proporciona instrumentos para ejercer eficazmente el poder desde el Derecho: administrar la frontera buscando el mejor encaje de actuación soberana con la geografía y los intereses de ambos países. Confundir ambas conduce a una peligrosa rebajar la evidencia de que Ceuta y Melilla forman parte de España”, según Ana Palacio, especialista en Derecho Internacional. ¿Se podría decir que en este caso el Rey ha llegado dónde la política no ha sabido llegar?
-El Rey es neutral y no entra en política. En eso es sumamente escrupuloso. Pero a la vez la Constitución establece que “el Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia”. Y, cuando se ve amenazada la integridad territorial de España o su soberanía, se ve obligado a intervenir. Lo tuvo que hacer hace nueve años en Cataluña ante una amenaza interna, cuando los separatistas querían declarar ilegalmente la independencia de una parte de España, y lo ha vuelto a hacer ahora en Ceuta, ante una amenaza externa, tras la invasión de decenas de miles de inmigrantes marroquíes. Su mensaje ha sido muy claro: “Que Ceuta y Melilla son una parte irrenunciable de la realidad política y nacional que es España» y que «la soberanía y la integridad territorial de nuestro país no son negociables; son indiscutibles». El Rey no tiene intereses partidistas ni ataduras de ningún tipo. Solo se debe a España y a los españoles.






