Un remolcador de Salvamento Marítimo que trabaja en el mar de Alborán ha estado estos días atracado en el cargadero de mineral, junto al Puerto Deportivo Noray. Un buque de color naranja que, seguramente, habrá captado la atención de cientos de viandantes que no sabían que podían acercarse y hacer una visita guiada por su interior. El SAR Mastelero ha tenido dos jornadas de puertas abiertas, el viernes y sábado en horario de 10:00 a 14:00 horas.
Es una oportunidad única de conocer los entresijos de un buque que, en los últimos años, ha rescatado en el mar a más de 10.000 personas. Isabel Montes, subjefa del Centro de Coordinación de Salvamento de Almería, y Francisco Pérez, capitán del navío, explican a este periódico en qué consiste su labor diaria.
El barco, al estar asignado a la zona de Alborán, se mueve por los diferentes puertos de interés general en este espacio. En esta ocasión, Melilla ha sido su destino, ciudad por la que ya ha pasado con anterioridad. Las funciones del SAR Mastelero son muy variadas. Se encargan, principalmente, del salvamento en el mar, tanto a embarcaciones como a personas. Pero también dan asistencia y luchan contra la contaminación, protegen el medio marino y vigilan el entorno.
Señalan que, en las últimas fechas, todo ha sido muy tranquilo. “Es periódico, hay temporadas que son muy tranquilas y otras en las que hay bastante trabajo”. El buque fue inaugurado en el año 2011, y desde entonces, ha intervenido sobre todo en el mar de Alborán con incursiones a Murcia, Baleares o el Estrecho. “El barco tiene cierta edad y el recorrido ha sido por servicios de todo tipo”.
En estos quince años, el SAR Mastelero ha asistido a incontables embarcaciones averiadas, deportivas o de pesca entre otras. Ha cubierto incendios en el mar y en puerto. Ha rescatado vidas humanas en situaciones de lo más complicadas, con el agua brava y todo en su contra. Ha atendido casos de migración. Ha recuperado objetos “que pueden suponer un peligro para la navegación”. Por ejemplo, balizas o sistemas de señalización marítima que hayan quedado a la deriva.
Jornada de puertas abiertas
La finalidad de estas jornadas es dar a conocer el trabajo que realizan. “Al final, estamos al servicio de la ciudadanía y es interesante que conozcan los medios que tenemos y lo que hacemos”. Suele tener bastante popularidad en los distintos puertos a los que acuden. A la gente le mueve la curiosidad: “Realmente, no se presenta todos los días que una persona ajena a la mar pueda visitar una embarcación y menos un barco de estas características”, comenta Pérez.
No es que abra sus puertas todas las semanas, pero siempre despierta expectación entre el público. Según la afluencia, ajustan el tamaño de los grupos y el tiempo de duración de las visitas. Les enseñan la maquinaria con la que cuentan para remolcar embarcaciones en alta mar. Disponen de tres maquinillas de remolque, que es el nombre que reciben, dos en popa y una en proa. El barco está preparado para navegar en ambas direcciones en función de las circunstancias que se presenten.
Para el rescate, tienen un bote salvavidas con capacidad para diez personas. Cuentan con todas las medidas de protección necesarias para los marineros que efectúan las maniobras. Asimismo, el SAR Mastelero lleva incorporados cañones a cada extremo por si hubiese que apagar un incendio en la embarcación remolcada. Si el fuego se produce en su interior, hay mangueras y otros medios para garantizar la seguridad a bordo.
Pero lo que más capta la atención de los grupos es el puente de mando de este navío civil, en el que hay una vista 360 grados del exterior con sistemas para operar hacia la proa y la popa. Con las cartas de navegación sobre la mesa, la tecnología es de última generación, con comunicaciones por radio en onda corta, larga y satelital. Pueden comprobar datos como la situación en tiempo real del barco o la velocidad a la que navega.
Otra de las partes que sería interesante mostrar pero que por los accesos limitados no es posible, es la sala de máquinas. En resumen, este recorrido permite a los ciudadanos, en este caso a los melillenses, saber más sobre el barco y sus capacidades técnicas. “La gente suele estar satisfecha”. La tripulación permanece en el navío en periodos alternos de mes y mes. Un mes viven a bordo para que el tiempo de respuesta sea rápido ante cualquier incidencia.
“Tenemos que estar cerca de la embarcación porque es un servicio de rescate y hay que actuar inmediatamente”. Les resulta difícil recordar alguna operación en particular porque, como han resaltado, han efectuado todo tipo de servicios. Pero sí se quedan con algo: “El agradecimiento de una persona cuando ya considera, o ya ha dado por hecho, que va a morir y es rescatada”. El rescate de una única vida, aseguran, ya hace que todo el trabajo merezca la pena. Para ellos es rutina, y no por ello deja de ser “altamente gratificante”.








