España y Marruecos comparten en el peñón de Vélez de la Gomera, a unos 50 kilómetros al oeste de Alhucemas, una frontera terrestre de apenas 85 metros que vive con total normalidad la tensión entre ambos países tras la crisis migratoria de Ceuta, según EFE. Lo hace en vísperas de la visita de los reyes a Ceuta y Melilla, ciudad a la que llegarán el próximo miércoles 14, y en plena escalada de las reivindicaciones marroquíes sobre las plazas de soberanía.
Conocido en Marruecos como Badis, el peñón ocupa 19.000 metros cuadrados y alcanza unos 87 metros de altura. España está presente en él desde 1508, y el terremoto de 1930 lo unió a tierra firme, dando origen a este diminuto tramo fronterizo.
El límite apenas se aprecia: lo señala una cuerda tendida sobre el terreno. En el lado marroquí, varios militares vigilan desde garitas, mientras que en el español la bandera indica la entrada a las instalaciones. No hay paso fronterizo habilitado y el acceso a la zona militar española está restringido.
A pie de playa, la vida transcurre al margen de la política. Pescadores marroquíes reparan sus redes junto a un patinete de pedales con el nombre del FC Barcelona. “Los españoles están en el peñón, los vemos de vez en cuando, pero no hablan con nosotros”, relató uno de ellos a EFE.
El peñón forma parte de las plazas de soberanía españolas en el norte de África, junto con las islas Chafarinas, el peñón de Alhucemas y el islote de Perejil. A diferencia de Ceuta y Melilla, estos territorios solo acogen instalaciones militares. Marruecos los reclama y los considera restos de la etapa colonial.
Las Chafarinas, a tres kilómetros de la costa de Nador, albergan unidades militares con apoyo logístico de la Armada y helicópteros. Según EFE, el archipiélago ha reforzado su seguridad en las últimas semanas ante el aumento de los cruces irregulares de migrantes.
En la bahía de Alhucemas, solo el peñón, ocupado desde 1673, cuenta con guarnición española; los islotes de Tierra y Mar no la tienen. El valor de estos enclaves reside en su posición para vigilar zonas sensibles del Mediterráneo, sobre todo frente al narcotráfico y el tráfico de personas.
Las reivindicaciones de Rabat se han intensificado tras el cruce masivo e irregular de más de 80.000 personas a Ceuta, que desencadenó una crisis migratoria sin precedentes con al menos 140 fallecidos, según varias ONG.
Algunas voces en Marruecos sostienen que negociar la soberanía de islas y peñones, deshabitados, resultaría más factible. Es la postura del exembajador marroquí ante Naciones Unidas Khalil Haddaoui, partidario de priorizar el diálogo sobre estos enclaves.
En 2002, la ocupación del islote de Perejil por militares marroquíes abrió una grave crisis bilateral. Rabat lo justificó como parte de su lucha contra la inmigración irregular, Madrid respondió con una operación militar para desalojarlos y Estados Unidos medió para rebajar la tensión.
Con las rutas marítimas y la cooperación en seguridad como telón de fondo, estos pequeños territorios siguen siendo puntos sensibles entre Madrid y Rabat.








