El Faro de Melilla ha podido hablar con representantes del sector de los joyeros en Melilla, que lamentan que nada ha cambiado desde que este medio publicó la última información en el mes de abril sobre un asunto que les preocupa. En la noticia, explicaban que presentaron una petición hace ya más de dos años para igualar las condiciones fiscales de sus homólogos en Ceuta que nunca fue contestada.
Fue, más concretamente, el 20 de agosto de 2024. Alegaban que la situación comercial de la ciudad no estaba en su mejor momento y que eso afectaba a los negocios locales. Los motivos son diversos. Una realidad que comparten comerciantes de otros sectores, aunque no es lo mismo hablar de joyas que hablar de textil; habría que tener en cuenta las particularidades de cada actividad.
Entre esos motivos, se encuentra la subida del oro a unos niveles nunca antes vistos en el terreno internacional. Mencionaban, además, el panorama fronterizo desde la pandemia, que había bajado de forma considerable la afluencia de clientes procedentes de Marruecos. En otros momentos, este intercambio comercial entre ambos países fue fundamental para sostener los negocios.
Las limitaciones en el tránsito de mercancías con el régimen de viajeros, junto a los sucesos migratorios que se han repetido en las ciudades autónomas durante el verano, han sido un duro golpe para los pequeños y medianos empresarios. Sin las ventajas que tiene la Península en la conexión con otros territorios, los joyeros se ven casi “aislados”, y las ventas lo demuestran. En las últimas décadas, han caído en picado, al 50 %.
Volviendo a la queja, el gremio critica que la petición ni siquiera haya sido llevada al Pleno de la Asamblea. Después de dos años, no han recibido ninguna contestación. Reclaman la reducción del IPSI, el Impuesto sobre la Producción, los Servicios y la Importación, del 10 al 5 % como en Ceuta. En el año 2023, los joyeros caballas lanzaron esta propuesta al Gobierno, y en Melilla se quiso seguir el ejemplo para igualar las condiciones.
No es una cuestión de competencia, sino de partir de las mismas condiciones en dos ciudades que comparten mucho más que la situación geográfica. Son conscientes de que Ceuta les lleva años de ventaja, pero piensan que no es tarde para poner en marcha la medida. Recuerdan que son “hijos de Melilla” y que han dedicado su vida a generar empleo y riqueza en beneficio de la ciudad, pagando sus impuestos y prestando servicios al ciudadano.
Muchos van ya por la tercera generación familiar. No saben cuánto más podrán sobrevivir en una ciudad que no termina de recuperarse incluso con los esfuerzos que se están haciendo con tal fin. Afirman que el problema principal es que, al pagar el margen máximo que establece el IPSI en la ciudad, el producto final se encarece y las ventas terminan siendo más lentas.
Insisten en que no buscan hacerse más ricos, solo quieren que se ajuste la fiscalidad en un contexto especialmente complicado para su sector. Esta semana, Melilla afronta la llegada de varios cruceros. En el mes de abril, justo, se dio un escenario similar, y entonces los joyeros explicaron que las ventas no fueron significativas. Ven necesario hacer un cambio en el enfoque y en los planteamientos que se están llevando a cabo.
La petición lleva mucho tiempo en el Palacio de la Asamblea. Al principio, sabían que la respuesta podía tardar en llegar, pero no que no se produciría. Independientemente del resultado, piden ser escuchados, porque es lo mínimo que merecen. Opinan que la solicitud es “razonable” y ponen de manifiesto que, en décadas, es la primera vez que presentan una queja ante el Ayuntamiento.
Hasta ahora, los joyeros han tenido que reducir su inversión en mercancía, lo que se traduce en menos ventas y en un impacto menor en la economía local. “A nadie le vamos a robar nada, simplemente, queremos que el político se dé cuenta de que la situación no es la misma que antes y que se implique más”, expresaban en el mes de abril. Pero todavía están a tiempo de solventar el problema. Así lo creen los afectados.








