Las bandas militares también forman parte de la historia de Melilla. En 1909, mientras la ciudad vivía uno de los episodios más importantes de su historia reciente, estas agrupaciones estuvieron presentes en conciertos, actos y celebraciones. Su música ayudaba a mantener una cierta normalidad en una ciudad marcada por la campaña.
El musicólogo y profesor del IES Virgen de la Victoria Julio Francisco González Jiménez repasó este sábado el papel de estas formaciones en la conferencia ‘Presencia de las bandas de música militares en la campaña de Melilla de 1909’, organizada por la Asociación de Estudios Melillenses.
González Jiménez explicó que la investigación sobre las bandas de música se ha consolidado en los últimos años dentro de la musicología española. Sin embargo, considera que la Guerra del Rif ha quedado en un segundo plano cuando se analiza la música de aquel periodo, pese a que reunió numerosas formaciones alrededor de Melilla.
Su trabajo se centra especialmente en la campaña de 1909. A través de la prensa local, el investigador analiza los conciertos y actos en los que participaron las bandas, además de los repertorios que interpretaron. El objetivo es conocer cómo estas agrupaciones contribuyeron a la vida social y cultural de la ciudad.
Pero la música no solo sonaba en los actos públicos. Durante aquellos años también surgieron composiciones dedicadas al Ejército de África. Músicos militares y civiles escribieron pasodobles y marchas que, según el ponente, todavía forman parte del repertorio bandístico.
A comienzos del siglo XX, las músicas militares estaban reguladas por el Reglamento para la Organización de las Músicas y Charangas de los Cuerpos de Infantería y Regimientos de a Pie de las Demás Armas e Institutos, aprobado en 1875. La norma diferenciaba entre las bandas de música y las charangas, además de establecer sus plantillas y categorías.
En 1909, Melilla contaba con dos bandas militares en guarnición. Una pertenecía al Regimiento de Infantería Melilla número 59 y la otra al Regimiento de Infantería África número 68. Cada una estaba formada por un músico mayor y 25 músicos.
La figura del músico mayor tenía un papel fundamental. No solo dirigía la agrupación. También debía escribir composiciones, realizar transcripciones e instruir a los músicos.
El trabajo tampoco era sencillo. Los responsables de estas bandas se encontraban con problemas de integración en el Ejército, poco apoyo de algunos oficiales, dificultades para ensayar con toda la plantilla y limitaciones técnicas de los propios músicos.
Con el paso de los años, las bandas militares siguieron presentes en Melilla y terminaron formando parte del patrimonio musical de la ciudad. De hecho, no sería hasta mediados del siglo XX cuando la creación de la banda municipal ampliaría el panorama musical local.
Una historia en la que, entre marchas y pasodobles, la música también acompañó a Melilla en uno de sus momentos más convulsos.








