Cuando se pasea por García Cabrelles, en el Rastro, un martes o jueves cualquiera por la mañana, lo que se ve justo de frente es una larga fila de puestos a ambos lados de la calle. Los mercadillos son típicos en todas las ciudades del mundo. Suelen desplegarse en un espacio concreto, en una franja horaria determinada, y atraen a muchas personas que acuden para echar un vistazo o para hacer sus compras.
En los puestos hay desde ropa y complementos hasta manteles, telas y mobiliario para el hogar. Decenas de personas pasan por la calle que atraviesa el barrio, van solas o acompañadas, charlan con los comerciantes y finalmente se dirigen a casa cargando las bolsas de plástico. Las primeras impresiones indican que hay afluencia y movimiento de clientela, pero la realidad es que el mercadillo no está pasando por su mejor momento.
El verano suele ser una buena época para los comerciantes, al menos, los que están dados de alta como autónomos para la venta ambulante. Sin embargo, el traslado provisional del espacio a la plaza Rafael Fernández de Castro, frente al pabellón Javier Imbroda, ha podido influenciar negativamente a las ventas estivales de este año. El motivo del cambio fueron las obras que se estaban acometiendo en el barrio del Rastro.
El 25 de agosto volvieron a su localización habitual, que coincidió casi con el inicio del mes de septiembre, en el que las familias destinan sus gastos a material escolar entre otras necesidades, dejando a un lado las compras en el mercado ambulante. Perciben que hay público, pero señalan que “están hasta el cuello” y que necesitan un impulso mayor para poder sacar adelante los puestos.
Lo cierto es que tienen cierta desventaja con respecto a los vendedores de la Península, que pueden trasladar su mercancía y mostrarla en los distintos pueblos de las provincias. Pero las limitaciones geográficas de Melilla son una traba en este aspecto, y las peticiones van orientadas a aumentar los días de mercadillo en la ciudad autónoma, así como a ampliar las zonas en las que se mueven.
La mayoría prefiere la ubicación de García Cabrelles, pero no descartan volver al entorno del pabellón Javier Imbroda siempre que esto suponga un día más de trabajo: los sábados van al Real, martes y jueves al Rastro, y las jornadas que se negocien, a la plaza Rafael Fernández de Castro. Algunos tienen comentarios negativos sobre la concurrencia de clientela los sábados.
En la mañana del martes, se veían algunos turistas por el mercadillo. Es una de las tantas iniciativas comerciales que se desarrollan la ciudad, con la diferencia de que su acción no es puntual, sino que se repite semana tras semana. Los visitantes tenían familia en Melilla y sabían de la existencia del mercadillo. Por lo demás, había muchas vecinas, sobre todo, que cruzaban la calle, se paraban a ojear los puestos y quizá compraban algo.
En resumen, los autónomos del mercadillo exigen más facilidades a las autoridades competentes. Tienen a cargo a sus familias y admiten que es “pan para hoy y hambre para mañana”. Sienten que “están olvidados”, y creen justa la reivindicación de disponer de más días y zonas para el mercadillo. Pocos comerciantes tienen tienda física o negocio online, por lo que casi todos viven de lo que ganan estos tres días a la semana.
Lamentan que no les salen las cuentas con lo que pagan por la cuota de autónomos y el resto de costes en comparación a las ganancias que obtienen. De los casi dos meses en el Pabellón, sacan una conclusión en positivo: el perfil de cliente cambió, y cuando el personal de las oficinas cercanas se dio cuenta de su presencia, empezó a acudir al mercadillo con más frecuencia.
Defienden que revitalizan los barrios en los que se instalan, atrayendo a más clientes a los establecimientos comerciales. La situación actual con el país vecino, en especial con la frontera y el tránsito de mercancías en régimen de viajeros, es una clara limitación para el mercadillo melillense. Hace tiempo, cuando había más libertad de movimiento, las ventas eran mayores porque había muchos clientes procedentes de Marruecos.
Por lo tanto, los mercadillos son un lugar indiscutible para el encuentro y la convivencia entre vecinos, rotando por los barrios y dinamizando las calles. Y todo eso con unas pocas horas de actividad comercial a la semana.








