Para Esther Truzman, recorrer las juderías de España es mucho más que visitar lugares históricos. Es una forma de reencontrarse con una parte de su propia identidad y de mantener viva una memoria que, en muchos casos, permanece escondida entre calles, edificios y pequeños vestigios que han sobrevivido durante siglos. Esta melillense ha convertido ese interés en un proyecto de divulgación a través de las redes sociales, donde comparte sus recorridos por las antiguas juderías españolas y trata de acercar al público la historia de las comunidades sefardíes que habitaron la Península.
Su acercamiento a este patrimonio comenzó, según explica a El Faro de Melilla, a partir de un "despertar de conciencia" tras los acontecimientos del 7 de octubre y el aumento del antisemitismo que, asegura, están sufriendo los judíos en distintos lugares del mundo. Aquella situación la llevó a investigar más profundamente sobre su propia identidad y sobre sus antepasados judíos sefardíes.
En ese proceso tuvo también un papel importante un regalo de su padre: El Español Sefardí, un libro escrito en ladino que despertó todavía más su curiosidad por la cultura y la historia de sus antepasados.
"A partir de ahí ya empecé a buscar curiosidades en cuanto a la música, la cocina que cocinábamos los judíos sefardíes en la Edad Media y demás", explica.
Lo que inicialmente fue una búsqueda personal terminó convirtiéndose en un recorrido por algunas de las principales juderías españolas.
Un viaje para conectar con quienes vivieron allí
Truzman ha recorrido ya alrededor de una decena de juderías. Lo que comenzó como una investigación a través de libros y contenidos digitales terminó trasladándose a las carreteras. Al comprobar que no era lo mismo leer sobre estos lugares que caminar por ellos, decidió recorrerlos personalmente.
"No es lo mismo leer un libro o ver las juderías en redes sociales o por la página web de la Red de Juderías", señala. El contenido y la historia particular de cada una despertaron en ella la necesidad de conocerlas de cerca. Con su propio coche, comenzó a viajar sola para descubrir aquellos lugares que hasta entonces había conocido únicamente a través de documentos, fotografías o información histórica.
"Como tengo coche, decidí ir a recorrerlas yo sola", recuerda.
Cada recorrido le ha permitido acercarse a una realidad diferente, aunque hay una judería que recuerda de manera especialmente intensa: la de Béjar.
Allí, entre las calles de un municipio de pocos habitantes, encontró algunos vestigios que le permitieron sentir que el legado sefardí seguía presente. Entre ellos, las marcas de las mezuzas que fueron arrancadas de las puertas.
"Ahí fue donde más cosas sentí", explica. Para Truzman, aquellos pequeños rastros tienen un enorme significado. Por un lado, representan la huella de una comunidad que vivió allí hace siglos y, por otro, muestran que algunos elementos de aquel pasado han conseguido sobrevivir al paso del tiempo.
"Por un lado pensaba: qué bien que no han tocado esto. Se ha conservado durante más de 500 años ese legado sefardí, esos resquicios en el pueblo", recuerda.
Fue precisamente esa sensación la que hizo que la visita adquiriera para ella un significado especial. "Me hizo sentir que de alguna parte todavía el legado sefardí sigue vivo", afirma.
Los nombres detrás de las piedras
Cuando llega a una nueva judería, Esther no busca únicamente edificios, calles o elementos arquitectónicos. Su mirada se dirige especialmente hacia las personas que habitaron aquellos espacios.
"Cuando yo llego a una judería, lo que más me importa son las personas que vivieron allí, nuestros antepasados", señala.
Su interés está en conocer quiénes fueron los judíos que vivieron en esas localidades, cómo era su vida y qué papel desempeñaron en ellas.
"Sobre todo conecto con las personas que vivieron allí hace más de 500 años", explica. En algunos de sus recorridos ha conseguido incluso poner nombre y apellido a aquellos habitantes que durante siglos quedaron reducidos a una referencia dentro de la historia.
"De muchos de los pueblos he podido conseguir hasta nombre y apellido y profesiones de varias personas que vivieron en esos pueblos", cuenta.
Es precisamente esa dimensión humana la que convierte sus viajes en algo más que una ruta por el patrimonio. Para Truzman, caminar por una antigua judería significa establecer una conexión con personas que vivieron allí hace más de cinco siglos.
Las piedras, las puertas y las calles son importantes, pero adquieren otro significado cuando detrás de ellas aparecen las historias de quienes las habitaron.
Una parte de la historia que considera imprescindible
Uno de los objetivos que persigue a través de sus redes sociales es combatir el desconocimiento que, a su juicio, todavía existe sobre el patrimonio y la historia judía de España.
"Por supuesto que sí", responde cuando se le pregunta si considera que todavía existe un gran desconocimiento sobre esta parte de la historia.
Truzman considera que la historia de la Península suele explicarse desde las aportaciones cristianas y musulmanas, pero que no puede entenderse completamente sin tener en cuenta también la presencia judía.
"Es bastante más conocido tanto el legado cristiano y musulmán, aparte de que hoy en día sigue vigente", explica. Sin embargo, considera que "la historia en España no se entiende sin los musulmanes ni los cristianos, pero tampoco se entiende, obviamente, sin la historia judía".
"Fuimos muy importantes en la Península Ibérica", reivindica.
Para ella, las redes sociales se han convertido en una herramienta fundamental para recuperar esa parte de la memoria y hacerla accesible a un público amplio.
"Las redes sociales son ahora mismo un medio de divulgación en el que tiene acceso todo el mundo, es gratuito", destaca.
Su intención es aprovechar ese espacio para divulgar y despertar la curiosidad. "Creo que ha sido una buena manera de que la gente pueda aprender con mi contenido y aprender mucho más sobre historia judía y lo importante que fuimos los judíos en España", añade.
Volver a la judería de Melilla
Dentro de este recorrido por las juderías españolas ocupa un lugar especialmente importante la de su propia ciudad. Como melillense, poder divulgar la historia judía de Melilla representa para ella un motivo de orgullo y emoción.
"Para mí es un honor divulgar la historia judía de Melilla", asegura. Una historia que, además, interpreta como el regreso de los judíos a Sefarad.
"Fue el regreso de los judíos a Sefarad", destaca. "Para mí eso es un honor y me hace muy feliz".
Para redescubrirla, Truzman ha planteado un recorrido histórico y cronológico que comienza en Melilla la Vieja. El punto de partida es la sinagoga de los Salama, en 1866, como referencia de los primeros judíos que llegaron a la ciudad intramuros.
"Comencé desde lo más antiguo, que es la sinagoga de los Salama en el año 1866", explica.
Desde ese primer espacio, su recorrido continúa por las distintas zonas que fueron ocupando los miembros de la comunidad judía a medida que la ciudad fue creciendo.
"En Melilla la Vieja la judería estaba intramuros", recuerda. Después, los miembros de la comunidad fueron trasladándose a otras zonas de la ciudad. "Después ya fueron pasando a vivir al Mantelete, después a la zona centro y finalmente al Barrio Hebreo y demás", relata.
De esta manera, la historia de la comunidad queda ligada también a la propia evolución urbana de la ciudad. Las calles se convierten en una especie de mapa de la memoria, en el que cada desplazamiento refleja una etapa de la presencia judía en Melilla.
El papel desconocido de los judíos en el modernismo
Entre los aspectos de la herencia judía de Melilla que considera menos conocidos destaca uno relacionado directamente con la imagen arquitectónica que hoy identifica a la ciudad: el modernismo.
"Yo creo que el mecenato del modernismo de Melilla es uno de los grandes desconocidos", afirma.
Truzman considera que existe una importante contradicción entre el reconocimiento que recibe la arquitectura modernista melillense y el desconocimiento sobre algunas de las personas que impulsaron la construcción de esos edificios.
"Cuando paseamos por la avenida hablamos mucho de que Melilla es la segunda ciudad modernista más importante de España, incluso una de las más importantes dentro de Europa", explica.
Sin embargo, considera que falta poner el foco en quienes hicieron posible parte de ese patrimonio.
"En ningún momento nadie se ha parado a pensar que uno de los primeros impulsores en mandar a construir esos edificios, Enrique Nieto, fueron judíos", señala.
Para ella, conocer esta parte de la historia permite observar la arquitectura melillense desde una perspectiva diferente. Los edificios dejan de ser únicamente elementos del paisaje urbano para convertirse también en testimonios de la participación de la comunidad judía en el crecimiento y transformación de la ciudad.
Una memoria que sigue caminando
Los viajes de Esther Truzman por las juderías españolas parten de una búsqueda personal, pero han terminado adquiriendo una dimensión divulgativa. Cada viaje le permite descubrir nuevos nombres, historias y vestigios y, posteriormente, trasladarlos a las redes sociales para que otras personas puedan conocerlos.
Su recorrido también le ha permitido mirar de otra manera su propia ciudad. La Melilla que conocía se amplía cuando incorpora las huellas de quienes vivieron allí antes y contribuyeron a construir parte de su identidad.
En sus palabras se percibe una idea que atraviesa todo su proyecto: la historia no está únicamente en los libros. También permanece en las calles, en las puertas, en los edificios y, sobre todo, en las personas que alguna vez estuvieron allí.








