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Sabah: “Siento que esto es lo que me ha dado Dios y que tengo que seguir luchándolo”

La joven artista acaba de lanzar su nuevo EP ‘Volver a ser / نرجع نكون’, que refleja el viaje de cada verano por mar hacia su ciudad natal, Melilla

por Alba Castilla
20/07/2026 14:15 CEST
Sabah: “Siento que esto es lo que me ha dado Dios y que tengo que seguir luchándolo”

Sabah, una auténtica revolución para el género del pop (cedida)


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Con tan solo 22 años, Sabah es una de las voces femeninas del pop actual que tiene la capacidad de revolucionar la industria. No recibió formación musical alguna y su historia habla de sentimientos, de elegir caminos de vida inesperados, de romper las expectativas de los demás. De un cambio de elección que es, seguramente, el más acertado. La cantante estudió el Bachillerato Artístico en la jiennense Escuela de Arte José Nogué. Melilla la vio nacer, Jaén la acompañó y, ahora, ha escogido la ciudad de la Alhambra para crecer como artista. Su música recibe influencias árabes y marroquíes que cautivan a sus casi 68.000 oyentes mensuales en Spotify. El 1 de julio sacó su segundo EP ‘Volver a ser / نرجع نكون’, con cinco canciones que vuelven a salirse del molde en el mejor sentido de la expresión y que reflejan el regreso a su ciudad natal, Melilla, cada verano en barco cuando era niña. Sus letras tienen también una función reivindicativa: luchar contra el concepto de “hchouma”, que en el dialecto árabe marroquí se traduce como vergüenza o deshonra. Porque no hay nada de malo en dedicarse a lo que uno realmente ama. 

-¿Cuál es el origen de todo?

-La verdad es que es una historia que ya tengo súper anclada a mí y que recuerdo todos los días, y es que yo empecé muy chiquitita, sin quererlo ni buscarlo. Desde siempre he sido muy curiosa con todo lo que giraba en torno al arte. Mis padres son muy conservadores, muy tradicionales, y siempre he sido una niña muy de casa. Entonces tenía demasiado tiempo libre. Y fíjate que empecé antes a dibujar que a cantar, y te digo lo de dibujar porque luego como que me va acompañando a lo largo del camino hasta llegar a decidir dedicarme a la música.

Desde muy pequeña empecé a tener muchísima ansiedad, sobre todo a los nueve años, cuando uno no es consciente, no es capaz de identificar con certeza qué es lo que está sintiendo. Simplemente sabía que estaba muy acelerada, que estaba todo el rato muy nerviosa. Supongo que era también por la necesidad de tener que estar cumpliendo con el papel de “quiero ser la hija perfecta”: quiero ser la hija que saca buenas notas, la hija que encaja, que es lo que mi familia tiene un poco como programado para mí. Bueno, ser una niña de casa, sacarme mis estudios, opositar, tener mi plaza, formar una familia, nada que se saliese de ahí.

-¿En qué momento aparece la música?

-En mi casa no se escuchaba nada de música, pero mi padre, como feriante, de vez en cuando traía discos. Pues una vez que mis padres estaban fuera, encontré un CD de Canelita. Y lo puse. Yo estaba flipando, diciendo, “¿esto qué es?”. También había mucha música en el colegio. Todo eso hasta que llegó un día en que una amiga mía empezó a enseñarme canciones de Adele, de Sia. Me pasó una cosa, y fue que conecté mucho con esas canciones, aun sin saber de qué hablaban. Así acabé aprendiendo inglés.

Una vez cogí, me fui a la habitación más escondida de mi casa y me puse un karaoke pensando que mis padres no se enterasen de que estaba cantando, porque son muy cerrados. Al cantar sentí muchísimo alivio, pero muchísimo, muchísimo. Empecé a cantar escondida en mi casa, cuando no había nadie. La verdad es que encontré una forma de sacar un poquillo todo eso fuera.

-¿Qué influencia tienen Melilla, Granada y Jaén en tus letras?

-Melilla es súper importante porque al final es mi ciudad de origen. Para mí la familia a lo largo del tiempo se ha ido convirtiendo en un pilar fundamental, sobre todo en las letras que escribo. Es mi primera inspiración, mis padres, mi familia, porque ha sido un proceso muy complicado el decidir cuál quería que fuera mi camino. Me he tenido que enfrentar a ellos, a muchas críticas, tenía muchísima ansiedad por el simple hecho de marcar el límite y decir, “pues yo me quiero dedicar a esto, no tiene absolutamente nada de malo, si a vosotros no os gusta, pues ya está”.

Siento que he estado toda mi vida poniéndome en segundo plano solo para agradar a mi familia. Hay una frase que siempre vive conmigo y es que hasta en lo malo habita lo bueno. Eso se ha ido afianzando en mí a la hora de ver con perspectiva las cosas. Yo agradezco muchísimo la familia en la que he nacido porque siento que me han inculcado unos valores preciosos a pesar de que, luego, a lo mejor, con otros temas sean cerrados. Todo el rato, en mi música, hablo desde una nostalgia que va un poco entre lo amargo y lo emotivo de todo lo que he vivido.

-¿Cómo ha evolucionado este asunto?

-La música me ha ayudado a canalizarlo todo, a tener muchísimas conversaciones conmigo misma y a identificar todo el rato qué es lo que estoy sintiendo. Pero sí que es verdad que no es tanta la ansiedad que siento a día de hoy, sino más culpa por pensar que he decepcionado a mis padres, por no haber seguido lo que ellos querían para mí. A día de hoy me hablo con toda mi familia, yo los quiero muchísimo. A mis padres les cuesta un poco más sobrellevarlo y decidí alejarme de toda esa parte de mi familia que no supiera respetar mis límites y que se sintiera con el poder de decirme lo mal que lo estoy haciendo con mis padres. 

-¿En qué género te mueves mejor?

-A nivel de sonido te diría que es un pop que se abre a descubrir nuevos horizontes y sobre todo que se afianza mucho como a lo original. El intentar todo el rato que mis raíces estén presentes en esa música que estoy haciendo. Siento que, de repente, todo el mundo intenta encasillar su música en otros géneros y que el pop ha caído un poco en ese sentido. Pero luego me paro a pensar que yo lo que estoy haciendo es otra cosa, que tengo influencias marroquíes, influencias árabes. Sí que es verdad que en estos dos últimos proyectos lo he tratado a lo mejor de manera más minimalista; el objetivo era que los dos mundos conviviesen y que no fuese forzado, sino que se sintiese como algo muy natural. Como algo que existe ya.

-¿Cuál es tu proyección como artista?

-Hablándote de manera sincera, siento que hay dos puntos de vista ahora mismo que viven en mí. Te mentiría si no te dijese que dudo todos los días de simplemente pararlo todo y dejarlo de lado para hacer feliz a mis padres. Pero, por otro lado, como que hay una inquietud en mí que es muy difícil de apagar. Porque al final siento que esto es lo que me ha dado la vida, que esto es lo que me ha dado Dios y que de alguna manera tengo que seguir luchándolo.

Ahora, sinceramente, estoy muy agradecida, tengo un equipo maravilloso, un equipo increíble. Son los mismos que llevan estos tres últimos años trabajando la carrera de Dellafuente. También son personas muy ambiciosas, son personas que le tienen muchísimo cariño al proyecto. Entonces, de aquí a cinco años, me encantaría poder decirte que, no sé, lo que proyecto y lo que espero no es algo tan ambicioso. Más bien, el pensar y decir “ojalá que la vida lo ponga todo en orden y que Dios simplemente me dé felicidad, me dé muchísima paz”. Y que pueda de alguna manera llegar a vivir de esto y disfrutarlo.

Y, sobre todo, que nunca se me olvide cuál es el objetivo por el que hago música. Que al final no es por números o por llegar a algún lado en concreto, sino por ser de alguna manera un canal, ¿no? Un canal a través del cual envío mensajes a todas las personas que viven una situación similar y que esas personas no se sientan solas. Que no se sientan como esa Sabah de quince años que estaba en casa dudando de si algún día iba a poder ser ella misma, esa Sabah que se sentía culpable por querer otro camino que no fuera el que su familia tuviese preparado para ella.

Nuevo EP - YouTube 

Sabah en Spotify

Instagram @sabahkdo

Tags: artistaMúsicaSabah

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