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Un paisaje cubista entre viñedos y mareas gallegas

El ilustrador melillense Salah Mezian lleva su universo de geometrías, color pastel y oficio artesanal hasta la XXV Bienal Internacional de Cartelismo Terras Gauda

por Alejandra Gutiérrez
12/07/2026 13:33 CEST
Un paisaje cubista entre viñedos y mareas gallegas

Salah Mezian y el cartel presentado en XXV Bienal Internacional de Cartelismo Terras Gauda – Concurso Francisco Mantecón. -Cedida por Mezian-


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La primera sensación que transmite Salah Mezian cuando habla de arte es la de alguien que no ha dejado de insistir. Su discurso está lleno de verbos en presente: crear, aprender, probar, presentarse, seguir. No hay épica en sus palabras, sino la convicción serena de quien entiende que el camino de un ilustrador se construye a base de trabajo y de oportunidades buscadas. Por eso, cada vez que aparece una convocatoria interesante, la estudia, se documenta y, si cree que puede aportar algo, se presenta. Así fue como su nombre terminó formando parte de la XXV Bienal Internacional de Cartelismo Terras Gauda – Concurso Francisco Mantecón, uno de los certámenes de diseño gráfico más prestigiosos del panorama internacional.

La edición de 2026 no era una convocatoria cualquiera. La Bienal celebraba un cuarto de siglo de trayectoria consolidada como una de las grandes referencias del cartelismo contemporáneo. En estos veinticinco años, más de 23.300 obras procedentes de 107 países han participado en un certamen que nació en 2001 impulsado por José María Fonseca Moretón, presidente del Grupo Terras Gauda, con un objetivo de reivindicar el cartel como una de las formas de comunicación visual más universales y, al mismo tiempo, convertir el diseño gráfico en un espacio de encuentro entre artistas de todo el mundo.

La respuesta internacional en esta edición volvió a confirmar la dimensión de la iniciativa. Un total de 2.120 obras llegadas desde 83 países de los cinco continentes concurrieron a un concurso en el que conviven jóvenes talentos, estudios de diseño de prestigio y autores con una larga trayectoria profesional. La Bienal Terras Gauda posee, además, una característica que la hace prácticamente única en el mundo: es el único certamen de cartelismo que exhibe todas las obras presentadas, creando un inmenso mosaico creativo en el que cada propuesta, independientemente de su procedencia o de su recorrido, encuentra un espacio para ser contemplada.

En medio de esa gigantesca galería internacional apareció también la propuesta del melillense Salah Mezian. Su cartel, realizado en acrílicos, destacaba por algo que quienes siguen su trabajo reconocen de inmediato: una personalidad artística muy definida. La ilustración, el cubismo, la geometría, los tonos pastel y el trabajo manual se han convertido con los años en una especie de firma visual que le acompaña en cada proyecto. "Soy un artesano de la antigua escuela", explica el ilustrador. "Todo está pintado a mano. El ordenador lo utilizo prácticamente para incorporar el texto y hacer los últimos ajustes", sostiene.

Inspiración y obra final. -Cedidas por Mezian-

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Mezian participa por primera vez en la Bienal, consecuencia lógica de una manera de entender la creación. Desde hace años, el artista ha encontrado en los concursos un espacio en el que poner a prueba su trabajo y, al mismo tiempo, una vía para darlo a conocer más allá de las fronteras de Melilla. Ha sido finalista en diferentes convocatorias y ha recibido reconocimientos en certámenes de ilustración, experiencias que le han permitido comprobar que la perseverancia también tiene recompensa. "La mejor manera de darse a conocer en este mundo es presentándose a concursos", asegura. "El objetivo de cualquier artista es que su obra se vea, se valore y, por qué no, ganar premios".

Sin embargo, la Bienal Terras Gauda tenía un significado especial. Bastó con conocer la composición del jurado para entender que se encontraba ante una de las grandes citas del cartelismo internacional. La edición de 2026 estuvo presidida por José María Fonseca Moretón y reunió a algunas de las figuras más relevantes del diseño y la cultura, entre ellas Emilio Gil, Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes; el diseñador e ilustrador Pep Carrió; Dominik Jakubowski, ganador de la edición anterior; Antón Fonseca Fernández, CEO del Grupo Terras Gauda; Iago Becerra, director general de la compañía; Carlos Botana, presidente de la Autoridad Portuaria de Vigo; Xosé Manuel Merelles, director de Turismo de Galicia; Anxo Lorenzo, director xeral de Cultura; Pilar Barreiro Mosquera, viuda de Francisco Mantecón; y Paulino Novo Folgueira, secretario del jurado.

Ante esa composición del jurado y con miles de carteles procedentes de todo el mundo, el artista melillense tuvo claro desde el principio que su única opción era encontrar una idea diferente. "Sabía que tenía que hacer algo distinto, porque si hacía un cartel parecido a los demás iba a pasar desapercibido", recuerda mientras explica el tiempo que dedicó a observar las propuestas presentadas al certamen en años anteriores.

La primera fase de su trabajo fue la documentación. Durante varios días recopiló información sobre la cultura del vino, la tierra gallega, los viñedos y la propia historia de Terras Gauda. En medio de esa búsqueda aparecieron diversas imágenes que acabarían convirtiéndose en el eje de toda la composición: las fotografías de José María Fonseca Moretón. "Me llamó mucho la atención su forma de vestir, siempre con camisa blanca y pajarita. Pensé que era una imagen muy reconocible y que podía funcionar dentro del cartel", explica.

A partir de ahí comenzó la construcción de la obra. La figura del presidente se transformó en el elemento central de una composición cubista en la que también aparecen los viñedos, el mar y la propia identidad paisajística de Galicia, junto al característico vino. Las líneas geométricas sugieren los campos de cultivo a través del uso del compás; los azules remiten al Atlántico y a la bandera gallega; los tonos ocres evocan la tierra y los matices del vino. Cada elemento recoge una simbología a destacar. "Hablar de Galicia y no hablar de sus viñedos o de su costa era imposible", explica.

El resultado es un cartel construido desde la síntesis y el equilibrio, donde nada parece estar colocado al azar. Cada forma, cada sombra y cada color responden a una intención concreta. "No quería sobrecargar la imagen", señala. "Mi intención era crear algo muy visual, muy esquemático, que se entendiera de un vistazo".

Esa capacidad de condensar un mensaje en una sola imagen integrando diferentes elementos es precisamente una de las grandes virtudes del cartelismo. En un mundo saturado de estímulos visuales, el cartel continúa siendo una herramienta extraordinaria de comunicación, capaz de detener al espectador durante unos segundos y obligarle a mirar.  En este sentido, Mezian mantiene intacta la finalidad a la hora de crear una pieza gráfica: "El objetivo principal de un cartel es llamar la atención. Si una persona se para delante de él y quiere saber de qué trata, entonces es un buen cartel", asegura.

Por eso reivindica con especial énfasis el trabajo artesanal en un momento en el que la inteligencia artificial se abre paso en los procesos creativos. "La diferencia se nota. Cuando un cartel está hecho por un ilustrador o un diseñador gráfico hay detrás un trabajo, un esfuerzo y una sensibilidad que terminan percibiéndose".

La sorpresa llegó semanas después, cuando la organización hizo pública la exposición virtual de la Bienal. Mezian comenzó a recorrer la galería digital en busca de su cartel, pero no conseguía encontrarlo. Pensó que se había producido un error y decidió llamar a la organización. La respuesta le dejó sin palabras. Su obra no solo estaba expuesta, sino que se había quedado a las puertas de ser finalista en un certamen que, asegura, estuvo marcado por la calidad de las obras. Entre más de dos mil propuestas llegadas de todo el mundo, el cartel del artista melillense había logrado situarse. "Me dio rabia porque estaba muy cerca, pero también un orgullo enorme", reconoce.

Y quizá ahí reside el verdadero significado de esta experiencia. El primer premio, dotado con 10.000 euros, recayó finalmente en el taiwanés Hung Chang Lin, mientras que el certamen concedió además dos accésits y una mención especial de 2.000 euros. Sin embargo, para un creador que lleva años trabajando desde la constancia, saber que su lenguaje artístico ha logrado destacar en uno de los escenarios más exigentes del diseño gráfico internacional supone también una forma de reconocimiento.

Porque la historia de Salah Mezian en la Bienal Terras Gauda es la historia de alguien que continúa creyendo en el poder de las imágenes, en el trabajo paciente y en la necesidad de seguir creando. Por las mañanas desarrolla su actividad profesional y por las tardes regresa al estudio, a los pinceles y al dibujo, convencido de que cada nueva obra puede abrir una puerta inesperada.

Tags: carteleríaSalah MezianXXV Bienal Internacional de Cartelismo Terras Gauda – Concurso Francisco Mantecón

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