La doctora María Teresa Sagrario, oftalmóloga de referencia en Melilla, alerta de los efectos que el uso prolongado de pantallas puede tener en la salud visual de los niños. Las horas excesivas frente a móviles o táblets, la visión cercana y la reducción del tiempo al aire libre explican que cada vez haya más población infantil con miopía o con molestias visuales.
La profesional explica que uno de los principales problemas tiene que ver con la acomodación, es decir, con la capacidad del ojo para enfocar correctamente a distintas distancias. Cuando los menores pasan demasiado tiempo mirando de cerca, puede aparecer dificultad para reenfocar de lejos después del uso continuado de pantallas. En estos casos, el músculo encargado de la acomodación puede no responder de forma adecuada y provocar lo que se conoce como espasmo acomodativo.
Este fenómeno puede generar una pseudomiopía asociada al uso excesivo de pantallas. La especialista apunta que se trata de una situación que antes no se observaba con la misma frecuencia, debido a que la exposición actual a dispositivos digitales no existía en la misma medida. En este contexto, el incremento de horas frente a pantallas y la disminución de actividades en exteriores aparecen como factores relevantes en el aumento de problemas visuales en niños.
Otro de los cuadros descritos por Sagrario es la fatiga visual digital, también conocida como Síndrome de Pantallas de Visualización. Esta alteración puede manifestarse con ojos secos o irritados, lagrimeo, dolor de cabeza, visión borrosa temporal y sensación de cansancio ocular. Estos síntomas están relacionados, entre otros motivos, con la reducción del parpadeo durante el uso de pantallas, ya que al mantener la atención en el dispositivo se parpadea menos.
El parpadeo cumple una función esencial para mantener la superficie ocular lubricada. Cuando disminuye, el ojo puede secarse e irritarse con mayor facilidad. A ello se suma el esfuerzo continuado de enfoque, que puede contribuir a la aparición de dolor de cabeza y molestias visuales, en especial si el uso de pantallas se prolonga durante mucho tiempo o se realiza en condiciones inadecuadas.
La doctora también señala una serie de signos que pueden servir de alerta a las familias. Entre ellos se encuentran que el niño se acerque demasiado a las pantallas, entrecierre los ojos, se los frote con frecuencia, parpadee mucho o se queje de dolores de cabeza. También puede ser relevante una bajada del rendimiento escolar, ya que algunas dificultades visuales no detectadas pueden interferir en la actividad diaria del menor.
Sagrario recuerda que algunas de estas alteraciones pueden mejorar si se reduce o elimina el uso excesivo de pantallas, aunque en determinados casos el problema puede derivar en la necesidad de utilizar gafas. Por ello, insiste en la importancia de consultar con un oftalmólogo ante la aparición de síntomas o señales de alarma, más aún si existen antecedentes familiares de problemas visuales importantes.
Entre las recomendaciones prácticas que ofrece figura la regla 20-20-20, especialmente útil para quienes pasan mucho tiempo frente a pantallas. Consiste en mirar cada 20 minutos durante 20 segundos a una distancia de 20 pies, equivalente aproximadamente a seis metros. El objetivo es relajar el enfoque y reducir la fatiga visual.
La doctora resalta que es importante priorizar el tiempo al aire libre y la exposición a la luz natural. Además, subraya la importancia de mantener una adecuada ergonomía durante el estudio o el trabajo. La distancia con un libro o una táblet debería situarse en torno a los 35 o 40 centímetros, mientras que la pantalla de un ordenador debería colocarse aproximadamente a unos 50 o 70 centímetros. También se recomienda evitar el uso del móvil demasiado cerca de la cara, sobre todo en la cama.
Otra de las pautas destacadas es evitar las pantallas antes de dormir. La especialista aconseja suspender su uso al menos una o dos horas antes de acostarse y no utilizarlas en habitaciones completamente oscuras. La iluminación adecuada también forma parte de las medidas preventivas para reducir el esfuerzo visual.
Sagrario señala, además, las limitaciones por edad incluidas en publicaciones de organismos como la Academia Americana de Pediatría (AAP) y la Organización Mundial de la Salud (OMS). En menores de dos años, lo ideal es evitar las pantallas, salvo alguna videollamada excepcional. Entre los dos y los cinco años, el tiempo máximo aconsejado es de una hora al día. A partir de los cinco años, se plantea establecer límites razonables y supervisados.
La oftalmóloga recalca la importancia de acudir a revisión si aparecen algunos de estos síntomas. También advierte de que algunas alteraciones como el ojo vago o el estrabismo pueden pasar desapercibidas y requieren detección temprana. Actuar a tiempo resulta clave porque la visión adulta se desarrolla en la infancia y determinados problemas tienen peor pronóstico si se detectan tarde.








