El Carnaval es una fiesta que se remonta a varios siglos y que une a ciudades como Venecia, Río de Janeiro o Melilla. En el pasado, muchas civilizaciones como los griegos y romanos veneraban a sus respectivos dioses para pedir prosperidad y buenas cosechas. Celebraciones que han ido evolucionando con el tiempo y que se relacionan con romper la cotidianidad y salirse de los márgenes establecidos durante esos días del año. Siempre bajo un anonimato que permitía no ser señalado y gozar de cierta libertad sin el juicio ajeno.
De los disfraces, bailes y banquetes, nos queda, sobre todo, lo primero. Vestirse de algo o alguien que no eres y festejarlo. En España, el Carnaval parece tener sus raíces en la Edad Media: se correspondía a los días previos a la Cuaresma, una cuarentena de poner limitaciones al placer con un sentido puramente religioso. Por lo tanto, la época de carnavales se asocia a los excesos, y varía cada año según el calendario lunar tal y como dicta la tradición católica.
Estos días son el pretexto perfecto para vestir las mejores galas carnavalescas, uniendo así tradición y costumbre y llamando a la ciudadanía a participar en las distintas actividades que organiza la Consejería de Cultura, Patrimonio Cultural y del Mayor. Antes del 7 de febrero, los melillenses deben buscar todos sus atavíos y los encontrarán en comercios como Toy Planet, una juguetería de las de siempre. Bien sea para los desfiles, concursos variados o fiestas, lo importante es ir acorde al código de vestimenta. En este caso, no faltarán el color, las plumas o la fantasía. Y, en las competiciones, la originalidad será la mejor carta de presentación.
Jugueterías de las de toda la vida
Segundo Navarro, propietario de Toy Planet, una juguetería que se sitúa en la calle General Astilleros, explica que la demanda de disfraces ha cambiado en los últimos años. El público adulto compra menos disfraces, mientras que los niños y niñas deben seguir unas temáticas preestablecidas en las escuelas. Este comercio, que tiene disfraces para todos los gustos, lamenta estos cambios que traen los nuevos tiempos, a pesar de que sigue mostrando productos de lo más variados para celebrar el Carnaval. “Tenemos sombreros en tallas grandes, tallas pequeñas, en color negro, color marrón. Para los indios, pues las plumas negras y de colores. Y con el bosque encantado, alitas para las niñas en las espaldas, ¿sabes? Que con eso cambia el disfraz un montón”.
¿Qué modelos arrasan?
Actualmente, el público que más busca este tipo de prendas es el infantil, de cara a las fiestas organizadas en los colegios o por el propio Ayuntamiento. Si hablamos de los disfraces que se encuentran en los escaparates, es obligatorio mencionar a Las guerreras K-Pop, el fenómeno juvenil que encandila a las nuevas generaciones. “Bueno, las novedades son las K-Pop. Que llegan y ¡pum! Se vuelan, ¿sabes?”, añade Navarro. Por supuesto que los disfraces clásicos siguen triunfando, pero está claro que la demanda orienta a la oferta, y que los vendedores saben bien qué modelos triunfan.
Los adultos, sin embargo, cada vez se interesan menos en participar de la fiesta. Al menos, en un sentido estricto, porque para formar parte del Carnaval es casi obligatorio disfrazarse. Segundo Navarro cree que cada vez se celebran menos fiestas orientadas a este público, “en mis tiempos había discotecas y allí se hacían las fiestas, e íbamos disfrazados. Tampoco soy yo muy antiguo, pero es que ahora mismo no hay sitio para eso, ni ambientes para ir disfrazados”. Bajo su juicio, “es una pena que los tiempos estén cambiando y que la gente más adulta ya no se disfrace… Se está perdiendo un poquito la tradición”.
Cambio en la demanda
Internet ha sido una auténtica revolución que, a pesar de sus ventajas, también tiene ciertos inconvenientes para los negocios de toda la vida. Muchas personas optan por pedir los disfraces de manera online, motivo por el que muchos comercios locales han dejado de pedir estos productos para fiestas como el Carnaval.
Además, Segundo Navarro, el propietario de la clásica juguetería critica que, en los colegios, se establecen unas temáticas “como el Oeste, el hindú, el bosque”, que muchas veces les impide prever la cantidad de disfraces o pedir con antelación algunos modelos. “De esos tenemos algo que hemos pedido a última hora, y del resto también me puedes pedir algo, pero no para tirar mucho. Justito, justito, vamos”, asegura. Antes, la libertad en la elección permitía que los disfraces se agotasen en las tiendas. En sus propias palabras, este cambio de modelo “es lo que nos está hundiendo a todos” porque “no puedes tener solamente esa temática, van todos los niños vestidos iguales”.
Aunque muchos concursantes prefieren elaborar sus propios vestidos y dar vía libre a la imaginación y valor al trabajo artesanal, otros tantos seguro que prefieren la comodidad de ir a una tienda y salir de allí con el disfraz listo para el Carnaval. Y, si es así, mejor elegir una tienda física, en la que puedes hasta probarte el modelo y la talla que mejor te siente, para que al año próximo el catálogo de disfraces sea todavía más amplio.







