La Delegación del Gobierno en Melilla ha abierto una investigación para aclarar y depurar responsabilidades por unos presuntos insultos racistas atribuidos a un grupo de agentes de la Unidad de Intervención Policial (UIP) que se encontraban de servicio. Fuentes oficiales de la Delegación señalaron que el procedimiento se activó en cuanto se tuvo conocimiento del incidente, ocurrido el sábado 31 de enero en una cafetería céntrica de la ciudad.
Según la información trasladada por la Comunidad Musulmana de Melilla, los hechos se produjeron sobre las 10.00 horas, en un establecimiento “en un contexto de absoluta normalidad” y con presencia de familias y menores. La entidad afirma que varios agentes que estaban en el local habrían dirigido expresiones vejatorias y de carácter racista contra un ciudadano melillense musulmán, a quien describe como una persona conocida y respetada por su trayectoria personal y profesional.
La misma organización sostiene, siempre con carácter presunto y en base a testimonios, que durante el episodio se llegaron a proferir amenazas de agresión física acompañadas de expresiones degradantes y deshumanizantes. En su comunicado, el colectivo advierte de que, de confirmarse, se trataría de un caso de gravedad extrema por el impacto directo en la convivencia y por el daño institucional que provoca que quienes deben garantizar derechos y seguridad sean señalados por conductas discriminatorias.
La Delegación del Gobierno, por su parte, ha trasladado su rechazo a cualquier comportamiento racista y ha remarcado que estas actitudes resultan incompatibles con una sociedad democrática y con el correcto desempeño de funciones públicas. De acuerdo con fuentes oficiales, la apertura de la investigación busca esclarecer con precisión la secuencia de lo ocurrido y determinar si existen conductas sancionables. El objetivo, añaden, es que los hechos no queden sin una respuesta proporcionada y que se actúe conforme a los mecanismos previstos.
La Comunidad Musulmana de Melilla reclama que la investigación se realice “hasta el fondo”, con transparencia y contundencia, y pide que, si se confirma la veracidad de los hechos, se depuren responsabilidades disciplinarias no solo del autor material, sino también de quienes hubieran secundado, jaleado o tolerado la conducta. En paralelo, solicita que se ponga el caso en conocimiento de la Fiscalía por si pudiera encajar en delitos vinculados al odio, las amenazas o el trato degradante.
El colectivo también demanda medidas preventivas para evitar que, amparadas en el ejercicio de sus funciones, determinadas personas puedan generar humillación, miedo o indefensión en espacios públicos. Al mismo tiempo, subraya su respeto al conjunto de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y sostiene que una respuesta firme, en caso de confirmación, protege a la institución y ayuda a preservar la confianza ciudadana.
Mientras avanza el expediente, la polémica ha reabierto el debate sobre la tolerancia social ante el racismo cotidiano y la obligación especial de ejemplaridad que recae en los servidores públicos. En una ciudad plural como Melilla, con comunidades diversas y una convivencia delicada, la gestión de este tipo de denuncias no se limita a un trámite interno: afecta a la percepción de igualdad de trato en lugares públicos y a la seguridad emocional de quienes se sienten interpelados por su origen o su fe.
La investigación deberá concluir si hubo insultos, amenazas o cualquier otra conducta reprochable, y en qué contexto se produjo. La Delegación del Gobierno tendrá que comunicar, en su caso, las decisiones que adopte, porque la transparencia es clave para evitar especulaciones y para que la ciudadanía conozca que existen controles reales. La exigencia de esclarecer responsabilidades, si procede, no es un ataque a la institución, sino una defensa de su credibilidad y del respeto debido a todos.







