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Inicio » Cultura y Tradiciones

Sonia Rubiano, la pluma silenciosa de Mirrolde Teatro

Autodidacta, lectora apasionada y creadora desde el silencio, Sonia Rubiano lleva más de una década escribiendo historias para la compañía teatral

por Alejandra Gutiérrez
21/01/2026 18:44 CET
Sonia Rubiano, la pluma silenciosa de Mirrolde Teatro

Sonia Rubiano, escribiente de Mirrolde Teatro. -Cedida-


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Detrás de muchas de las historias que, durante décadas, el público melillense ha disfrutado en el escenario con Mirrolde Teatro, está la voz discreta de Sonia Rubiano, una lectora incansable que un día se lanzó a escribir y ya no ha parado. Lo hizo casi por casualidad, empujada por una propuesta de su pareja, el actor y director Miguel Escutia. A pesar de su trayectoria, la dramaturga se considera "una diletante, alguien que disfruta, que aprende, que hace esto por placer”, asegura con honestidad.

Su relación con la dramaturgia nació desde la lectura, su verdadera pasión. “Desde siempre he leído muchísimo. Es mi forma de estar en el mundo”, cuenta. Fue precisamente ese amor por los libros lo que le dio las primeras herramientas para iniciarse en la escritura teatral, aunque con un enfoque muy prudente al principio: “Empecé haciendo adaptaciones. Citas, poemas, textos que me gustaban. Jugaba con ellos, los hilaba... y así empecé a construir cosas mías”.

Con el tiempo, y a partir de propuestas concretas que le hacía el grupo, se atrevió con textos plenamente originales. Obras escritas desde cero, aunque siempre con una consigna que funcionaba como punto de partida. “Necesito que me lo pidan. Una pauta, una idea base. No me siento capaz de escribir desde la nada, sin un motivo, una excusa”, reconoce. Puede ser una función de Navidad, un acto especial, una representación en torno a una fecha señalada. A partir de ahí, todo lo demás lo imagina y lo construye.

Una de las claves de su forma de trabajar está en que siempre escribe para actores concretos. No crea personajes genéricos ni escribe sin saber quién los interpretará. “Conozco al elenco. Sé cómo actúan, cómo se expresan, qué les va bien. Escribo ya con sus voces, sus cuerpos, sus gestos en mente”, explica. Para ella, esto no solo facilita el proceso, sino que le da sentido al texto desde su origen. “No escribo una obra que luego se reparte. Escribo directamente para ellos, con nombres propios”.

Esta manera de crear, tan adaptada al grupo, da lugar a piezas con una identidad muy marcada, íntimas y orgánicas, pensadas desde dentro. Es también lo que hace que Sonia Rubiano no se sienta la única autora del resultado final. “Cuando empiezan los ensayos, ya no es mío. Ellos lo transforman. El texto cobra vida en sus voces. Yo lo vivo como una espectadora más”.

Esa relación con el elenco —basada en la confianza, la admiración y el conocimiento mutuo— es uno de los pilares de su escritura. Pero también lo es el aprendizaje continuo. Rubiano reconoce que al principio escribía “con demasiada trascendencia”. Buscaba decirlo todo, explicar cada emoción, cada pensamiento. “Tenía una escritura muy literaria. Quería dejar todo claro, que no se perdiera nada... hasta que entendí que el teatro funciona de otra manera”, reflexiona. Fue gracias al trabajo conjunto con el director y los actores que empezó a confiar más en los silencios, en la mirada, en lo que no se dice. “Me enseñaron a aligerar. A escribir pensando en la escena, no en la página”.

Ese proceso de adaptación ha sido, para ella, una escuela. “No he estudiado dramaturgia. Todo lo he aprendido viendo teatro, escribiendo, y sobre todo, leyendo”. La literatura sigue siendo su mayor fuente de formación. Cursó Filología Inglesa en la UNED por puro placer, para poder leer mejor y más. Hoy, mantiene el hábito del estudio y la lectura diaria. “Leo mucho teatro, cada vez más. Ya no solo disfruto, también observo. Me fijo en cómo se construyen los textos, cómo avanza una escena, cómo fluye un diálogo”.

Gracias a esa base autodidacta y a su curiosidad constante, Rubiano ha abordado géneros muy diversos: comedia, drama, piezas más simbólicas o abstractas. “Disfruto mucho escribiendo. A veces me enfrento a temas que no conozco, y tengo que investigar. Pero eso también me estimula”, explica reconociendo la importancia de la documentación, de la lectura insaciable y de los referentes. Lo que la mueve, por encima de todo, es el placer de contar historias, de imaginar situaciones y personajes que hablen al público y lo hagan sentir.

Y aunque sus obras han sido aplaudidas y valoradas por el público local, Rubiano mantiene siempre una actitud modesta y agradecida. “Nunca quise ser dramaturga. Ni siquiera me imaginaba en este papel. Pero he encontrado un espacio que me hace feliz y que me permite expresarme”.

Esa expresión personal, sin embargo, no es un acto solitario. Para Sonia Rubiano, escribir teatro es un ejercicio colectivo, una construcción compartida con quienes después interpretan el texto. “Nunca pienso ‘esto es mío’, sino más bien: ‘esto lo hemos conseguido entre todos’”, sostiene. En ese proceso de creación colaborativa, ella aporta su mirada, su sensibilidad, su bagaje lector. Los demás, aportan sus cuerpos, sus voces, su interpretación. “El texto es solo el punto de partida. Lo importante viene después”.

Su forma de vivir la escritura está también atravesada por una idea central: la libertad. Aunque no recibe compensación económica por su trabajo, Rubiano no lo ve como una obligación, sino como una elección. “Es mi espacio de libertad. Crear me hace sentir viva, me da aire. No hay expectativas, no hay presión. Solo ganas de contar algo y compartirlo”, afirma. Esa sensación frente a la escritura, también la encuentra a la hora de recibir distintas expresiones creativas. Para ella, “el arte es lo único que nos puede salvar del caos. Es lo que nos une, lo que nos conecta como personas”.

Su relación con el teatro, curiosamente, no es heredada ni temprana. De hecho, comenzó a ver obras gracias a Miguel Escutia, y fue él quien despertó en ella el gusto por las tablas. “Un día me dijo: tú que lees tanto, ¿por qué no escribes algo?”, recuerda Rubiano. Desde entonces, aquella aficionada se ha convertido en una figura esencial dentro de Mirrolde Teatro. Aunque sigue manteniendo una modestia que desarma, su trabajo la respalda: una producción constante, un enfoque sensible y una capacidad enorme para transformar la palabra escrita en una obra teatral.

Ver al público reír, llorar, emocionarse, sigue siendo para ella una de las recompensas más grandes. “No es solo que se rían con un chiste o se emocionen con una escena. Es que entienden lo que yo quería decir. Eso, cuando pasa, me hace sentir muy afortunada”.

Sonia Rubiano representa una forma de crear desde lo íntimo, lo cotidiano y lo colaborativo. Desde ese lugar, ha dado vida a obras que han emocionado a cientos de personas sin buscar protagonismo ni reconocimiento. “Yo disfruto mucho de todo esto. No buscaba nada. No tenía grandes aspiraciones. Pero aquí estoy, rodeada de personas maravillosas, contando historias que emocionan. ¿Qué más se puede pedir?”, concluye.

Tags: Mirrolde TeatroSonia Rubiano

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Comments 2

  1. Paco Pérez comentó:
    hace 2 meses

    “El arte es lo único que nos puede salvar del caos. Es lo que nos UNE, lo que nos CONECTA como personas”. Seguiremos disfrutando de tus futuras obras. Gracias, Sonia Rubiano.

  2. santiago comentó:
    hace 2 meses

    Sonia Rubiano, como todo Mirrolde, tienen la inmensa virtud de respetar la enjundia intelectual y cultural del público, una muestra de amor a él de la que tan a menudo carecen la mayoría de los autores de los grandes medios y las grandes productoras.

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