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Estemos a lo que hay que estar

Por Tino de la Torre
09/11/2025 11:07 CET
Estemos a lo que hay que estar
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Que la gran mayoría de los españoles no son capaces de saberse ni la mitad de los ministerios y ministros del Reino de España es un hecho. Ayudaría si fueran más o menos 11, reservas aparte, como pasa en el futbol en donde la gente, con que sea solo un poco futbolera, se sabe los de su equipo y más o menos los del equipo nacional.

Aparte de que nos saldría más barato. Y que ha habido gobiernos en democracia en los años 80 con más o menos este número de carteras y han ido tirando. Por cierto, considero innecesario mencionar lo del siglo pasado, porque se abre un espacio tan descomunal como si los nacidos antes del comienzo de este siglo viniéramos de una quinta dimensión o de la Edad Media.

Pero volviendo a los ministerios, tienen que ser muchos (23 concretamente) y de poca trascendencia algunos, para que se deje oír en figones y mercados: “ah, ¿pero ese es ministro/a? Y ¿de qué?”

A pesar de esa evidencia se quejan nuestros políticos de la desafección que perciben. Alguien comentó que se han convertido en personajes políticos (más que servidores públicos) en busca de ideología y aplauso igual que aquellos personajes en busca de autor.

Por esa razón, y entiendo que por un buen hacer, ganan enteros algunos políticos locales. Son afortunadamente bastantes las ciudades y regiones pequeñas donde el político local sabe cuál es su función y la lleva a efecto. Algunos son más populistas, otros más orientados a la eficacia y poco ruido, pero se percibe que saben lo que hacen, tienen planes, invierten bien los impuestos locales, escuchan a los paisanos y exigen que se les transfiera lo que les corresponde del estado.

No hace falta citar nombres ni ciudades. Trabajan sus ciudades, las venden en el mundo, intentan atraer inversión cada uno a su manera y controlan lo mejor que pueden la delincuencia.

Y la matemática es muy sencilla: el que gusta es votado y por tanto repite y ya sabe lo que tiene que seguir haciendo. Y al contrario.

Este problema de la desafección ya alcanza de unos políticos a otros de su mismo partido, por lo que hay una tendencia a blindar sus “reinos”. El político local consecuente va a lo suyo y al interés de los suyos (que están mismamente debajo de su ventana) y si lo que dice el partido les aporta algo pues lo acogen y si por lo contrario saben que les va a restar votos se ponen de lado.

Mientras que los políticos locales sepan y puedan escuchar al contribuyente (concepto en desuso porque no interesa, pero que significa mucho) irán creciendo en notoriedad y atribuciones en detrimento de unos políticos nacionales o transnacionales que cada día plantean cosas más complicadas e inabarcables, despilfarran nuestro dinero en aventuras que luego se abandonan (por insensatas) y toman decisiones en nombre de todos que no han sido consensuadas con los contribuyentes y ni siquiera aparecen en un programa electoral. Véanse agendas para el año dos mil y pico, guerras, discriminaciones negativas o positivas a grupos sin ningún criterio objetivable o apoyo a gobiernos dictatoriales por doquier.

Añádase lo de pedir disculpas a gobiernos por cualquier cosa ocurrida en el pasado, aunque haya sido buena. Y de la corrupción, mejor no hablar.

El político local que está respaldado por los ciudadanos debe estar vigilante. Su sueldo, su futuro (incluso después de la política) no está en manos de su partido, sino de nosotros. Que tenga coraje, que se olvide un poco del edificio grande en la ciudad donde están los jefes y de dónde sale lo que sale. Para un buen gestor siempre habrá un sitio.

A ver cuando lo comprenden.

Etiquetas: políticospueblo

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