Las autoridades marroquíes han ocupado formalmente el barco conocido como “barco fantasma” pero bautizado como White Eagle, que llevaba meses atracado en el puerto de Beni Enzar, en Nador, sin que hasta ahora se haya aclarado su carga ni actividad. La intervención llega tras meses de incertidumbre, especulación y confinamiento de su tripulación, que ha podido finalmente ser repatriada a su país de origen.
El buque había partido de Sierra Leona, donde embarcó cerca de 6.000 toneladas de mercancía, cuyo contenido exacto se desconoce. El destino señalado era algún puerto del Líbano. Por su ruta, su perfil y la opacidad de sus movimientos, se ha sugerido que podría transportar armas o explosivos con destino a grupos terroristas como Hizbulá o agrupaciones vinculadas al denominado “Eje de la Resistencia”, aunque esta hipótesis no ha sido confirmada oficialmente.
Uno de los indicios más llamativos es que el barco apagó su sistema de localización AIS el pasado 13 de diciembre, mientras navegaba frente a la costa de Rabat. Esta acción incrementó las sospechas sobre sus actividades, al hacer desaparecer su rastro en una zona marítima habitualmente controlada. Además, el hecho de que la embarcación quedara varada en una zona del puerto que no se utiliza para carga o descarga pública alimentó aún más el misterio.
Durante meses, la tripulación, compuesta mayoritariamente por ciudadanos filipinos, permaneció recluida a bordo sin poder desembarcar. Las autoridades marroquíes les prohibieron bajar a tierra, aunque se les suministraban alimentos a través de vehículos que llegaban hasta el muelle. En caso de enfermedad, los marineros eran atendidos por personal médico que accedía directamente al barco. El embajador de Filipinas en Rabat llegó a visitar el buque, aunque no se conoce si esa gestión permitió avances concretos.
El armador del White Eagle se desentendió de la situación y no asumió los costes generados por la estancia prolongada del buque en el puerto de Nador. Esta circunstancia habría facilitado los trámites legales para proceder a su incautación. Aunque el propietario declaró que transportaba productos legales como cosméticos, algunas fuentes citadas por el diario La Razón consideran que estos podrían haber servido para camuflar materiales prohibidos o de uso militar.
La hipótesis más extendida es que el White Eagle transportaba material bélico hacia Líbano, posiblemente con destino a grupos armados como Hizbulá. Esta sospecha se sustenta en el origen de la carga, concretamente una zona del África Occidental donde es habitual el tráfico de armas, el apagado del localizador y la negativa del armador a colaborar.
El operativo de incautación fue ejecutado por las fuerzas de seguridad marroquíes, con participación de la gendarmería, autoridades judiciales y personal portuario. No se han revelado detalles sobre si la carga fue inspeccionada ni sobre el paradero actual de la tripulación. Se desconoce también si Marruecos solicitará la colaboración de agencias internacionales para investigar la carga y el itinerario del buque.
Este episodio ha despertado la atención mediática y política en Marruecos. La presencia de un buque sospechoso durante tantos meses en la zona genera preocupación por los posibles vínculos con redes de contrabando o terrorismo internacional.
A día de hoy, las autoridades marroquíes no han emitido un comunicado oficial sobre las razones exactas de la incautación ni sobre el contenido de la carga. El caso continúa envuelto en misterio y plantea preguntas clave: ¿qué transportaba realmente el buque?, ¿por qué permaneció tanto tiempo inmovilizado?, ¿y qué papel desempeñan los actores implicados?
El “barco fantasma” incautado en Nador se convierte así en un nuevo episodio dentro de las rutas opacas del tráfico marítimo internacional, donde intereses económicos, seguridad nacional y redes clandestinas se entrecruzan en silencio.








