En el número 4 de la calle Valle del Marín se escribe a diario una pequeña historia de supervivencia familiar. Aquí, en la Guardería Piruleta, 25 pequeños protagonistas de entre 1 y 3 años viven la realidad de ser "los niños de la segunda oportunidad": aquellos que no encontraron plaza en las guarderías oficiales pero que, gracias al programa Plan Concilia de la Consejería de Educación, tienen un lugar donde sus padres pueden conciliar vida laboral y familiar.
"Nosotros somos como el plan B que se convirtió en plan A", explica con una sonrisa Cristina, técnico en Educación Infantil del aula de conciliación “Piruleta”. Y es que la metáfora no puede ser más acertada: cuando el sistema tradicional se queda sin plazas, surge esta alternativa que no solo resuelve un problema logístico, sino que crea una comunidad educativa igual de válida y necesaria.
La mañana del martes en el Parque Hernández presenta una estampa curiosa: 10 niños de 2 a 3 años caminando en fila india, unidos por una cuerda de colores, seguidos de 15 pequeños de un año que viajan cómodamente en sus carritos. "Tenemos la calle peatonal completa para nosotros", comenta Cristina mientras supervisa la expedición, "y cuando son poquitos, como hoy por la festividad musulmana, podemos hacer estas escapadas al parque".
La logística de mover a 25 niños pequeños por las calles de la ciudad no es tarea menor, pero en Piruleta lo han convertido en todo un arte. Los mayores, orgullosos de caminar "como los grandes", agarran su trozo de cuerda mientras los más pequeños observan el mundo desde la altura privilegiada de sus carritos. "Los pequeñitos se cansan enseguida, han empezado a andar hace poco", explica Cristina con la paciencia de quien conoce cada etapa del desarrollo infantil.
Las cifras hablan por sí solas: lo que comenzó como una solución temporal se ha convertido en una necesidad permanente. "Nosotros en mi aula tenemos 25 escolarizados, y en la clase de los pequeños otros 25 o 26", detalla Cristina. "Y niños que siguen en lista de espera, que quieren intentar entrar, pero ya no tenemos más huecos".
La paradoja es evidente: el programa creado para absorber las listas de espera de las guarderías oficiales ahora tiene su propia lista de espera. Es como un espejo que refleja otro espejo, creando una imagen infinita de familias que necesitan conciliar y niños que necesitan socializar.
"Al no haber plazas en las guarderías oficiales, se montó esta aula para que los niños que estaban sin plazas pudieran tener donde ir y los padres pudieran conciliar", explica Cristina, resumiendo en una frase la génesis de un programa que ya va por su tercer año de funcionamiento.
Lo que podría parecer una solución de emergencia se ha convertido en algo mucho más ambicioso. "Nosotros tenemos la misma metodología, trabajamos igual que una guardería normal", asegura Cristina. "Tenemos el mismo horario, hacemos fichas, asamblea, todo igual".
Pero la verdadera magia ocurre en los momentos menos estructurados. "Hoy, por ejemplo, venimos al parque para que trabajen un poquito más la motricidad, que salten, que jueguen, que desfoguen", explica mientras observa cómo los niños exploran el parque. "Al final, estar en el aula hace que estén más atentos al aprendizaje, pero aquí intentamos que desahoguen un poquito".
Para Cristina, la socialización no es un añadido al programa educativo, sino su corazón. "Es muy importante que no solo estén con sus familias, sino también en el entorno de niños de su edad, porque ellos aprenden imitando", reflexiona. "Ahora mismo, en su cerebro, ellos son esponjas. Aprenden todo a través de la imitación. Y qué mejor que con sus iguales".
La observación es tan simple como profunda: ver a estos pequeños interactuar entre ellos es contemplar el aprendizaje en su estado más puro. Sin complejos, sin prejuicios, simplemente copiando, experimentando, descubriendo que hay otros pequeños seres humanos que también están aprendiendo a ser personas.
El Plan Concilia funcionará hasta el 11 de julio, siguiendo el calendario escolar tradicional. "Empezamos un poquito más tarde porque estamos siempre a la espera de las listas de espera", explica Cristina, evidenciando cómo incluso la organización temporal del programa se adapta a su naturaleza de "segunda oportunidad".
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