Melilla ha contado este lunes con un tiempo envidiable, como siempre suele tener. Podría decirse que incluso ha sido un día caluroso para ser finales del mes de enero.
Nada que ver con la situación que se encontraron los melillenses hace exactamente hoy 20 años, cuando una inusual nevada cubrió la ciudad de una ligera capa blanca. Un episodio muy poco común en la ciudad autónoma y sus alrededores que, sin duda, ha quedado marcado a fuego en la memoria colectiva de los ciudadanos.
El 27 de enero del año 2005, las calles y playas de Melilla se vieron irreconocibles. Una imagen insólita e inigualable de una ligera capa blanca en toda la ciudad.
Los primeros copos comenzaron a cubrir las zonas elevadas de la ciudad a primera hora de la mañana: Los Pinos, el Aeropuerto, Ataque Seco, Reina Regente y Cabrerizas. Un evento excepcional para un territorio acostumbrado al sol, donde los termómetros registraron ese día una temperatura mínima de 0 grados.
La ciudad se paralizó. Vecinos de todas las edades salieron de sus trabajos, clases o sus casas a disfrutar de un momento único.
No todo fue diversión ese día. La nevada también causó inconvenientes en el transporte como la cancelación de vuelos, así como problemas en el suministro eléctrico en varias zonas de la ciudad
Sin embargo, esta no fue la primera vez que Melilla tuvo una nevada en sus calles. En enero de 1985, una ola de frío dejó 8 centímetros de nieve en el aeropuerto, forzando su cierre. Y el archivo del diario ABC rescata un precedente aún más lejano: en 1914, una "pertinaz nevada" sorprendió a la ciudad.
Algunos melillenses han recordado este momento tan especial, como el caso de Lourdes, quien tan sólo había visto nevar en Sierra Nevada y cuando era muy pequeña. Esta ciudadana dijo haber quedado prendada del momento y no dudó en recorrer toda Melilla para verla nevada.
"Aunque no nevó demasiado, las calles se veían blancas".
En el caso de María, quien ese día estaba en clase, todos sus compañeros salieron rápidos a disfrutar de la nieve. Se fuera directa a casa para recoger a su hermano y salir a jugar a la playa, ya que vivía muy cerca en aquel entonces.
"La arena de la playa había desparecido, todo era blanco. Mi hermano y yo hicimos una guerra de nieve".
Un caso distinto es el de Hakin, quien dijo no recordar ese día. No obstante, este melillense no dejó de sonreír cuando se retrotrajo en el tiempo para hablar de sus juegos en el Monte Gurugú nevado en su juventud.
La nieve no sólo es un fenómeno meteorológico, pues siempre trae una ligera ilusión en las personas, incluso se puede llegar a decir que les lleva a un periodo de su vida más despreocupado y sencillo. Sólo queda esperar a que la próxima nevada traiga de nuevo alegría e ilusión a Melilla.
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