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Varios vecinos de Melilla denuncian el fallo en el servicio de reparto del gas butano

Usuarios de varios barrios aseguran que la línea de atención al cliente les impide completar el pedido, mientras los camiones siguen circulando sin entregar bombonas a quienes más lo necesitan

Vecinos de distintos puntos de la ciudad autónoma de Melilla han denunciado en los últimos días, a través de redes sociales y otros canales, que el servicio de suministro de gas butano presenta serias deficiencias, afectando a numerosos hogares que dependen de este recurso para cocinar o calentarse. Las quejas apuntan a una imposibilidad casi sistemática de realizar pedidos, tanto por vía telefónica como a través de los canales digitales habilitados por la compañía responsable del servicio del gas butano.

La situación afecta especialmente a las personas mayores, quienes tradicionalmente han solicitado sus bombonas de forma telefónica y ahora se encuentran atrapadas en un laberinto tecnológico que, lejos de facilitar la gestión, la obstaculiza. Aunque los repartidores siguen siendo visibles por las calles de Melilla en sus camiones de reparto, muchos vecinos denuncian que estos vehículos no llegan hasta sus domicilios, generando una creciente preocupación por el acceso a este suministro básico.

Uno de los principales problemas señalados por los afectados es el funcionamiento de la línea de atención telefónica habilitada para gestionar los pedidos. Al marcar el número de teléfono, el usuario es recibido por una voz femenina automatizada. Aunque el mensaje inicial podría inducir a pensar que se trata de una atención personalizada, pronto queda claro que quien responde es una máquina, lo que añade una dificultad añadida para los usuarios menos familiarizados con las tecnologías de respuesta automática.

El sistema solicita al interlocutor que pulse o diga uno si ya conoce la política de privacidad de la empresa o, en caso contrario, que marque el número dos. Es aquí donde comienza uno de los principales escollos: una mínima duda, una pausa de apenas tres segundos por parte del usuario, basta para que el sistema interrumpa la comunicación con un mensaje aún más automatizado y frío: “Disculpa, no te hemos entendido, por favor, ¿podrías repetir tu respuesta?”. En ese momento, el proceso se reinicia, generando una frustración creciente entre los ciudadanos que solo desean completar un pedido que antes era rutinario.

Los vecinos aseguran que, incluso completando los pasos solicitados por la operadora virtual, al final de la llamada el sistema cuelga de forma abrupta sin confirmar el pedido ni proporcionar información adicional. Este comportamiento ha convertido lo que antes era una gestión sencilla en un procedimiento tedioso e ineficaz.

Al no encontrar solución por vía telefónica, muchos ciudadanos han intentado recurrir a la web de la empresa para realizar el pedido. Sin embargo, este método no resulta accesible para todos. Especialmente para las personas mayores, que no disponen de los conocimientos tecnológicos necesarios o de ayuda suficiente para completar el proceso digital. Aquellos que no tienen familiares cerca o que viven solos encuentran especialmente difícil esta vía, viéndose forzados en ocasiones a depender de terceros o incluso a trasladarse por sí mismos hasta algún punto de venta, en un contexto donde el transporte y el esfuerzo físico también pueden representar barreras.

La frustración de los vecinos se intensifica al ver pasar por sus calles los camiones de reparto, que aparentemente siguen en funcionamiento, pero que no se detienen en sus domicilios. A pesar de estar presentes en los barrios, las bombonas no se entregan a todos los hogares que lo solicitan, generando una sensación de abandono y falta de atención por parte de la empresa responsable del servicio.

En algunos casos, los ciudadanos han tenido que asumir ellos mismos la recogida de las bombonas, trasladándose con medios propios hasta los puntos donde pueden hacerse con una unidad. Esto representa no solo una carga logística y económica, sino también un riesgo físico para personas mayores o con movilidad reducida.

Las quejas expresadas por los vecinos apuntan, en última instancia, a una necesidad urgente de humanizar los canales de atención al cliente y garantizar que todos los ciudadanos, independientemente de su edad o habilidades tecnológicas, puedan seguir accediendo a un suministro básico como el gas butano. La dependencia de sistemas automatizados, lejos de agilizar el proceso, está dejando fuera a un importante sector de la población que tradicionalmente se ha servido de estos servicios con eficacia.

A día de hoy, los melillenses exigen soluciones inmediatas. No solo esperan que se restablezca la posibilidad de pedir butano por teléfono de forma efectiva, sino también que se implementen alternativas adaptadas a todos los perfiles de usuarios, especialmente aquellos más vulnerables. En una ciudad con temperaturas frías en invierno y un alto número de viviendas que dependen del gas butano, garantizar el acceso a este recurso no puede quedar relegado por trabas tecnológicas o falta de respuesta operativa.

La comunidad afectada continúa esperando respuestas claras por parte de la empresa del gas butano y las autoridades competentes. Mientras tanto, la indignación crece y las redes sociales se llenan de mensajes de ciudadanos que, más allá de expresar su malestar, simplemente quieren lo que durante años se les garantizó: un servicio accesible, funcional y digno.

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