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Varias familias denuncian las condiciones "inadmisibles" en las instalaciones del Gámez Morón

Los padres de un usuario aseguran que el edificio presenta graves carencias estructurales y que lleva sin una reforma integral desde su inauguración en 1997 | Critican que se utilice políticamente la situación de los residentes más vulnerables

Varios usuarios y familiares han alzado la voz en redes sociales para denunciar las pésimas condiciones que presenta el Centro Gámez Morón, una instalación pública destinada a la atención de personas con discapacidad intelectual en Melilla. Según sus testimonios, el edificio arrastra décadas de abandono y necesita una reforma integral que no se ha acometido desde que se inauguró hace casi tres décadas.

El Faro de Melilla ha podido hablar con Mariluz Muñoz y Gonzalo Moncada, padres de Gonzalo, uno de los internos, que narran su experiencia personal y el calvario emocional que han atravesado desde que su hijo ingresó en el centro por recomendación médica.

"Un edificio anclado en 1997"

"El centro necesita una reforma integral, de arriba a abajo", afirma con rotundidad Mariluz. "Habitaciones, pintura, mobiliario, dormitorios... todo. Cuando entramos fue bajo unas circunstancias durísimas. Gonzalo había sufrido una crisis gravísima de ansiedad y depresión, y el equipo médico nos recomendó que ingresara en un entorno especializado. En ese momento lo prioritario era su salud, no cómo estaban las paredes. Pero una vez que hemos recuperado un poco el aliento, nos hemos dado cuenta de que esto debería ser como su casa, y no lo es".

El centro, según explican, se inauguró en 1997 y desde entonces apenas ha tenido intervenciones de calado. "En el último año han cambiado algunas puertas y han instalado aire acondicionado, pero no resuelve lo esencial", añaden los padres.

La impresión que recibieron al visitar por primera vez la habitación fue demoledora: "Una cama cutre, una mesa de madera de los años ochenta, paredes verdes desconchadas... La sala de visitas parecía sacada de película, con muebles de segunda mano y sofás de colores diferentes. La sensación era de abandono absoluto".

Personal entregado, pero con recursos mínimos

Pese al estado de las instalaciones, la familia recalca que el personal del centro "es maravilloso". "Con el poco personal que hay, hacen más de lo que pueden. A Gonzalo lo cuidan con mucho cariño y nos consta que está muy contento con ellos. Si no fuera por los trabajadores, no habría sido viable su estancia", afirma la familia.

Sin embargo, la plantilla se enfrenta a limitaciones severas. Por la noche, explican, puede haber dos cuidadores para entre 10 y 15 usuarios, algunos de ellos con grandes dependencias, ataques epilépticos o problemas de salud mental graves. De día, la ratio mejora ligeramente, pero sigue siendo baja. "No se puede atender así a personas con estas necesidades. Es insostenible".

Este déficit adquiere mayor relevancia si se tiene en cuenta que Melilla, al no ser una comunidad autónoma, se rige por la normativa estatal. El Acuerdo del Consejo Territorial de 2022 estableció ratios mínimas progresivas para la atención directa en centros residenciales. En el caso de personas con discapacidad, fija que para 2025 debe haber aproximadamente 0,45 cuidadores/as por residente (AD1N), es decir, casi un profesional por cada dos residentes.

Si sumamos la atención técnica - trabajadores sociales, psicólogos, terapeutas - la ratio total (AD1N + AD2N) debería situarse en 0,53 por residente. Se trata de mínimos legales, y los expertos recomiendan cifras más altas en entornos de alta complejidad, como es el caso de personas con discapacidad intelectual profunda.

"Las cifras actuales del Gámez Morón están por debajo de lo que marca la ley y muy lejos de lo que sería recomendable para garantizar un cuidado de calidad", asegura la familia Moncada Muñoz.

Críticas a la utilización política del centro

Otro de los aspectos que más indignan a la familia es que la situación del Gámez Morón se utilice como arma arrojadiza entre partidos. "En 27 años han gobernado el PP, PSOE y Coalición Por Melilla y ninguno ha hecho nada. Ahora algunos políticos se lanzan acusaciones mientras el centro sigue igual. Se está jugando con las personas que no tienen voz. La voz la tenemos los padres y cuidadores, y deberíamos ir todos a una para que se destinen los recursos necesarios", subraya Gonzalo Moncada.

Mariluz Muñoz añade que este problema no es exclusivo del Gámez Morón: "Pasa también en la residencia de mayores y en la Gota de Leche. Son los más vulnerables y deberían estar mejor atendidos que nadie".

Una entrada "que parece de cárcel" y baños en mal estado

El deterioro no se limita al interior. La propia entrada al centro, según relatan, transmite una imagen negativa. "No hay recepción, se entra por una verja que, si llueve, se inunda. En verano el conserje se cubre con una sombrilla y en invierno se refugia dentro, pero no hay un espacio adecuado para recibir a las familias o a los usuarios".

En las áreas comunes, los problemas son evidentes: "Mesas cubiertas de plástico, cortinas lilas que no se han cambiado en años, baños anticuados... Haría falta construir un centro nuevo para que cumpla con las necesidades de las personas que viven aquí".

Incluso la piscina, utilizada como argumento por algunos usuarios para destacar los servicios del centro, es, según ellos, un ejemplo más del abandono: "Es una charca. Se habla como si fuera un hotel de lujo, y de lujo no tiene nada".

Un duelo prolongado para la familia

El ingreso de Gonzalo no fue fácil. "Al principio no quería estar allí ni de broma", recuerdan los padres. "Fue muy duro para todos. Hemos pasado un duelo, porque no es lo que sueñas para tu hijo. Pero lo hicimos por su bien. Ahora se está adaptando y está mejor pero nos duele mucho ver que el lugar donde vive no está a la altura de lo que merece".

La familia confiesa que aún no han presentado una queja formal, pero reconocen que el reciente eco mediático ha sido un detonante. "La gerencia actual tiene buena voluntad y está intentando visibilizar la situación, pero sin recursos poco pueden hacer".

La denuncia no busca señalar a un partido político concreto, insisten, sino conseguir que la atención a las personas con discapacidad intelectual se convierta en prioridad real. "Queremos que se tomen medidas urgentes, que se aumente la plantilla, que se reformen las instalaciones y que se deje de utilizar a los más vulnerables como munición política. Se trata de dignidad, no de votos".

Mientras tanto, Gonzalo sigue su proceso de adaptación, rodeado de un personal que, pese a todas las carencias, le brinda afecto y dedicación. Sus padres, con el dolor de no tenerlo en casa, mantienen la esperanza de que algún día el Gámez Morón sea, de verdad, un lugar digno para vivir.

 

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