En verano, los aeropuertos se llenan de maletas. Se facturan, se cargan en los aviones y, con suerte, aparecen en la cinta de equipajes al llegar al destino. Pero una silla de ruedas no es una maleta.
Y perderla o dañarla no es simplemente un problema de equipaje. Para una persona con discapacidad, puede significar no poder moverse con autonomía, no llegar a su alojamiento o tener que cambiar por completo sus planes.
Europa quiere cambiar esta situación. El Consejo de la Unión Europea y el Parlamento Europeo han alcanzado un acuerdo provisional para reforzar los derechos de los pasajeros aéreos, especialmente de las personas con discapacidad y movilidad reducida. El pacto, alcanzado el pasado 15 de junio, todavía debe ser aprobado formalmente antes de entrar en vigor.
Pero marca un camino claro. Si una aerolínea pierde o daña una silla de ruedas u otro equipo de movilidad, tendrá que asumir íntegramente el coste de su reparación o sustitución.
Hasta ahora, las compensaciones podían quedarse muy lejos del precio real del dispositivo. Algo especialmente problemático cuando se trata de sillas personalizadas, eléctricas o con componentes tecnológicos. Equipos que pueden costar miles de euros y que, además, no se sustituyen de un día para otro.
La diferencia parece evidente. Pero durante años no siempre se ha tratado así.
Perder la silla
Para muchas personas con discapacidad, una silla de ruedas es una parte esencial de su vida diaria. No es un objeto más. Es el medio que permite desplazarse, trabajar, estudiar, viajar o simplemente salir de casa. Por eso, una incidencia durante un vuelo puede tener consecuencias que van mucho más allá del dinero.
Una silla dañada puede dejar a una persona sin poder moverse durante días. Una silla perdida puede complicar el acceso al hotel, los desplazamientos por la ciudad o actividades tan básicas como ir al baño o salir a comer. Y las vacaciones, claro, pueden quedar en segundo plano.
Las nuevas reglas europeas contemplan que las compañías aéreas tengan que ofrecer equipos de movilidad temporales y gratuitos cuando el dispositivo original se pierda o resulte dañado. La idea es que una persona no tenga que quedarse sin autonomía mientras espera una reparación o una sustitución.
También se prevén compensaciones cuando un perro de asistencia sufra lesiones durante el viaje.
Más protección
El acuerdo aborda además otro problema habitual. Los fallos en los servicios de asistencia de los aeropuertos.
Una persona con discapacidad puede perder un vuelo porque la asistencia no llega a tiempo o porque se producen retrasos en el traslado hasta el avión. En esos casos, las nuevas normas contemplan el derecho a recibir una compensación y una alternativa de transporte para llegar al destino. La asistencia y la reorganización del viaje tendrán, además, prioridad.
Y hay otro cambio importante. Las personas con discapacidad y movilidad reducida podrán sentarse junto a su acompañante sin tener que pagar un suplemento adicional.
No se trata de un extra. En muchos casos, viajar junto a otra persona es una cuestión de seguridad y apoyo. Puede ser necesario para comunicarse, desplazarse dentro del avión o reaccionar ante una emergencia.
Genera discriminación
Los cambios llegan en un contexto en el que viajar en avión sigue siendo complicado para muchas personas con discapacidad.
Cerca del 70 por ciento afirma haberse sentido discriminada al utilizar este medio de transporte. Una cifra que refleja que, pese a los avances, todavía quedan muchas barreras por superar.
El objetivo de la reforma es que los derechos sean los mismos en toda la Unión Europea. Que una persona no dependa del aeropuerto desde el que viaja, del país en el que aterriza o de la compañía que opera el vuelo.
La revisión de la normativa deberá superar ahora el proceso jurídico y lingüístico y ser aprobada formalmente por el Consejo y el Parlamento Europeo. Hasta entonces, las medidas todavía no son obligaciones plenamente vigentes.
Cuando entren en vigor, se aplicarán a los vuelos dentro de la Unión Europea, a los que lleguen a territorio comunitario operados por compañías europeas y a los que salgan de la UE, aunque la aerolínea pertenezca a un tercer país.
Reclamar será más sencillo
La reforma pretende mejorar, además, la información que reciben los pasajeros. Las aerolíneas tendrán que explicar con mayor claridad las compensaciones disponibles, confirmar que han recibido las reclamaciones y responder en un plazo máximo de 30 días.
Si una compañía rechaza una compensación alegando circunstancias extraordinarias, deberá justificarlo de forma clara y comprensible. También tendrá que demostrar que el problema escapaba realmente a su control y que tomó todas las medidas razonables para evitarlo.
Porque viajar en avión ya tiene suficientes incertidumbres. Horarios, retrasos, conexiones, controles y equipajes. Para una persona que depende de una silla de ruedas, el viaje no debería empezar con una pregunta más: "¿En qué estado llegará mi silla?".








