Aún con el eco de las marchas procesionales resonando en las calles y el aroma a incienso impregnando el centro de la ciudad, la Semana Santa de Melilla deja tras de sí una profunda huella emocional. La comunidad cristiana acaba de vivir una de sus celebraciones más intensas y, a tenor de las palabras de Gregorio Castillo, presidente de la Agrupación de Cofradías y hermano mayor de la Cofradía del Cautivo y del Rocío, el balance no puede ser más positivo.
Castillo se muestra claro desde el inicio. “La verdad es que estamos muy contentos, estamos muy satisfechos todos porque hemos podido cumplir con nuestros objetivos”. Unas palabras que resumen el sentir general de las hermandades tras una semana marcada por la normalidad, la participación y, sobre todo, la devoción.
Uno de los factores determinantes ha sido, sin duda, la climatología. “Hemos tenido una Semana Santa esplendorosa, hemos podido salir todas las cofradías, cumplir la estación de penitencia, el tiempo ha respetado”, señala. Esta circunstancia ha permitido que cada jornada se desarrollara según lo previsto, algo que no siempre ocurre y que este año ha contribuido a elevar el nivel de la celebración.
Pero más allá del buen tiempo, Castillo resalta el compromiso de los cofrades. “Los cofrades y los hermanos de las distintas cofradías han trabajado y han acudido para sacar sus imágenes a la calle, de una manera también con mucha devoción”. A ello se suma la respuesta de la ciudadanía. “Ha respondido muchísimo la gente de Melilla. De verdad que estamos muy contentos, los siete días que hemos estado en la calle hemos estado perfectamente arropados”.
Ese respaldo se ha traducido en una presencia masiva tanto en los cortejos como en el público asistente. “Los cortejos han sido impresionantes de gente”, afirma. Según explica, no ha habido problemas para completar los tronos ni necesidad de recurrir a llamadas de última hora, algo que en años anteriores sí había sucedido. “Han acudido todos. Las señoras de mantilla de forma masiva, los nazarenos también, y la chiquillería ha sido espectacular”, destaca.
La participación juvenil es, precisamente, uno de los aspectos más valorados por el presidente de la Agrupación. “Los niños le han dado un colorido también de esperanza y de alegría”, apunta, subrayando la importancia de garantizar el relevo generacional dentro del mundo cofrade.
En cuanto a la comparativa con años anteriores, Castillo reconoce que hacía tiempo que no se vivía una Semana Santa con tanta tranquilidad organizativa. “Ya en los días previos al Domingo de Ramos estaban prácticamente todas las papeletas de sitio dadas. Hace tiempo que con esa tranquilidad no la teníamos”, explica. Aunque las ediciones anteriores se habían desarrollado correctamente, considera que la de este año ha sido especialmente destacada. “Creo, y coincidimos todos, no solo las hermandades sino también la opinión popular, que ha sido esplendorosa”.
Otro de los avances que subraya es la consolidación de las plantillas de portadores. “Ese tiempo en el que algunos tronos se tenían que quedar encerrados por falta de gente está casi olvidado, gracias a Dios”, afirma. Aunque reconoce que algunas hermandades siguen teniendo más dificultades que otras, el balance general es de estabilidad y crecimiento.
Además, destaca el ambiente vivido en los días previos. “Había una completa ebullición en todo: recogidas de túnicas, papeletas de sitio, jóvenes participando en labores de albacería y limpieza”. Un trabajo constante durante todo el año que, según señala, es clave para el éxito final.
Como hermano mayor del Cautivo y del Rocío, Castillo también pone el foco en el Domingo de Resurrección, considerado el día más importante. “Se han dado todas las circunstancias favorables para que se celebre la Semana Santa que hemos tenido”, afirma. Del encuentro entre el Resucitado y la Virgen del Rocío, decía que, “celebrarlo en la calle de esa manera, con tanta gente, con ese fervor y esa dignidad, ha sido un broche de oro”.
Para él, más allá de la estética o la organización, lo esencial es la vivencia espiritual. “Lo que nos importa es la devoción y el sentimiento de la gente”. Por ello, define la jornada como un momento de unión. “Un abrazo entre las cinco cofradías de pasión que somos responsables de poner los titulares en la calle”.
En el plano personal, Castillo afronta una etapa de transición. Aunque continuará como hermano mayor hasta 2027, este ha sido su último año como presidente de la Agrupación de Cofradías. “Ha sido un colofón y una satisfacción muy grande”, reconoce. La renovación de los estatutos y la incompatibilidad futura entre ambos cargos marcan el final de su etapa al frente del organismo.
Castillo no quiso cerrar sin un agradecimiento especial al vicario episcopal. “Ha sido un regalo para nosotros. Su presencia ha sido muy importante para conseguir lo que se ha logrado”.