EFE/Manuel Bruque
Casi un tercio (31 %) de los contenidos sobre longevidad y envejecimiento publicados en redes sociales en español difunden promesas sin evidencia científica suficiente, exageran de forma relevante lo que esa evidencia permite concluir o son simplificaciones de cuestiones complejas.
Así lo advierte un informe de la Sociedad Española de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad (Semal) y el Instituto #SaludsinBulos que ha revisado contenidos de alta visibilidad en YouTube, Instagram y TikTok durante el último mes.
“En los últimos años, la longevidad se ha convertido en tendencia y eso ha atraído a cientos de supuestos expertos sin suficiente formación científica o experiencia clínica que hacen afirmaciones gratuitas sin ninguna evidencia, como que es posible revertir el envejecimiento, algo que ninguna intervención ha demostrado en humanos”, explica el doctor Manuel J. Castillo, presidente del comité científico de la Semal.
Dos estudios independientes confirman que las personas mayores son el grupo más expuesto a la desinformación sanitaria. Un análisis con datos reales de navegación (no autoinformados) de una muestra nacional en EE. UU.
Por su parte, un metaanálisis en Journal of Health Psychology estima una prevalencia del 47 % de desinformación sanitaria entre mayores, superior a las estimaciones previas. Ninguno de los dos estudios mide específicamente la longevidad, pero juntos evidencian que el público al que más llegan este tipo de mensajes —personas mayores preocupadas por su salud— es también el más vulnerable, y que corregir la desinformación funciona.
Según la revisión exploratoria de 70 publicaciones recuperadas mediante un protocolo de búsqueda predefinido y con un umbral mínimo de visibilidad (≥1.000 reproducciones o “me gusta”), 22 de ellas (≈31 %) difundían promesas problemáticas. El resto (48; ≈69 %) ofrecía información adecuada sobre hábitos, prevención y envejecimiento saludable.
Las piezas problemáticas se concentran en cuatro categorías principales. Así el 45 % de ellas se enmarcan en la promesa de frenar o revertir el envejecimiento con afirmaciones como: “es posible vivir más de cien años”, “dejar de envejecer en 15 años” o llegar a los 80 “con la salud de los 20”. Mientras que el 23 % de los contenidos hablan de suplementos, moléculas y tratamientos y de los efectos anti-aging.
Además, el 27 % de los contenidos utilizan titulares sensacionalistas o extrapolados; y el 5 % restante utilizan el concepto de edad biológica, un test o una app como prueba de rejuvenecimiento.
Por otra parte, un estudio sobre sobre los 233 vídeos más vistos en TikTok en Estados Unidos con las etiquetas de suplementos dietéticos y detox encontró que el 95,7 % no indicaba si la promoción del producto estaba patrocinada y que el 97 % no aportaba ninguna evidencia científica que respaldara sus afirmaciones.
Aunque el estudio no se centra en longevidad, describe el mismo mecanismo observado en esta revisión: la promesa de salud funciona como argumento de venta y rara vez va acompañada de evidencia ni de transparencia comercial.
El informe también destaca que el 68 % de los protagonistas de estos contenidos problemáticos se presentan como médico o científico; y en el 32 % de ellos la promesa se vincula a un producto o servicio de pago (suplementos, retiros, clínicas…).
En cuanto a las plataformas, más de la mitad de las piezas (55 %) se publicaron en YouTube; muchas de ellas como podcasts o entrevistas en las que la exageración está ya en el propio título. Los 14 vídeos con dato público de reproducciones suman cerca de 1,44 millones; mientras que las ocho con dato de “me gusta” acumulan más de 17.400 likes. Por otra parte, en Instagram se han publicado un 32 % de estos posts y en TikTok el 9 %.
Ante los datos registrados por este informe, la Semal y #SaludsinBulos han elaborado 5 señales de alerta sobre las publicaciones de longevidad en redes: Promete frenar, revertir o “curar” el envejecimiento o vivir más de cien años, usa una cifra de “edad biológica” de un test o una app como prueba de rejuvenecimiento, cita un Nobel, una universidad o “estudios” sin aclarar si se hicieron en personas; el titular promete más de lo que se explica en el contenido y la promesa termina en un producto, un curso, un retiro o un “comenta X y te envío información”.
“Identificar este repertorio de mensajes nos permite verificar piezas, no personas, y ofrecer al público criterios sencillos para distinguir la divulgación rigurosa de la promesa sin evidencia”, apunta el doctor Castillo.
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