Vista aérea de Melilla que expone la planicie que la rodea
El jesuita José Ignacio Martín Artajo, hermano del entonces exministro de Asuntos Exteriores Alberto Martín Artajo, propuso el 26 de septiembre de 1958 a un militar estadounidense que Washington comprara Melilla y Ceuta a España para convertirlas en bases navales y aéreas. Así lo ha revelado Vozpópuli, que ha localizado el informe confidencial de aquella reunión, celebrada en el Instituto Católico de Artes e Industrias (ICAI) de Madrid, en los Archivos Nacionales de Estados Unidos.
El encuentro, organizado con discreción, reunió al religioso con el capitán Robert G. M. Storey, veterano de la Segunda Guerra Mundial y de la guerra de Corea, y con Francisco Jaureguizar, empleado del agregado militar estadounidense. El informe se remitió después a William Fraleigh, alto funcionario del Departamento de Estado.
Según el documento, Martín Artajo pidió reserva y preguntó al capitán si Estados Unidos estaría interesado en adquirir directamente “los dos presidios de Ceuta y Melilla”. Storey reconoció en su escrito que se quedó “paralizado y sorprendido” por la propuesta.
El jesuita sostuvo que “numerosas personas en altas posiciones en el Gobierno español” consideraban que Franco estaría dispuesto a la venta. El pago se haría en dólares y en material militar, como camiones, tractores y carros de combate, aunque no llegó a concretar ninguna cifra. También se ofreció, junto a su hermano, firmante de los acuerdos de las bases de 1953, a reunirse para cerrar los detalles.
La justificación era estratégica: desde ambos enclaves, Estados Unidos podría vigilar el Estrecho de Gibraltar y el conjunto del Mediterráneo. La oferta coincidía con la renegociación de los acuerdos de Defensa entre Madrid y Washington, que estaban a punto de expirar.
Los estadounidenses llegaron a evaluar la utilidad militar de las dos ciudades. Sobre Melilla, el informe señalaba que contaba con un puerto relevante y unos 16.000 militares españoles, pero advertía de que su defensa sería complicada por el terreno llano que rodea la ciudad y de que carecía de aeropuerto. Convertirla en base naval exigiría una obra de gran envergadura, y podría acoger “una división, o una división y media” de tropas.
En el caso de Ceuta, el documento la describía como el mejor puerto de la costa mediterránea de la época, con 14.500 militares, aunque concluía que su valor como base aérea era “despreciable”.
El consejero de la embajada estadounidense en Madrid, Richard Hawkins, envió la propuesta al Departamento de Estado el 14 de octubre de 1958. En su valoración, interpretó que España buscaba librarse de la “ansiedad” de tener que ceder algún día ambas ciudades a Marruecos.
Pese a ello, Hawkins recomendó no actuar. Consideró la operación impracticable, contraria a la política de Washington de no adquirir nuevos territorios y capaz de provocar “un gran furor” nacionalista en Marruecos.
La propuesta no prosperó. Estados Unidos abandonó sus bases en Marruecos en diciembre de 1959 y reforzó su presencia militar en España, mientras Melilla y Ceuta continuaron bajo soberanía española.
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