Melilla dedica un espacio especial del Cementerio de la Purísima a recordar a los miembros de la Armada que murieron defendiéndola
Melilla hizo ayer justicia a los cientos de marinos de la Armada que dejaron su vida en estas costas desde 1497, en la mayoría de los casos luchando en la defensa de la ciudad y sus habitantes durante los últimos cinco siglos. Por fin, el Cementerio de la Purísima reserva un espacio especial al recuerdo de aquellos hombres, que dieron lo mejor y más preciado que tenían cumpliendo el compromiso que habían adquirido con su patria. Desde ayer, todos ellos son recordados con un monumento específico en el camposanto melillense, ubicado junto al Panteón del Ejército del Aire.
La Armada ha querido, además, dar la importancia que merece semejante homenaje. De hecho, el propio almirante de la Flota, José Enrique Delgado Roig, estuvo presente en el acto, celebrado al mediodía con la presencia, asimismo, del presidente de la Ciudad Autónoma, Juan José Imbroda, encargado junto al almirante de descubrir la placa conmemorativa, y de la delegada del Gobierno, Sabrina Moh, entre otras autoridades civiles y militares.
Había que darle realce a este reconocimiento tan merecido porque estamos hablando de marinos españoles que lucharon por mantener la españolidad de Melilla en tiempos tan convulsos como, por ejemplo, el asedio de los cien días, que comenzó en 1774 y concluyó el día de San José de 1775, del que se cumplieron 250 años en 2025; ellos fueron los que garantizaron la seguridad de las rutas marítimas con la península para mantener la plaza y los que, ya en el siglo XX, participaron en el Desembarco de Alhucemas, que fue el principio del fin de la guerra llamada Desastre de Annual.
Esta ciudad tiene la obligación de honrar a aquellos marinos, como recientemente hizo también con las tropas que protagonizaron el socorro de Melilla en 1921 y ese monumento situado junto a la Plaza de España, que pone de manifiesto que los melillenses están llamados a no olvidar nunca a los compatriotas que llegaron a auxiliar a una población aterrorizada ante lo que parecía inminente caída de la población en manos de los insurrectos de Abd-El-Krim.
Por eso es tremendamente necesario y justo tener memoria, hacerla tangible, real, y erigir este tipo de monumentos que dejan claro que no estamos aquí por arte de magia sino que, como españoles, somos el resultado de una historia que tejieron muchos héroes derramando su sangre a este lado del Mediterráneo.
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