El camino a la Aldea del Rocío no ha sido coser y cantar este año.
La lluvia y el frío han caído sobre los romeros y la hermandad melillense que anda por tierras onubenses ha sufrido el tiempo desapacible en sus carnes. Pero estos fieles de la Señora de las Marismas de Melilla afirman que han caminado con alegría y acompañados de amigos.
Ayer descansaban en la casa de la aldea. Como está en la calle principal y han colgado un cartel gigante con el nombre de nuestra ciudad, todo el que pasa por la puerta, entra para saludar. Los romeros han conocido a gente que ha hecho la mili en Melilla y otros que les parece curiosa esta hermandad. Esta madrugada, tras el rosario, la Virgen saldrá a la calle y pasará junto a estos melillenses.
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