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Susana Sueiro: "Como historiadores nuestra labor es analizar, interpretar y hacer avanzar el estudio de nuestro pasado"

Cien años después del Desembarco de Alhucemas, la historiadora repasa las claves políticas y militares que marcaron aquel episodio decisivo en la Guerra del Rif

La UNED de Melilla celebrará del 4 al 7 de noviembre el curso gratuito “El inicio del fin de la guerra rifeña: el desembarco de Alhucemas”, dirigido por la catedrática de Historia Contemporánea Susana Sueiro Seoane. Esta actividad abordará las causas, desarrollo y consecuencias de uno de los episodios clave en el desenlace de la guerra del Rif, con una visión que integrará tanto su dimensión militar como política, histórica y social.
- ¿Cuál era la situación del Rif antes del desembarco?
Sin duda en aquel momento España aún no se había recuperado del desastre que había supuesto el ataque de las cabilas o tribus rifeñas en Annual en el verano de 1921. Tras aquella aplastante derrota infligida a los españoles, Abd el-krim se convirtió en el más carismático y prestigioso líder político del norte de Marruecos. Si hasta entonces la oposición a la presencia española había sido desorganizada y fragmentada porque las cabilas, imbuidas de una fuerte identidad tribal, se dedicaban a combatirse también entre sí, Abd el-krim consiguió imponer su autoridad, gracias a sus considerables dotes de mando, su gran inteligencia política y su dominio de los métodos de propaganda. Estableció en el territorio marroquí la llamada República del Rif y durante los años siguientes combatió sin tregua a España.
En septiembre de 1923, el general Primo de Rivera llegó al poder y estableció su dictadura mediante un golpe de estado, en gran parte como consecuencia del problema marroquí. Una de sus más importantes promesas que hizo fue la de solucionar de una vez por todas aquella pesadilla.
Para tratar de reducir gastos y pérdidas humanas, lo que hizo el dictador Primo de Rivera en 1924 fue llevar a cabo un repliegue hacia la costa, hasta la llamada “Línea de Estella”, para limitar la ocupación del territorio, pero esa operación no tuvo el efecto deseado, no le permitió cumplir con el objetivo de reducir gastos y contingentes porque Abd el-Krim explotó entre las cabilas la retirada española del interior del protectorado como una nueva victoria y su prestigio aumentó aún más.
Primo de Rivera tuvo la suerte de que Abd-el-Krim, el líder del Rif, eufórico y más dispuesto que nunca a proseguir su lucha, cometió a continuación el error de atacar en abril de 1925 al protectorado francés. Francia fue cogida de sorpresa y sufrió grandes pérdidas de hombres, material y territorio, como antes le pasó a España. El ataque rifeño a los franceses fue un acontecimiento que supuso un giro radical en la política de Francia con respecto a España en Marruecos, que ahora pidió colaborar para acabar con un enemigo común.
- A nivel político anteriormente al desembarco de Alhucemas ¿Había desacuerdos en las posturas coloniales de España en África, concretamente en la zona del Rif?
Había grandes desacuerdos, para empezar, entre las dos potencias coloniales en Marruecos que eran Francia y España. Y dentro de España, desde luego la guerra del Rif era tremendamente impopular entre las clases populares y los partidos obreros, como el socialista o el anarquista, ya que a la Guerra del Rif iban a combatir principalmente soldados de las clases bajas, que no podían pagar la “cuota” o exención del servicio militar.
- ¿Cuáles eran los planes de la cúpula militar y cuál era la percepción de Primo de Rivera sobre ello?
El general Primo de Rivera llegó al poder en España con unas conocidas y arraigadas convicciones abandonistas que había manifestado públicamente. Creía que el protectorado español era un territorio ingobernable y carísimo de mantener. Pero, al igual que los gobernantes civiles que le precedieron, el dictador sabía que España no podía abandonar sin más Marruecos, puesto que ello sería una humillante declaración de impotencia de cara a las demás naciones de Europa y acarrearía a España un grave desprestigio internacional. Ensayó distintas vías para solucionar aquel problema, la llamada “cuestión marroquí”, como efectuar el repliegue hacia la costa, negociar unos términos de paz con Abd el-krim ofreciéndole una amplia autonomía en la zona rifeña, o pactar con las otras potencias coloniales alguna permuta de territorios (Ceuta por Gibraltar, con Gran Bretaña, o ceder el interior del protectorado español a Francia a cambio de Tánger), pero ninguna de estas vías parecían posibilidades reales de poner fin a la “pesadilla” de España en Marruecos.
El general Francisco Gómez Jordana, que fue uno de los máximos protagonistas de la política marroquí de la Dictadura, en sus memorias (La tramoya de nuestra actuación en Marruecos. Madrid, 1976), extendió el mito del estratega según el cual Primo de Rivera concibió el audaz e ingenioso plan de repliegue del año 24 para empujar a Abd el-Krim hacia el protectorado francés y forzar a Francia, tras el ataque rifeño, a proponer a España una colaboración militar. Algunos historiadores han dado crédito a esta tesis, pero la documentación archivística relativa al Marruecos español del Archivo General de la Administración (AGA), en Alcalá de Henares, obliga a desecharla por completo. Primo de Rivera no era el genial estadista que pretendieron sus panegiristas y no es cierto que concibiera un premeditado plan para obligar a los franceses a colaborar con los españoles. El dictador español era un gobernante pragmático, oportunista, atento a todas las posibilidades de solución que pudieran presentarse.
- ¿Por qué se lleva a cabo la maniobra militar en Alhucemas?
Tras el ataque rifeño a los franceses, por primera vez desde la constitución del protectorado Francia propuso a España una colaboración para intentar acabar con la resistencia rifeña. Para acordar una estrategia común, se celebró una Conferencia hispanofrancesa en Madrid en junio-julio de 1925. Era empresa muchas veces antes proyectada sin que ningún gobierno español se hubiese atrevido nunca a emprenderla. En esta ocasión, españoles y franceses la consideraron imprescindible para rebajar los exaltados ánimos del caudillo rifeño, cuyo prestigio entre las cabilas se encontraba en su cénit. El desembarco fue una operación combinada hispanofrancesa que se llevó a cabo en septiembre de 1925. A lo largo de este curso aprenderemos mucho sobre esta operación, los preparativos, cómo se llevó a cabo, cuál fue el papel de Sanjurjo o de Saro, la actitud del rey, etc.
La operación fue un gran éxito para la Dictadura y para el propio dictador. No es cierto, como aseguraron sus críticos, que sus éxitos fueran el resultado del azar, la casualidad y la suerte, o que todo sucediera en contra de lo previsto, ni que el desembarco en Alhucemas fuera un milagro, sino que, por el contrario, la operación estuvo minuciosamente preparada y las tropas estaban bien pertrechadas.
-¿Cómo finaliza la campaña y qué repercusiones militares, políticas y geopolíticas tuvo?
Más allá del desembarco de Alhucemas y la toma de Axdir (provincia de Alhucemas), lugar de nacimiento de Abd el-Krim y capital de la república rifeña, a Pétain, jefe de las operaciones en el Marruecos francés, le costó mucho convencer a Primo de Rivera para seguir contando con el concurso español y realizar en 1926 un esfuerzo militar extenso y profundo, de penetración en el interior del Rif. El éxito en Alhucemas y la insistencia francesa acabó orientando una solución al problema marroquí en un sentido opuesto al íntimamente deseado por Primo de Rivera. El dictador español -pragmático, oportunista, atento a todas las posibilidades de solución que pudieran presentarse- acabó aceptando la necesidad de continuar la campaña militar franco-española, la cual consiguió su objetivo: la rendición del jefe rifeño Abd el-Krim, que fue enviado al destierro a la isla de la Reunión. La subsiguiente tarea de sometimiento y desarme de las tribus se produjo con sorprendente rapidez. España volvió al territorio abandonado dos años antes y la zona se consideró pacificada en 1927, pero el mantenimiento del protectorado seguiría siendo una onerosa carga para la hacienda pública.
- Durante el siglo XX, las potencias europeas van retirándose de las colonias ¿Cómo afectó el movimiento anticolonial al Rif y qué consecuencias trajo la retirada de España?
La retirada española de Marruecos en 1956 significó la integración de la región del Rif al recién independiente Reino de Marruecos, eliminando el sistema de protectorado español y permitiendo que las estructuras de poder marroquíes, lideradas por Mohamed V, asumieran el control total del territorio, lo que generó un periodo de tensiones, incertidumbres y confusión en la población local.
-Conmemorar el centenario o no hacerlo se ha convertido en objeto de disputas y controversias ¿Por qué?
Sin duda, el desembarco fue una operación militar innovadora y decisiva que marcó el fin de la Guerra del Rif y consolidó la presencia española en Marruecos. No obstante, es un tema políticamente sensible porque se trata de debatir sobre un episodio asociado al colonialismo español en Marruecos en una época como la actual en la que muchas antiguas potencias coloniales de Europa, como Bélgica o Países Bajos, han impulsado procesos de revisión crítica de su pasado colonial y han emprendido acciones como la descolonización de museos coloniales. En España Vox aboga por reconocer el desembarco de Alhucemas como un hito militar y estratégico, mientras el Gobierno español ha optado por el silencio oficial para no herir sensibilidades con el reino de Marruecos y evitar la connotación colonial del acontecimiento.
- ¿Qué sentido académico se marcan desde la organización del curso en la UNED de Melilla al tratar de forma profunda y crítica estos acontecimientos, situándolos en su contexto histórico? ¿Por qué es relevante dotar de estudio a este hecho concreto?
Como historiadores nuestra labor es analizar, interpretar y hacer avanzar el estudio de nuestro pasado con las herramientas de que disponemos y con la distancia epistemológica que nos caracteriza, muy lejos de la manipulación política y la retórica de la exaltación. No queremos convertir la disciplina de la historia en un arma de combate y estamos lejos de negacionismos, revisionismos, sectarismos y guerras culturales. Por supuesto que debatimos, porque no en todos los aspectos que tratamos hay consenso historiográfico y nos podemos permitir confirmar o desmentir afirmaciones de otros historiadores aportando nuevas fuentes o enfoques, siempre desde un plano académico y especializado. Hemos convocado a algunos de los mayores especialistas en el tema que vamos a tratar, que han investigado en profundidad sobre los diferentes aspectos que se reflejan en el programa.

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