La muerte de un hijo es algo que difícilmente un padre o una madre olvida. A María Dolores Martín unos terroristas de ETA le arrebataron a Antonio Molina el 17 de diciembre de 2002, cuando, durante un control, el guardia civil melillense fue abatido a tiros por Jesús María Etxeberría, quien, junto a Gotzon Aranburu, acababa de cargar 180 kilos de explosivos cerca de Collado Villalba.
Ahora, casi 22 años después de aquello, el Gobierno se ha propuesto llevar a cabo la reforma de la ley orgánica 7/2014, y, pese a haber sido rechazada en el Senado, será aprobada a su vuelta al Congreso de los Diputados y un total de 44 presos de la banda terrorista serán excarcelados antes de lo que se esperaba al computárseles los años de prisión que hayan cumplido en Francia.
A María Dolores le parece “fatal” que a los terroristas se les vaya a descontar el tiempo en la cárcel en otros países. Recuerda que, “precisamente”, uno de los asesinos de su hijo estaba en libertad porque lo había dejado un juez “cuando tenía que estar en la cárcel”.
Así, es inevitable que lo que se está viviendo le resulte “muy duro” y que le afecte “muchísimo”, hasta el punto de que lleva tres días enferma y precisamente este martes por la mañana ha tenido que acudir a Urgencias por fiebre
Como ella dice, “son sensaciones y emociones muy fuertes” que se agravan todavía más cuando ve el escenario.
“Mezclar el dolor, la sangre y el sufrimiento con trifulcas políticas, sinceramente, es horroroso. Me hace mucho daño. Me duele. Es como si me clavaran un puñal”, expresa en relación a las confrontaciones que esta medida está provocando entre los partidos políticos en las Cortes. “¡Ay, qué dolor más fuerte, qué daño más grande y qué ingrato es que me utilicen o que manipulen el dolor tan grande de las familias!”, exclama con honda pena.
Si se encontrara de frente con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con los miembros del Ejecutivo o con los diputados, les diría “lo que cualquiera diría cuando te quitan el derecho a la vida de un hijo: si fuese su hijo, ¿usted lo permitiría? Si fuese su hermano o un familiar, ¿usted cómo lo vería?”.
Por ello, María Dolores no duda en pedirles “que tengan conciencia” y que no empleen este tipo de iniciativas sólo para mantenerse en el poder. Y repite que ha habido “mucha sangre derramada de muchos inocentes”, pese a lo cual los políticos están “todavía manipulando el sistema”. “Es injusto y cruel que, por querer tener el poder, se haga daño indiscriminadamente”, añade, y esto le lleva a afirmar que “tenemos a terroristas en el Gobierno, a muchos asesinos, claro que sí, y eso no es permisible”, por lo que lo único que pide es “que no hagan más daño”.
Ella dice que no tiene nada que perdonar a los asesinos de su hijo, porque “sólo puede perdonar Dios” y, además, “ya los ha perdonado la Justicia injusta”. Y, aunque María Dolores cree “en la paz y en el amor hacia los demás”, insiste en “que todo criminal y asesino cumpla su condena y no salga a la calle hasta haberla cumplido”.
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