La plaza Pedro de Estopiñán se convirtió este viernes 22 de agosto en un gran escenario al aire libre con motivo del concierto de Sheila Blanco y Federico Lechner ‘Tango Jazz Trío’, que presentó su nuevo proyecto titulado 'Los mareados'. El ciclo Música a la Luna, que cada verano acerca propuestas artísticas de primer nivel a la ciudadanía, volvió a reunir a más de cien personas en una velada marcada por la emoción, el virtuosismo y la complicidad entre artistas y público.
Desde el inicio de la tarde, la plaza fue tomando un aspecto especial. Sillas ordenadas, vecinos acomodándose, familias con niños y grupos de amigos configuraban un ambiente festivo que anunciaba una noche singular. El espacio habitual de encuentro social se transformó en escenario cultural, con la música como protagonista.
A la hora prevista, el silencio se apoderó del público, expectante ante los primeros acordes. Sobre el escenario, Sheila Blanco desplegó su inconfundible voz: cálida, flexible y capaz de pasar de la intimidad a la fuerza arrolladora en cuestión de segundos. A su lado, Federico Lechner, pianista argentino afincado en España, ofreció una interpretación elegante y versátil, en la que el tango clásico y la libertad improvisadora del jazz se entrelazaron sin fisuras. El trío se completó con contrabajo y batería, aportando solidez rítmica y frescura en los pasajes de improvisación.
El repertorio giró en torno a 'Los mareados', un proyecto que toma como punto de partida uno de los tangos más célebres y que se convierte en símbolo de una propuesta más amplia: tender puentes entre tradición y modernidad. A lo largo de la actuación, desfilaron versiones renovadas de piezas emblemáticas del género rioplatense, enriquecidas con arreglos jazzísticos que ofrecían una mirada nueva sobre melodías profundamente conocidas. La libertad de la improvisación convivía con la carga emocional del tango, logrando un resultado sorprendente y coherente.
El público respondió con atención y entusiasmo. Hubo momentos de silencio absoluto, en los que cada nota parecía suspendida en el aire, y otros en los que la energía de los músicos provocaba aplausos espontáneos a mitad de tema. La plaza, iluminada bajo la luna de verano, se convirtió en un espacio de comunión artística, donde la complicidad entre intérpretes y asistentes resultaba palpable.
El concierto no solo supuso la presentación de un nuevo trabajo, sino también la confirmación de dos trayectorias consolidadas. Sheila Blanco (Salamanca, 1982) es una de las voces más versátiles del panorama actual. Cantante, pianista y divulgadora cultural, se ha ganado el reconocimiento del público con proyectos como Bioclassics, las conocidas cápsulas en redes sociales donde relata en clave musical las biografías de compositores clásicos. También ha destacado con su disco Cantando a las poetas del 27, en el que musicaliza versos de autoras como Concha Méndez o Ernestina de Champourcín, contribuyendo a la difusión de la obra de mujeres fundamentales de la literatura española.
Blanco combina su labor de intérprete con la de comunicadora, habiendo participado como colaboradora en programas de radio y televisión, siempre con el objetivo de acercar la música al gran público. Su versatilidad le permite moverse con soltura por géneros como el jazz, el pop, la música clásica o la canción de autor.
Por su parte, Federico Lechner es un pianista de origen argentino con una larga trayectoria en España. Conocido por su maestría a la hora de fusionar estilos, ha desarrollado el proyecto Tango Jazz Trío, con el que lleva más de quince años explorando la relación entre ambos géneros musicales. Con este formato ha publicado varios discos, entre ellos Gardelería, galardonado con el Premio Gardel al mejor álbum de tango alternativo en 2015.
Su colaboración con Sheila Blanco, iniciada hace varios años, ha dado como fruto una propuesta en la que confluyen la expresividad vocal de la cantante y el virtuosismo instrumental del pianista. 'Los mareados', su último trabajo conjunto, refleja esa unión y abre un nuevo capítulo en su carrera.
La presentación de este proyecto en la plaza Pedro Estopiñán fue recibida con entusiasmo. Los asistentes disfrutaron de un concierto que se movió entre la intimidad de las baladas y la energía de los pasajes más rítmicos. La versatilidad de Blanco y Lechner permitió que cada pieza se convirtiera en un viaje sonoro distinto, sin perder la coherencia de un proyecto definido por la fusión y la experimentación.
El ciclo Música a la Luna, que lleva años apostando por propuestas singulares, volvió a cumplir su objetivo de acercar experiencias musicales de calidad a un espacio público cargado de simbolismo. La plaza, convertida en escenario y punto de encuentro, reforzó su condición de corazón cultural de la ciudad durante una noche en la que la música fue protagonista absoluta.
Cuando el concierto llegó a su fin, los aplausos prolongados y la emoción en los rostros confirmaban la satisfacción de los asistentes. No se trató solo de una actuación musical, sino de una experiencia compartida, en la que la comunidad se unió en torno a un lenguaje universal: la música.
La velada quedará en la memoria como una de las citas más destacadas del verano. Con su proyecto Los mareados, Sheila Blanco y Federico Lechner Tango Jazz Trío ofrecieron en Estopiñán un ejemplo de cómo la tradición puede renovarse sin perder su esencia, y de cómo la música es capaz de transformar un espacio cotidiano en un escenario mágico.
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