Desde hace más de dos siglos —tiempo que lleva celebrándose el sorteo de Navidad en España— Melilla sigue siendo, con frustración para muchos de sus habitantes, la única región del país a la que nunca le ha tocado ‘El Gordo’. La ilusión se extiende por todo el país cada 22 de diciembre, con la esperanza de tener entre las manos un décimo ganador de la Lotería de Navidad. Sin embargo, algunos lugares todavía esperan a que la suerte les sonría, y Melilla encabeza la lista.
Mientras ciudades como Madrid han saboreado la suerte del primer premio en decenas de ocasiones, Melilla permanece sin registro alguno de un ‘Gordo’. Mucho más que una estadística es una especie de karma colectivo, una creencia compartida de que “aquí no toca”. Y no se trata solo del primer premio. En los sorteos recientes, cuando la suerte ha sonreído a muchas provincias, Melilla ha vuelto a quedarse fuera.
El gasto en esta tradición es particularmente bajo en este territorio. En 2023, los melillenses destinaron apenas 17 euros por habitante, el menor de todo el país. En total, se vendieron poco más de 7.000 décimos, frente a los más de 16 millones y medio vendidos en toda España. La consignación —es decir, la lotería distribuida— por habitante de Melilla también es bastante baja, en torno a 17 por persona, muy lejos de la media nacional, que llega a casi 74. Comunidades como Castilla y León y Asturias superan ampliamente esos números, con más de 117 y 115 por habitante, respectivamente.
En Melilla, hay quien sin tapujos dice que, "aquí no toca nada. Ni el gordo, ni el flaco, ni el medio."
Y aunque algunos confiesan seguir jugando —unos siempre con el mismo número y otros alternando—, reconocen que “raro es” quien lo hace desde Melilla. Muchos optan por comprar décimos de otras ciudades para tener más papeletas de que les toque.
Aurora, la lotera de la administración 'Las chicas de oro' coincide en que este año la venta en Melilla “va un poquito flojita. La gente parece que no tiene ganas de comprar. O están esperando”. Y admite que la clientela local es poco habitual; más allá de supersticiones sobre números como el 13 no hay tradición fuerte de décimo fijo entre muchos melillenses.
"Algún año tiene que tocar. Si no vendemos lotería aquí en Melilla, ¿cómo vamos a dar premios? Primero hay que vender y que sea nuestra", dice la lotera.
Ese desinterés alimenta la sensación de que la ciudad está “gafada”. Con pocas esperanzas, pero también con poca participación.
Sin embargo, la ilusión sigue latente. Quienes juegan no lo hacen solo por dinero, sino por un sueño. “Pagar mi casa, ayudar a mis padres y repartirlo con mis hijos”. Sueños humildes, pero sinceros. Pequeños deseos de cambio, de alivio, de estabilidad.
En medio del pesimismo por la historia, persiste la chispa de esperanza que renace —como cada año— en cada décimo comprado.
Melilla no está sola en la lista de ciudades históricamente rezagadas. Además de la ciudad autónoma, Tarragona y Ávila tampoco han celebrado nunca la llegada del primer premio. Aunque las capitales no han sido afortunadas, en ambas provincias la suerte sí ha llegado a algunos municipios. Hasta 2022, Girona, Jaén y Toledo también formaban parte de este grupo, pero la fortuna les sonrió en 2023, cuando el Gordo estuvo especialmente repartido y llegó por fin a estas ciudades.
Estos datos muestran que, incluso cuando las capitales quedan al margen, la suerte puede aparecer en sus provincias, y que la historia puede cambiar de un año a otro. Quien dice que 2025 no sea el año afortunado para Melilla.
El “Gordo” siempre ha esquivado Melilla pero eso no ha impedido que algunas administraciones melillenses hayan repartido premios menores —quintos, cuartos, reintegros— pero nunca el gran premio.
En ese sentido, aunque la “mala suerte” del primer premio sigue vigente, el sorteo no deja indiferente a todos. Hay pequeños pellizcos que mantienen viva la tradición y la esperanza, aunque sea a otro nivel.
Hay quien dice que si este año toca espera, “que sea para alguien que lo necesita de verdad”. Hay quien no espera nada, “porque con tantos números…” Y otros que, aun así, guardan un décimo como amuleto simbólico, más por tradición que por esperanza.
Muchos coinciden en que, de tocar, no cambiaría sus vidas de modo radical. Unas obras en casa, un viaje extraordinario, ayudar a la familia… lo suficiente para cambiar el día a día.
Y en esos sueños cabe también el compartir. Repartir con familiares y sobre todo aliviar necesidades inmediatas.
Así, para muchos melillenses, “El Gordo” —aunque lejano— representa algo más que dinero. Una posibilidad de celebrar algo que aún no han vivido.
Melilla porta con dignidad su “maldición” navideña de ser la única región de España que nunca ha visto caer “El Gordo”. Pero no por eso se rinde.
En cada administración donde se venden décimos está la resistencia a la resignación. La lotería —más allá del premio— sigue siendo un ritual navideño que une, aunque no reparta millones.
Y aunque las estadísticas no estén de su lado, los melillenses siguen guardando ese décimo con esperanza, modestia y, sobre todo, solidaridad. Porque tal vez, algún día, la suerte tenga a bien cambiar de paisaje. Y si 2025 es el año, la ciudad por fin podrá celebrar un Gordo que se ha hecho esperar más de dos siglos.
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