Sandra Ávila transforma el grafito en un puente entre las personas y la naturaleza

Sus dibujos, de gran realismo, combinan figuras humanas con animales y elementos naturales para recordarnos algo esencial: volver a mirar, volver a sentir, volver a conectar

La exposición colectiva Miradas de Mujer, organizada por la Fundación Baleària en el Real Club Marítimo de Melilla y disponible hasta el 7 de diciembre, reúne la obra de diversas artistas contemporáneas. Entre ellas se encuentra Sandra Ávila, una autora autodidacta cuya propuesta artística gira en torno a la conexión entre el ser humano y la naturaleza a través de un trabajo meticuloso de grafito, realismo y sensibilidad.

Sandra presenta en esta muestra tres obras protagonizadas por figuras femeninas que dialogan, en su composición, con elementos del mundo natural. La combinación de figuras humanas con animales o vegetación no responde a un recurso estético, sino a una necesidad expresiva y reflexiva que ha acompañado a la autora desde sus inicios. Sus dibujos nacen a partir de miradas. Literalmente. La mirada de una mujer, de un niño o de un animal es lo que despierta su inspiración. “Normalmente elijo las fotografías por las miradas o un gesto… siempre es la mirada, sea del animal o de la persona”, explica la artista. Es esa expresión —emocional, penetrante, intuitiva— la que conecta a Sandra con la imagen y la lleva a imaginar una escena donde conviven la especie humana y la fauna.

El punto de partida siempre es emocional, y el resultado es una imagen que busca impactar desde la sutileza, desde la empatía, desde una forma de mirar el mundo con profundidad. “Muchas veces vemos, pero no miramos. Es muy diferente ver a mirar. Es importante mirar con el alma, tener compasión, empatía hacia lo que estás viendo”, reflexiona. En sus composiciones, el espectador se enfrenta a la profundidad de unos ojos que invitan a detenerse y observar la profundidad con la que penetran en la retina, preguntándonos qué observa, qué siente.

Ávila comenzó a dibujar hace apenas ocho años, tras ver por casualidad una fotografía que la conmovió. A pesar de no tener formación artística, fue desarrollando su técnica de forma autodidacta, aprendiendo a base de ensayo y error, observación y dedicación constante. Su trabajo actual es un ejemplo de realismo minucioso, donde cada sombra, cada pliegue y cada gesto están cuidados al detalle. Trabaja principalmente con lápiz grafito, utilizando distintas durezas para lograr matices de sombra y volumen. También emplea polvo de lápiz y, en algunos casos, pastel, especialmente cuando necesita reforzar la oscuridad en determinadas zonas. Esta combinación le permite alcanzar un nivel de realismo que sorprende por su fuerza visual y carga expresiva.

Además, en una de las obras que expone en esta muestra en Melilla ha incorporado, por primera vez, la técnica de collage con flores secas. Esta decisión surge de su intención de vincular aún más el contenido de la obra con la naturaleza. Es un gesto simbólico y físico, incorporando materia orgánica al papel para reforzar la conexión que defiende la intencionalidad de su arte. El resultado la ha convencido tanto que ya trabaja en una nueva colección basada en este mismo principio: obras que combinan dibujo y elementos naturales reales para crear un lenguaje visual más directo, más sincero, más vivo.

Fotografía de Sandra Ávila
Fotografía de Sandra Ávila

Para Sandra Ávila, su obra tiene una misión clara: reconectar. Reconectar al ser humano con su entorno, con la naturaleza, con otras especies, pero también con sus propias emociones y con sus semejantes. Sus retratos, generalmente protagonizados por mujeres y niños, casi nunca por hombres, están acompañados de animales con los que la figura dialoga, establece una simbiosis, una relación expresiva seleccionada a conciencia. La artista, muy comprometida con la causa animalista y la conservación del medioambiente, explica que su trabajo busca recuperar la empatía perdida. “Yo sufro mucho con la crueldad animal. Cuando veo una conexión real entre un animal y una persona me conmueve… Y eso es lo que quiero transmitir”, afirma. Sandra Ávila comprende que vivimos desconectados, pisando asfalto, sin tocar la tierra, ignorando lo que nos rodea. Y esa desconexión nos está volviendo insensibles.

A través de sus obras, pretende lanzar un recordatorio visual de lo que somos: parte de un todo, parte de un ecosistema que hemos olvidado. Cada obra es un ejercicio de reflexión. No hay improvisación en la selección de imágenes, ni en el vínculo entre figura y animal. Sandra encuentra en una mirada, un gesto o una acción, un significado que le permite conectar figuras, relacionando significados entre el ser humano y la fauna. A partir de ahí construye una escena donde encaja las figuras no solo buscando la belleza estética, el realismo pulcro, sino la conexión. Son obras que, desde el dibujo realista, plantean una crítica sutil pero firme a la desconexión del ser humano con su entorno.

A pesar de la calidad de su trabajo y de su evolución constante, Sandra confiesa que nunca pensó en exponer. Fue su familia quien la animó a mostrar sus dibujos, primero en Ceuta, y más adelante, en colaboración con la Fundación Baleària, lo que le ha permitido participar en muestras colectivas como esta de Miradas de Mujer. Desde entonces, ha recibido encargos y ha consolidado una carrera artística que sigue construyendo con humildad y compromiso. Se considera muy crítica con su obra: a cada dibujo le encuentra fallos, oportunidades de mejora. Pero esa exigencia forma parte del proceso que vive con entusiasmo. Porque para ella, dibujar no es solo una tarea, es una forma de vivir, de expresarse, de sanar y de comunicar aquello que a veces no encuentra palabras.

El arte, para ella, es libertad, evasión, conexión. “Disfruto. Me evade. Me puedo pasar cinco horas dibujando y no darme cuenta. Y en ese tiempo solo pienso en cómo lograr que cada arruga, cada sombra, cada expresión tenga el impacto que busco”, dice. La obra de Sandra Ávila destaca por su capacidad de transmitir desde lo esencial: un rostro, una mirada, una emoción. Y, al mismo tiempo, plantea una pregunta silenciosa pero poderosa: ¿cuándo dejamos de mirar de verdad?

Hasta el 7 de diciembre, las personas que se acerquen a esta muestra podrán descubrir no solo el trabajo técnico de una artista en plena evolución, sino también una propuesta estética y ética que busca tocar algo profundo. Porque lo que Sandra Ávila dibuja, más allá del papel, es esa conexión que todos llevamos dentro y que a veces, simplemente, hemos olvidado.

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