El Día de San Valentín vuelve a situarse en el calendario como una de las fechas más simbólicas para las parejas. Flores, cenas especiales, escapadas románticas y regalos cargados de significado forman parte del imaginario colectivo que rodea al 14 de febrero, que además, este año, coincide en fin de semana. Sin embargo, en Melilla, la tendencia parece clara: este año el romanticismo se vive más cerca de casa que nunca.
Lejos de grandes desplazamientos o viajes organizados, los melillenses apuestan mayoritariamente por planes íntimos dentro de la ciudad, mientras que los packs de viajes diseñados específicamente para San Valentín mantienen una demanda discreta. Así lo confirman desde el sector turístico, donde se percibe un comportamiento diferente entre quienes salen y quienes llegan a la ciudad.
Desde África Travel explican que, de forma puntual, reciben propuestas de packs especiales para San Valentín que incluyen hoteles, spas, cenas románticas o experiencias gastronómicas. Se trata de productos diseñados para parejas que buscan una escapada corta y cuidada, normalmente durante un fin de semana.
No obstante, señalan que este tipo de paquetes no suele tener una demanda elevada entre los melillenses. Aunque existen y están disponibles, no se convierten en una opción mayoritaria a la hora de celebrar el Día de los Enamorados.
Cabe destacar que el perfil del melillense, tiende a valorar más otros factores como la cercanía, el ahorro económico o la personalización del plan, frente a la contratación de un pack cerrado con motivo de una fecha concreta.
Frente a la escasa demanda de viajes por parte de los residentes, África Travel sí ha detectado movimiento en sentido contrario. La agencia tiene constancia de reservas de turistas que viajan desde la península a Melilla durante el fin de semana de San Valentín gracias a los bonos turísticos.
Estas visitas responden a un interés creciente por descubrir la ciudad como destino cultural, gastronómico y diferente, especialmente para escapadas cortas. Melilla ofrece una combinación singular de historia, modernismo, mar y gastronomía que resulta atractiva para parejas que buscan algo distinto a los destinos más saturados.
El comportamiento de los melillenses en San Valentín refleja un cambio más amplio en la forma de celebrar fechas señaladas. Cada vez se valora más el tiempo compartido, la intimidad y las experiencias personalizadas frente a los regalos materiales o los desplazamientos.
Factores como el coste económico, la logística de los viajes o la necesidad de planificar con antelación influyen en esta decisión. A ello se suma una tendencia social que prioriza el bienestar emocional y la conexión en pareja, incluso dentro del propio entorno urbano.
Restaurantes, hoteles locales, paseos por la ciudad, cenas en casa o pequeños detalles personalizados ganan terreno frente a los viajes exprés.
Para conocer de primera mano cómo piensan celebrar los melillenses el Día de los Enamorados, El Faro ha salido a la calle a preguntar si los ciudadanos si tienen previsto viajar o si prefieren quedarse en la ciudad.
Las respuestas confirman la tendencia detectada por el sector turístico: la mayoría no viajará y apuesta por planes locales.
Laura explica claramente su elección. "No tengo pensado viajar. Para mí San Valentín es más una cena tranquila, algo íntimo, disfrutar de la compañía. En la ciudad hay buenos restaurantes y no hace falta irse fuera para hacer algo especial".
Miguel coincide con esta idea y añade un componente emocional. "Prefiero algo sencillo, un plan romántico aquí. Al final, viajar puede salir caro y se pierde la esencia. San Valentín no va de gastar mucho dinero, va de estar juntos".
Carmen también descarta hacer las maletas y apuesta por un plan más personal. "Nos quedamos en Melilla. Quizá una cena especial en casa pero viajar, no. Me parece más romántico algo hecho a medida que un pack cerrado".
Aunque la mayoría opta por quedarse, hay quien sí ve en San Valentin una oportunidad perfecta para sorprender con un viaje. Alejandro, que tiene claro su plan para este año.
"Yo no me voy de viaje pero sí voy a regalar un viaje para realizar en otra fecha. Es una sorpresa y me parece una forma muy bonita de celebrar San Valentín, salir de la rutina y compartir unos días juntos", cuenta.
Este tipo de decisiones, aunque menos frecuentes, siguen estando presentes y suelen responder a un perfil concreto: parejas que buscan una experiencia especial, con mayor capacidad de planificación y presupuesto, y que entienden el viaje como un regalo emocional más que material.
Uno de los factores clave que explica la baja demanda de packs de San Valentín es el económico. Viajar en fechas señaladas suele implicar precios más elevados, tanto en transporte como en alojamiento. Para muchas parejas, este sobrecoste no compensa frente a otras opciones más accesibles.
Además, San Valentín llega a mitad de mes y fuera de los grandes periodos vacaciones, lo que dificulta la planificación laboral. Esto hace que muchas personas opten por planes que no requieran permisos, desplazamientos largos ni una organización compleja.
Desde el ámbito sociológico se observa que San Valentín ha dejado de ser una fecha "obligatoria" para celebrar con grandes gestos. Cada vez más parejas reinterpretan el día a su manera, alejándose de modelos comerciales y optando por celebraciones más auténticas.
Este cambio refleja claramente en la actitud de los melillenses, que prefieren decidir cómo y dónde celebrar sin sentirse condicionados por ofertas específicas o expectativas externas.
Aunque los packs de viajes no tengan una gran demanda, el sector turístico local sí se beneficia indirectamente de esta tendencia. Hoteles, restaurantes y espacios de ocio en Melilla encuentran en San Valentín una oportunidad para ofrecer experiencias adaptadas a parejas que deciden quedarse.
Cenas temáticas, menús especiales, escapadas urbanas o servicios personalizados permiten dinamizar la economía local y reforzar la imagen de la ciudad como un lugar adecuado para celebraciones románticas.
El San Valentín de este año dibuja en Melilla un escenario distinto al de otras épocas. La celebración del amor se inclina hacia lo cercano y lo esencial, con menos desplazamientos y una mayor carga simbólica en los gestos compartidos.
Mientras los packs de viajes siguen teniendo un papel secundario y muchos residentes apuestan por planes dentro de la ciudad, Melilla adquiere un protagonismo especial como lugar de encuentro para quienes llegan desde la península atraídos por su singularidad, su mezcla cultural y la posibilidad de vivir una experiencia diferente en una fecha marcada por el significado emocional.
En este contexto, el romanticismo se aleja de las grandes escapadas y se transforma en algo más íntimo y personal. Cenas cuidadas, paseos sin prisas, pequeños detalles y tiempo de calidad ganan peso frente a los viajes rápidos y los planes cerrados. La celebración se centra menos en el destino y más en la experiencia compartida, en la cercanía y en el valor de estar presentes. Porque celebrar el amor no siempre implica recorrer kilómetros ni hacer grandes desembolsos; en muchas ocasiones, quedarse, compartir y dedicar tiempo sincero se convierte en el gesto más significativo.
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