Rontomé pronostica que los menores marroquíes seguirán intentando llegar a España

Prevé que Ceuta se verá más afectada que Melilla por estar más cerca de la península y de grandes urbes

El vicepresidente segundo del Gobierno de Ceuta y director del centro asociado de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) en la ciudad caballa, Carlos Rontomé, publicó una tribuna, el pasado día 18 de agosto, en el periódico El Debate, donde, con el título ‘El problema de los menores marroquíes’, advierte de que, como el Gobierno del país vecino es “incapaz” de cuidar de la infancia, la emigración es su única solución.

Recuerda Rontomé que, al menos desde el punto de vista del cuidado de los jóvenes, Marruecos es un estado fallido, especialmente desde la década de los 80, cuando comenzó “una grave crisis social y familiar que ha ido en aumento” y que afecta a un gran número de niños.

Según sus cálculos, unos 300.000 menores viven en las calles, principalmente en grandes ciudades como Casablanca, Marrakech, Tetuán o Tánger. Como doctor en Ciencias Políticas y Sociología, Rontomé atribuye este hecho a “los elevados niveles de pobreza y exclusión de sus entornos, la falta de escolarización y la descomposición familiar”. En este sentido, cuenta que la falta de recursos básicos les impulsa a abandonar sus hogares, a veces con el consentimiento de sus familias -muchas de ellas “en descomposición o con problemas de violencia, malos tratos y abuso”-, para buscarse la vida en las calles.

El abandono temprano del colegio es otro problema para ellos, con un escaso control de la escolarización por parte de las autoridades marroquíes.

A ello se une, apunta Rontomé, el crecimiento de las rupturas matrimoniales y familias reconstituidas que expulsan de la casa a parte de estos menores. Según la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH), la mitad de los niños que nacen en Marruecos sin padre conocido acaban en las calles y, de cada diez familias que se rompen, una de ellas acaba con los niños en la calle.

Además de la pobreza, el dirigente popular menciona otros peligros a los que están expuestos esos menores: abusos, prostitución, consumo de drogas, mendicidad, acoso de las autoridades y estigmatización social.

Visto el panorama, la emigración es, para ellos, su “esperanza” y su “solución”, dado que el Estado marroquí no acomete políticas públicas adecuadas -o no las dota presupuestariamente- ni existe una legislación que respalde a estos menores en situación de exclusión social y familiar.

Rontomé cita una encuesta del año 2024, según la cual el 55 por ciento de los jóvenes quiere emigrar, lo que, en su opinión, es sintomático de “la incapacidad del Estado marroquí para cubrir las necesidades básicas de su población”. Ese porcentaje, añade, se eleva al cien por cien en el caso de los niños que viven en la calle: “Emigrar es para ellos la única solución para alcanzar ese paraíso que intuyen en los medios de comunicación y las redes sociales”.

Toda esta crisis interna en Marruecos también tiene, por tanto, consecuencias para los países limítrofes, y en especial para España, que, apunta el director de la UNED ceutí, “se ha convertido para estos menores en El Dorado, en el sueño que todos desean alcanzar”.

Por ello, Rontomé pronostica que España seguirá recibiendo, cada vez más, oleadas de menores que huyen de esas pésimas condiciones, bien en grandes cantidades o en “goteos constantes”, en función del control de la emigración que aplique en cada momento Marruecos, que tiene a emplear “unas políticas de vaivén que discurren entre el control absoluto y la laxitud evidente”, dependiendo del momento político de las relaciones con España.

Por supuesto, esos menores van a preferir siempre estar en España, en las condiciones que sea, por muy precarias que puedan parecer, porque siempre serán mejores que las que tienen en Marruecos.

Así, Rontomé prevé que esos menores seguirán llegando en grandes cantidades a Ceuta -por su cercanía a grandes urbes como Tetuán o Tánger y a la península- y, en menor medida, a Melilla, “más alejada y aislada” y sin grandes urbes cerca de ella, si bien en Beni Enzar y en Nador también es corriente ver a los niños solos por la calle buscándose la vida.

Entonces, si a la “incapacidad” del Estado marroquí se le suma la utilización de la emigración como medida de presión -en lo que se conoce como estrategias híbridas- y que “Marruecos es un vecino incómodo que nos percibe como enemigos y al que España, por el contrario, sólo observa como problemático”, Rontomé concluye que hay dos “víctimas” de esta situación: por un lado, los menores marroquíes y, por el otro, la sociedad española, “que tendrá -y ya lo está haciendo- que asumir el problema como propio".

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