La joven escultura madrileña Elena Egea
La guinda del proceso creativo la alcanza cuando comprende que algo que ha creado está ayudando a otras personas a conectar con su espiritualidad. Sus esculturas generan sentimientos profundos en quienes las contemplan que llevan a rezar, a tener una conversación íntima. El arte religioso le ofrece este tipo de experiencias. El Faro de Melilla entrevista a Elena Egea, joven escultora madrileña.
-Un escultor transforma la materia para expresar emociones, ideas o formas en espacios físicos utilizando técnicas como el tallado o el modelado, el vaciado o fundición. ¿Qué escultor admira?
-Para mí, Miguel Ángel es el escultor por excelencia. Aun así, dependiendo del momento, voy fijándome más en unos artistas que en otros, según cómo evoluciona también mi propio trabajo. Si tuviera que quedarme con alguno, probablemente elegiría a Miguel Ángel, pero también me gusta mucho Cánova, así que en realidad es difícil escoger solo uno. En cualquier caso, como se puede ver, todas mis referencias se sitúan dentro de la escultura figurativa, el estilo con el que más me identifico.
-Miguel Ángel dijo que “cada bloque de piedra tiene una estatua en su interior y es tarea del escultor descubrirla”. ¿Cuando empezó a hacer esculturas, es decir, sentir que lo suyo era descubrir estatuas...?
-Empecé con la escultura en la carrera. Es verdad que desde muy pequeña me han encantado todas las manualidades, la asignatura de plástica en el colegio me encantaba. Siempre me ha gustado mucho dibujar, copiaba mucho láminas de dibujos, mi padre dibuja muy bien y siempre he dibujado y he hecho como pues pequeñas manualidades y tonterías en casa. De hecho yo empecé Bellas Artes porque me gustaba mucho dibujar y cuando entré en primero de carrera y me encontré con el trozo de barro, me enamoré. Y desde ahí empecé a hacer escultura, y ya toda la carrera ha sido enfocada a la escultura, mi Erasmus y todos los estudios que he hecho fuera de España, en Italia, también han sido de escultura.
-“Vi el ángel en el mármol y tallé hasta que lo puse en libertad”, dijo Miguel Ángel, quien tenía la belleza en su mente y sus ojos la veían por doquier. Usted da vida a una Virgen embarazada o un Jesús escribiendo en la tierra… ¿Usted ve en el bloque la escultura religiosa antes de empezar a esculpir?
-Soy creyente y practicante. Cuando realicé mi trabajo de fin de grado, dirigido por un profesor mío, Javier Martínez, que además se dedica a la escultura sacra, sentí el deseo de crear una obra religiosa. Se me presentó la oportunidad y decidí empezar. Finalmente, el trabajo tuvo muy buena acogida y confirmé que la escultura religiosa es un ámbito que me gusta especialmente desarrollar.
-El Papa Benedicto XVI escribió: “Queridos artistas: vosotros sois los guardianes de la belleza, gracias a vuestro talento tenéis la posibidad de hablar al corazón de la humanidad”. Cada momento tiene su sensibilidad espiritual. Creo que con sus esculturas conecta con la gente la gente de hoy. ¿Qué le parece?
-La representación de pasajes del Evangelio no hechos tiene la capacidad de ampliar la narrativa religiosa, abordando aspectos menos explotados, pero igualmente significativos. Esto no solo enriquece el patrimonio iconográfico de la Iglesia, sino que también ofrece a los fieles nuevas perspectivas sobre su fe y su tradición. Al presentar historias y momentos que han sido tradicionalmente menos representados, se fomenta una comprensión más completa de la espiritualidad y la religiosidad cristiana. La aportación de nuevos lenguajes ofrece obras mucho más complejas, más conectadas con la contemporaneidad y con la sociedad, haciendo de lo simbólico y de su intención significativa su característica principal.
-Vivimos en un mundo visual, donde todo se representa con imagenes. Usted hace un arte sacro, que lleva a las personas a rezar. ¿Qué siente cuando alguien reza ante la imagen que ha creado?
-Es un sentimiento muy extraño. A mí me enorgullece mucho. Todavía no me acostumbro (y no creo que lo haga). Cuando, por ejemplo, he expuesto la imagen de la Virgen embarazada en la Parroquia de Santa María de Caná y también en otras parroquias de Madrid, como la Parroquia Nuestra Señora de la Luz o en mi propia parroquia, Parroquia Santa María del Pinar, la sensación ha sido muy especial. Es algo difícil de explicar: por un lado resulta sorprendente, pero al mismo tiempo es muy bonito, porque al final se trata de un trabajo que ha salido de ti. De repente ves a personas que realmente se emocionan. Recuerdo especialmente la experiencia en Caná: había gente que se acercaba a tocar la imagen, se arrodillaba o incluso le daba besos. Comprendes entonces que algo que has creado tú está ayudando a otras personas a conectar con su espiritualidad. Para mí, eso es como la guinda del proceso creativo; me parece algo espectacular. Creo que este tipo de experiencia solo puede ofrecerla el arte religioso: son imágenes que, de una manera difícil de explicar, generan sentimientos profundos en quienes las contemplan y les ayudan a rezar, lo cual me parece verdaderamente impresionante.
-Usted ha renovado el arte sacro sin perder la esencia. La Virgen embaraza del Espíritu Santo con cierta incertidumbre, con tensión emocional que ha esculpido, es preciosa. ¿Qué esculturas religiosas ha hecho hasta el momento y dónde se veneran?
-He hecho muchas imágenes religiosas para encargos personales. Públicas solo tengo el Cristo escribiendo en la tierra que se encuentra en el Seminario Mayor de Toledo y una copia de la Virgen en el hogar Nazaret, que es un hogar de rescate para niñas y niños del Amazonas peruano. Estas están expuestas permanentemente. Temporalmente desde hace tres años durante el período de Adviento la Virgen Embarazada se expone en diferentes parroquias en Madrid, la última ha sido en Santa María de Caná en Pozuelo de Alarcón. Y esta Navidad estuvo expuesto el Niño Jesús que hice en la Iglesia de la Universidad Francisco de Vitoria en Madrid.
-¿Cómo se inspira para crear escultura religiosas?
-No tengo una forma concreta de inspirarme. Más bien intento plantear las esculturas desde un punto humano. Cuando empiezo una escultura religiosa, no lo hago pensando en que estoy haciendo a Cristo o a la Virgen, sino en que estoy realizando una escultura, que debe funcionar a nivel artístico y formal. La espiritualidad aparece después, cuando está terminada y sale del taller. Es entonces cuando ves a las personas rezarle y recogerse ante la imagen, y ahí es cuando, de alguna manera, surge esa “magia”. En cuanto a la inspiración, también depende mucho de las etapas. Yo trabajo mucho con música y hay temporadas en las que escucho mucha música clásica y otras en las que necesito algo completamente diferente y me pongo a Pink Floyd. En general, varía bastante, así que no diría que tengo una fuente de inspiración única o concreta.
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