“Prefiero tener en el barrio la cárcel a la incineradora”, afirma rotundo uno de los vecinos del Monte María Cristina. Tiene 69 años y ha visto cómo esta zona de Melilla “ha ido a peor” a lo largo de este tiempo. “Huele a podrido por las calles. Ahora ya es tarde. No sé por qué la trajeron aquí”, añade.
Este vecino, que prefiere no desvelar su nombre, señala que la planta incineradora, que se ha convertido en una de las principales quejas del barrio por los continuos problemas de olores y ruidos que genera, debería haberse instalado lugares como Aguadú o donde está la desaladora, puesto que allí no molestaría.
Otros vecinos apuntan que la planta tendría que haberse colocado en Los Pinares de Rostrogordo. Sin embargo, ya se han resignado y no esperan un traslado de la incineradora a otro lugar. “No hay solución. Llevamos treinta años quejándonos. No se la van a llevar de aquí”, lamenta un señor de 60 años, nacido en este distrito, que también habla de los problemas respiratorios y otras enfermedades que sufren los que viven en este barrio.
Olor “insoportable”
Recuerda que hace un mes la planta ha estado estropeada y asegura que el olor era “insoportable”: “No se podían abrir las ventanas, ni tender la ropa”.
Pero no son las únicas quejas en el barrio. “Lo tenemos todo. La incineradora, la cárcel, el polvorín, la antena. Todo lo que no quieren en otros sitios, lo traen aquí”, indica otro vecino.
“En todos sitios hay un perímetro de seguridad alrededor de las cárceles”, critica. Sin embargo, aquí, frente al Centro Penitenciario de Melilla se encuentra el parque infantil del Monte.
Junto a la prisión
Un grupo de vecinos que charlan en un banco del parque reconocen que la prisión no da problemas pero consideran que “no es el mejor ejemplo” para sus hijos. “Los niños lo ven normal. Crecen viendo la cárcel. Muchos acabarán allí. Cuando tienen 16 o 17 años, ya están metiéndose en problemas”, explica otro lugareño.
No obstante, reconocen que no hay problemas de seguridad, de momento, en el barrio. Pero se muestran preocupados por el futuro. Porque, junto a la incineradora, otro de los acuciantes problemas del barrio es el paro, sobre todo el juvenil. Un joven de 24 años que tampoco quiere dar su nombre detalla que en su casa son cuatro hermanos y viven con su madre. Desde hace tiempo, no trabaja nadie. Le hubiese gustado estudiar pero tuvo que dejarlo al terminar Secundaria porque tenía que ayudar en casa.
La historia se repite por Monte María Cristina. “El distrito está marginado. El paro es muy alto. El nivel de estudios de los jóvenes es muy bajo porque muchos no pueden estudiar porque tienen que arrimar el hombro en casa”, explica otro vecino.
“Sin trabajo ni estudios”
“Dentro de diez años, habrá en el barrio muchos vecinos que tendrán treinta años y estarán sin trabajo ni estudios. Se van a convertir en delincuentes profesionales”, recalca un chico.
Demanda por ello proyectos para los jóvenes y una oficina de información en el barrio. Además, indica que en los terrenos de la antigua prisión militar podría construirse un espacio verde. De hecho, dice que había un proyecto pero que se ha quedado sobre el papel.
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