Cultura y Tradiciones

Pollos, pinchitos y hamburguesas para coger fuerzas en las noches de Feria

Los puestos de comida y los cafetines, la zona más alejada de las casetas, reúne cada jornada a numerosos melillenses en torno a una oferta variada y tradicional

Hay otra Feria más allá de las luces, las casetas y los cacharritos. Está en los alrededores del ferial y huele a pollo asado, a pinchitos recién hechos y a hamburguesas a la plancha. Es la zona de los cafetines y los puestos de comida. Un rincón algo más tranquilo y alejado del bullicio principal, pero que cada noche reúne a cientos de melillenses que buscan algo de comer antes de continuar la fiesta.

Aquí no hay grandes escenarios ni música a todo volumen. Hay barras, mesas, parrillas y mucho trabajo. También recetas que llevan años formando parte de la Feria de Melilla. Pollos asados, hamburguesas, shawarmas, pinchitos, baguettes, patata asada… Una oferta variada que se convierte en parada casi obligatoria para quienes necesitan coger fuerzas durante una larga noche.

Uno de los puestos que conoce bien esta zona es la Hamburguesería Asis. Su propietario, melillense, lleva doce años acudiendo a la Feria, aunque comenzó con la comida hace solo tres o cuatro. Antes se dedicaba a la venta ambulante. El cierre de la frontera y el descenso de esa actividad le llevaron a buscar otra salida.

“Yo pensé que me tenía que dedicar a otra cosa”, explica. Ahora ofrece menús de baguette, pollo, hamburguesas, pinchitos al anafre, té y bebidas. “De todo un poquito”, resume.

Y, de momento, la respuesta está siendo buena. “Todo va genial”, asegura. Tanto, que tiene claro que quiere repetir. “Volveré el año que viene”, responde cuando se le pregunta por su regreso.

Muy cerca también está Patatón Buzi, un puesto especializado en patata asada. Detrás está Bouziane, melillense y vinculado a este negocio desde hace décadas. Lleva alrededor de 20 años con el puesto y unos diez instalado en el barrio del Real.

La propuesta es sencilla, pero tiene su público. Patata asada acompañada de queso, atún, aceitunas, maíz, zanahoria o pavo. “A la gente le gusta mucho porque tiene un sabor bueno”, cuenta. Para él, además, hay una regla clara. Vender el producto como si fuera para comerlo él mismo. Una filosofía que, dice, le ha permitido mantener una clientela durante años.

La tradición pesa todavía más en la Hamburguesería Mizzian. Su responsable explica que el negocio comenzó con su padre, ya fallecido, y que la familia lleva alrededor de 40 años vinculada a esta actividad.

“Desde chico” ha estado relacionado con el negocio y con la carnicería familiar. Hoy mantiene aquella tradición en la Feria con hamburguesas, shawarmas, pinchitos de pollo y ternera y baguettes.

La valoración de esta edición también es positiva. “Gracias a Dios, la verdad que muy bien. Cada año un poquito mejor”, afirma. Y destaca el comportamiento de los melillenses. “Se portan muy bien”. Este año, además, han tenido que ampliar el espacio con otro puesto situado enfrente de la churrería.

Pero si hay algo que define a estos cafetines es el carácter familiar. En otro de los puestos, El Detalle, el negocio está repartido entre varios primos y familiares. Cada uno prepara su propio espacio, pero todos forman parte de la misma cadena. “Somos de aquí de Melilla, nacidos aquí, criados aquí y aquí seguiremos, si Dios quiere”, cuenta uno de sus responsables.

Él lleva tres años. Otro de sus primos, entre diez y doce. Y uno de los patriarcas de la familia suma ya 29 años en la Feria. Una tradición que ha ido pasando de padres a hijos, de tíos a sobrinos. “Nos fue picando el gusanillo y nos fuimos metiendo poco a poco”, explica.

Las cifras ayudan a entender el movimiento de estos puestos. Solo en un día pueden salir alrededor de 110 o 115 pollos asados. A eso se suman hasta 40 kilos de pinchitos de pollo, otros tantos de ternera y entre 300 y 350 hamburguesas.

Detrás de esos números hay muchas horas de trabajo, pero también una clientela fiel que vuelve cada año. “Casi todos los melillenses nos conocen”, cuenta.

Y entre bromas aparece el orgullo por una de las especialidades de la casa: “Los mejores pollos de la Feria”. Son los conocidos en Melilla como los pollos del Chaqueta, un nombre ligado a más de tres décadas de presencia en estas fiestas.

Así transcurre otra parte de la Feria. Una que quizá queda algo más escondida, pero que cuando llega la noche empieza a llenarse. Familias, grupos de amigos y feriantes coinciden alrededor de una mesa. Porque para seguir bailando, paseando o disfrutando de los cacharritos también hace falta parar un momento. Y comer.

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