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El policía melillense Álvaro García va camino del campamento base del Everest

El Faro entrevista a este hombre enfrascado en “que más gente en el mundo sepa señalar a Melilla en el mapa”.

Acompañado de la bandera de la Ciudad Autónoma, el oficial de policía melillense Álvaro García se halla en plena travesía rumbo al campamento base del Everest, ubicado a más de 5300 metros de altura. Su propósito, como escribió recientemente en un tuit, es “que más gente en el mundo sepa señalar a Melilla en el mapa”.

Hace poco, García ha accedido gentilmente a conversar con El Faro y cuenta que está en territorio nepalí desde el 6 de mayo, que permaneció dos noches en Katmandú y ayer voló hacia Lukla, donde se encuentra el aeropuerto más peligroso del mundo, a 2800 metros, en medio del Himalaya.

Desde allí inició el trekking hasta el campamento base de la montaña más elevada del planeta. Según narra, serán siete días de ascenso y cuatro de bajada. Él está ahora mismo en Namche Bazaar, el pueblo más grande que existe en la zona, y su estancia allí forma parte de la segunda etapa del recorrido planificado.

Ha alcanzado los 3440 metros y su meta se halla a 5364 m de altura, adonde cree que podría llegar el sábado 14 de mayo. Al día siguiente subirá un pico llamado Khala Patthar, ubicado a 5550 metros sobre el nivel del mar, y lo hará solamente junto a un sherpa, poblador local que le sirve como guía.

“Durante el día estoy caminando unas seis u ocho horas aproximadamente de subida y por ahora las condiciones son buenas. Cuando llega la tarde y luego la noche, se endurece un poco todo: hace frío, se empieza a notar la falta de oxígeno, no se puede duchar uno como lo hace habitualmente”, narra a El Faro.

Para preparar la ruta que seguiría, declara que leyó blogs y se informó un poco. Luego siguió una página en Instagram llamada everestbasecamptrek y a través de ella contactó con el sherpa que lo recibió en Katmandú. “Quedé con él para volar a Lukla y estamos haciendo el viaje los dos solos”.

Por ahora no ha visto a un solo español en todo el trayecto y sí a unos pocos europeos. Debido a la incidencia del Covid, turísticamente ese sitio todavía no se ha recuperado. Este es el primer año en que reciben turistas luego de la pandemia y se está encontrando la montaña para él solo, puntualiza.

Acerca de sus posibilidades de cumplir su objetivo, manifiesta que se ve con fuerza, pues ha hecho deporte durante toda su vida y tiene una mentalidad fuerte. Ha participado en triatlones en varias ocasiones y recientemente ha incursionado en el crossfit.

“Dicen que esta aventura es difícil, pero asequible, aunque no hay que ir con exceso de confianza. En uno de los blogs que leí decía que el 60 o 70 por ciento de quienes lo intentaban, acaban abandonando o tenían que ser evacuados, ya fuera por exceso de confianza o porque no venían preparados”, expresa.

Pese a ello, al principio llegó a pensar que la travesía sería “un paseo”, pero hoy se ha dado un “golpe de realidad”. Al llegar a Namche Bazaar le esperan cinco días de subida y no quiere imaginarse cómo va a sentir el frío en otro refugio.

El policía melillense relata que ayer mismo tuvo que pernoctar en el saco de dormir, sobre la cama, con el edredón encima y la ropa térmica puesta porque empezó el frío en la noche. “La temperatura es muy cambiante: por el día se está bien porque el trekking te hace entrar en calor, pero por la tarde y la noche estamos todos con los guías locales en la chimenea”.

Antes de lanzarse a esta travesía, Álvaro ha estado en países como Vietnam, Filipinas, Tailandia, India y Costa Rica.

En el Everest existen dos campamentos base, a los cuales pueden acceder los escaladores de acuerdo a la ruta que sigan durante su ascensión. Al que se dirige García se encuentra en la zona sur y tiene una altitud de 5364 metros, mientras que el del norte, ubicado en la región tibetana, llega hasta los 5100 m.

En el caso del sureño, quienes realicen la subida pueden beneficiarse de productos que llevan allí los sherpas u otras personas, y también descansar para recuperar energías antes de proseguir su camino.

El 12 de abril de 2016, el melillense Daniel Montoya Muriana había llegado al campamento base del Everest, convirtiéndose en el primer escalador de la Ciudad Autónoma en lograr una proeza con la cual dijo que había soñado desde niño después de ver la película K2. Sus primeras palabras al llegar allí fueron: “Hoy una bandera de Melilla está en el Everest. Sueño cumplido”.

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