En la calle General Prim, entre la zona peatonal de la zona centro de Melilla, encontramos un escaparate acristalado entre dos puertas, una de ellas de madera. Si no fuera por el nombre que decora el cristal, TWO BORDERS TATTOO, poco imaginaríamos que se trata de un estudio de tatuajes. Sus plantas verdes, piezas de hormigón y pequeñas obras artísticas colgadas en las paredes grises, hacen entrever que el estilo de este lugar es algo diferente.
No hay muestras fotográficas de trabajos realizados que adornen el espacio. En el interior de la zona, al fondo, un gran espacio diáfano donde se encuentran los materiales prácticos para tatuadores y asientos para los clientes, lámparas de pie de luz y otros artilugios que se suceden de una forma visiblemente limpia, permitiendo que la vista se alargue e, incluso decorativa. Sillas, sillones de tela cerca del mostrador.
En este estudio, los detalles están cuidados y se aleja del tradicional entorno de trabajo, motivando un estilo con toques industriales con paredes oscuras y atravesando por elementos verdes de la naturaleza.
Sus propietarios, un joven melillense y una joven ucraniana, con la ayuda familiar lograron abrir este espacio de trabajo dedicado a generar obras creativas en los cuerpos humanos. El pasado 22 de marzo abrieron sus puertas. Una fecha especial, una fecha que esta pareja de trabajadores conmemora desde hace varios años, celebrando su relación. Aquí cada detalle cuenta, y ellos decidieron la apertura y diseñaron el interior.
Antes de llegar a Melilla, ambos profesionales trabajaban en estudios de Alemania donde se conocieron. Kateryna se ha dedicado durante más de seis años a emplearse en este oficio y, Pablo casi una década de dedicación lleva a sus espaldas. Al inicio de su iniciación en esta profesión, Pablo estaba estudiando Bellas Artes y “tatuaba muy poquito”, sobre todo a compañeras. “Me daba respeto y bueno, costó empezar”, sostiene.
Para Pablo, los tatuadores son “los artistas del siglo XXI”, y aunque la costumbre de los tatuajes es más lejana que esta edad histórica que vivimos, el desarrollo técnico ha propiciado también la amplificación y el desarrollo de esta práctica. “Técnicamente no se podían hacer grandes cosas, debido a la industria. O sea, la aguja no estaba muy afilada, no había la materia prima”, explica Pablo a la hora de observar las herramientas necesarias para poner en práctica este trabajo.
Las actualizaciones se suceden, las personas buscan tatuajes de calidad, y hay especialistas que persiguen “sacar los mejores productos, las mejores máquinas”, logrando una mejora para el sector. El tatuador o la tatuadora ha ido ofreciendo mayor calidad en sus trabajos y, dependiendo de ese nivel de calidad se establece las diferencias y el precio. “La calidad del trabajo es muy alta, y la gente que sabe lo que hace y trabaja bien, te pide mucho dinero”, sostiene el propietario.
Aunque hace poco que el estudio abrió sus puertas y el verano siempre dificulta la actividad, Kateryna sí ha observado una particularidad en Melilla en el sector principalmente femenino, aunque no únicamente. Y es que, las mujeres que se acercan buscan pequeños tatuajes (paches) dispersos por diferentes zonas del cuerpo sin llegar a cubrir una zona completa.
Pero no sólo eso, las clientas buscan significados especiales en las composiciones artísticas. “No vienen solo a hacerse algo bonito”, sostiene la tatuadora. No es simplemente algo estético que adorne su piel, “casi cada persona que llega para hacerse un tatuaje, busca un significado personal para ellas”, añade la propietaria. Una flor, no es simplemente una flor, sino que detrás hay un significado que a la persona que decide dibujarla en su cuerpo, le traslada a un recuerdo, una emoción, una experiencia, una persona.
Esta particularidad de la clienta melillense es algo a destacar en el trabajo de los últimos años fuera de la ciudad de Kateryna, donde su trabajo se orientaba más a la forma, la estética, y no tanto al significado intrínseco para las mujeres a las que tatuaba. Aunque esta particularidad melillense de personalización tiene más cabida entre las mujeres, no es exclusivo de ellas, y muchos hombres demandan el trabajo de la tatuadora con este mismo sentido. En este sentido, Kateryna reconoce que antes de llegar a Melilla no había tenido “tantas oportunidades de tatuar a hombres” y su trabajo lo concibe como algo hermoso y dedicado, personal. Algo suyo para otra persona.
Su estilo es florar y lineal y delicado, aunque no se encasilla e integra otros motivos a su bagaje profesional y se retroalimenta del trabajo de su compañero, un estilo marcado por líneas más gruesas y colores más oscuros. Él realiza un estilo denominado “black and white” basado en los tonos medios grises, además, sus diseños tienen una característica realista, basado en elementos fotográficos.
Aunque Pablo dibuja “algunas cosas”, su inspiración parte de “del realismo fotográfico” realizando composiciones surrealistas y estudiando las reglas compositivas, la teoría de la luz y otras nociones especializadas en el sector del tatuaje necesarias para poder adaptar el resultado artístico al cuerpo específico. Sin embargo, aunque su inspiración tenga una base fotográfica y se apoye en diferentes profesionales de la instantánea, él suele utilizar como referencias a otros tatuadores. No obstante, como sucede dentro de cualquier ámbito creativo, los profesionales acaban buscando y encontrando un estilo propio y hacer de sus diseños algo personal e identificable, a pesar de buscar referencias e inspiraciones ajenas.
Este momento de realización profesional e identificación personal con el trabajo realizado está presente en el momento de la carrera profesional de Pablo que, aunque tenga presentes a compañeros de su sector con los que comparte gustos y aprecia sus estilo de sus diseños, en el momento actual, el tatuador intenta hacer composiciones propias y crear desde su imaginación.
El diseño debe sostenerse en la figura, en el cuerpo de la persona, estudiando la forma del mismo. No es simplemente una aguja que inyecta tinta, sino que el profesional trabaja sobre un lienzo corporal con características diferentes. El tatuaje debe colocarse “siguiendo las líneas del cuerpo, la posición en la que tiene que estar, el tamaño que tiene que tener”, sostiene Pablo. Un aprendizaje que, además del estudio, “se aprende tatuando, referenciándose con otros artistas, comiéndote la cabeza”, añade el propietario.
Aunque los encargos que les realizan y las peticiones suelen ser concretas, en base a ellas intentan desarrollar diseños diferentes para cada cliente. Sus estilos influyen en las demandas y también lo hace las particularidades de su público melillense. El realismo y, sobre todo, la técnica “black and white” es apreciada por muchos varones melillenses, igual que el estilo floral, minimalista y de líneas finas define mucho de los trabajos sobre los cuerpos femeninos de la ciudad que llegan al estudio. Aunque Pablo también trabaja la geometría, este estilo compositivo no es tan apreciado por sus clientes en la ciudad. Su técnica “black and white” lo diferencia y aleja del tatuaje tradicional, ofreciendo una característica diferente.
La profesión se aprende ejecutando, realizando e interiorizando conceptos. Aunque Pablo estudió Bellas Artes, Kateryna es autodidacta. “Siempre es un placer estudiar arte porque tienes más instrumentos en tu bolsa de herramientas. Puedes hacer más cosas, sabes más cosas... pero yo estuve aprendiendo por mí misma”, sostiene la propietaria.
Ella ha trabajado como gestora en estudios de tatuajes y se ha impregnado de la técnica, la cual fue desarrollando con la práctica. “La base teórica es importante, pero no lo es todo. La puedes tener y no saber, puedes ser teórico y no saber nada”, apunta Pablo. “Me di cuenta, en mis primeros años estudiando en la Universidad de Cuenca. Allí, casi todos los profesores eran artistas en activo. Por ejemplo, el profesor de pintura tenía la carrera de filosofía, ¿sabes? No había estudiado Bellas Artes, pero llevaba pintando desde pequeño y era un artista en activo. Él vendía sus cuadros. Sin embargo, luego hice un traslado de expediente y estudié en Granada, y la mayoría de profesores eran artistas teóricos, personas que habían estudiado, que supuestamente tenían que enseñar a pintar y ellos no pintaban”, desarrolla Pablo.
Y es que, no siempre la práctica y la calidad te la ofrece un estudio determinado, sino que las habilidades, los gustos y la dedicación amplifican tu marco de destrezas y profesionalidad, más allá de un estudio reglado o una técnica definida. Una simbiosis que se materializa en los diseños finales y la actitud ante el trabajo.
Entre ambos sostienen un estudio y cada uno aporta unas cualidades que se acercan a un segmento de clientela específico. Kateryna ofrece un gusto específico y una estética concreta que Pablo, aunque se inspire y pueda ejecutarlo de forma brillante, no siente como ella.
“Creo que el género en estos dos casos influye mucho, porque yo soy una persona delicada, pero si viene una clienta femenina que va buscando una estética femenina, bueno, yo la puedo ayudar, pero no tanto como Kateryna. Si una mujer quiere un proyecto floral que le realce las líneas del cuerpo, que se haga sentir más femenina, pues yo no soy la persona indicada. A lo mejor puedo buscar referentes y puedo hacerle algo guay, pero Kateryna, ella lo siente”, sostiene Pablo, quien está especializado en diseños “más grandes, más bruscos, para gente más robusta”, añade.
Ellos se complementan como el propio nombre del estudio, Two Borders Tattoo, que significa “dos fronteras”. Dos estilos, dos personas, dos géneros, dos culturas, dos países que se encuentran y emprenden un proyecto conjunto con el que crecer y acentuar las características que cada uno emana por dentro y define su práctica profesional.
Ellos trabajan en su estudio, pero además dedican tiempo a realizar su desempeño fuera, en eventos como bodas o celebraciones, días especiales con “recuerdos locos”, sostiene Kateryna. Su estudio invita a las clientas y clientes a sentirse cómodos. Una intencionalidad descrita en el trato, la actitud y la forma de concebir no sólo su trabajo, sino el estilo de vida y la personalidad de estos dos jóvenes tatuadores.
“Somos gente de mente abierta, liberal, nos da igual el género, nos da igual quién sea, cómo sea, y cómo se ve. Lo único que queremos es que las personas estén cómodas, que puedan venir, desnudarse… Seas como seas y vengas de donde vengas. Nosotros no tenemos prejuicios y siempre lo que intentamos es dar lo mejor de nosotros mismos”, resalta Pablo.
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