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La Cervecería, abierta en Melilla desde hace 32 años

La Cervecería lleva abierta casi 32 años con una clientela fija, "hay personas que vienen ahora que van tirando de un carrito y que antes venían en un carrito", dice su gerente

La Cervecería se inauguró en mayo de 1991 y lleva casi 32 años haciendo las mismas patatas con alioli.

Nacho Martínez ha contado a El Faro, que él junto a dos socios más, Ignacio Pérez Cazorla y Pedro García Campoy decidieron montar este bar que hoy en día sirve mesas a cuatro generaciones de una misma familia.

En la actualidad, él es el único gerente del negocio. Pedro García falleció en el accidente aéreo y Martínez y Pérez compraron su parte. Hace diez años, Martínez compró su parte a Pérez, que es ahora el único dueño.

El nombre de la cervecería, se le ocurrió a su actual gerente y hace hincapié en hacerla única.

Sus platos estrella, las patatas con alioli y el perrito especial de la casa, aunque tienen casi 80 tapas en su carta como callos, manitas de cerdo o tostas. "Hay gente que vive en la península y cuando viene lo primero que hace es pedirse una tapa de patatas con alioli".

Martínez ha explicado que a él no le gusta cambiar de tapas aunque a veces innova. El especial de la casa es un perrito de lomo adobado a la plancha, tortilla de patatas, atún y mayonesa.

Después de tantos años, La Cervecería se conserva como el primer día. Su decoración fue diseñada por Carlos Baeza, siendo el segundo local decorado por el artista melillense, según su gerente. "Una de las cosas que hemos intentado es conservar la decoración inicial", comenta.

Nacho Martínez cuenta que le dejó total libertad creativa a Carlos Baeza. El único requisito que le pidió fue utilizar materiales que duraran en el tiempo, hay mucho mármol y mucha piedra ·está igual que hace 32 años".

Este aspecto es uno de los que más llama la atención a los clientes, que todo sigue igual. "Hay muchos clientes que fueron a la inauguración y lo que más le gusta es que hemos respetado la decoración del inicio", dice Martínez.

Su clientela es fija "aunque hemos perdido muchos desgraciadamente porque el tiempo no pasa", explica el gerente. El otro día, dice, atendió a una familia, la bisabuela, la abuela, la madre y la hija. "Hay personas que vienen ahora que van tirando de un carrito y que antes venían en un carrito".

Hoy en día el negocio va muy bien aunque Nacho recuerda que en 2020 estuvieron cerrados 7 meses por la pandemia, 3 meses con restricciones y en 2021 las obras de peatonalización del centro también le perjudicó bastante.

En La Cervecería trabajan actualmente tres personas en cocina, tres en sala y dos en terraza. Nacho Martínez cuenta que nunca pensó que iba a dedicarse a la hostelería. Nadie de las familias de los tres amigos se habían dedicado a ello y para Nacho fue una aventura de tres amigos que jamás hubieran imaginado durar tanto tiempo.

Nacho Martínez ha explicado dos de las miles de anécdotas que han ocurrido en su bar. Antes del confinamiento, una noche entró un señor que miró al techo emocionado. Nacho le preguntó si le ocurría algo y él le explicó que fue a la inauguración de La Cervecería cuando estaba destinado como teniente en Melilla.

Este hombre había ascendido y se había ido a otro destino. A su vuelta a Melilla como coronel, le impresionó que todo estuviera igual y tuviera el mismo dueño, explica Martínez. "Si La Cervecería se hubiera traspasado y cambiado las lámparas o pintado la pared, la sensación no hubiera sido la misma".

En otra ocasión, cuenta Martínez, tras una reunión de arquitectos, estos fueron a tomarse una copa. Un señor de más de 70 años pidió una tapa de callos y le gustó tanto que le dijo que eran los mejores callos que había probado en su vida y que si le podía preparar una fiambrera de callos para que su mujer en Madrid los pudiera probar.

Este bar, después de más de 30 años abierto en Melilla, está lleno de anécdotas y vivencias de todos aquellos clientes que lo han visitado. Algunos de ellos, que han vuelto a Melilla después de mucho tiempo fuera, agradecen volver al bar al que solían ir y que todo siga igual.

Carlos Baeza es un artistas melillense y profesor de dibujo. Entre sus obras más reconocidas está la reforma de la Plaza Menéndez Pelayo. Muchas de estas obras muestran una gran influencia de géneros pictóricos como el paisajismo contemporáneo en el que homenajea la singular arquitectura modernista de la ciudad con grandes cúpulas y elementos ornamentales.

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