Lo sucedido la tarde del pasado día 5 con la suspensión de la Cabalgata de Reyes fue un gran revés para todos esos niños que se quedaron sin poder disfrutar de uno de los eventos más esperados y mágicos del año. Es cierto que desde hacía varios días, algunas personas pedían en las redes sociales que se adelantara al día 4 o se retrasara al 6 para que no se viera todo ensombrecido por la lluvia, que ya se veía en los radares de la AEMET.
También es verdad que a la vista de las previsiones climatológica, quizás lo más inteligente habría sido disponer de un plan B de manera que los pequeños al menos tuvieran la ocasión de ver a los Reyes Magos aunque fuese sentados en unas sillas en cualquier instalación pública cubierta. A nadie se le puede quitar la razón ante tales apreciaciones.
Sin embargo, lo que no parece ya lógico es que esa suspensión de la cabalgata se haya convertido en la gran baza política de la oposición para tratar de desgastar al Gobierno. El área de Festejos de la Consejería de Cultura trabajó intensamente para que todos los melillenses pudieran disfrutar de un evento especial, con pasacalles de primer nivel (alguno procedente incluso de Italia), carrozas embellecidas y cientos de figurantes que, con sus bailes y presencia, iban a terminar de dar el realce que necesita un desfile de esas características.
Es absolutamente rechazable algunos comentarios leídos en redes sociales en los que se acusa a los miembros del Gobierno de quedarse con los caramelos o haberse "llenado los bolsillos" a costa de la suspensión de la cabalgata. El hecho de que se puedan publicar comentarios en anónimo hace que quienes escriben se sientan en la más absoluta impunidad a la hora de acusar a los políticos, sean del signo que sean, sin aportar la más mínima prueba. Quizás habría que empezar a plantearse llevar eso a los tribunales para parar semejante río de calumnias e injurias contra todo lo que huela a servicio público.
Volviendo al tema, cualquier melillense que haya acudido a la cabalgata en años anteriores o a cualquier otro evento multitudinario, sabe que salir del centro con el coche puede convertirse en un problema. No se puede decir, ni mucho menos, que eso solo ocurrió el pasado día 5. Hay decenas de ejemplos que avalan esa afirmación. O sea, que nadie se rasgue las vestiduras ahora por esa circunstancia de la que ya estamos muy hartos sea por el motivo que sea, incluso cuando hay carreras o cualquier otra cuestión deportiva en la calle.
Por eso no se entiende que lo sucedido el día 5 sea la gran bandera política de la oposición contra el Ejecutivo de Imbroda. No habrá en Melilla cosas mucho más graves por las que preocuparse más allá de si Paco Díaz ha colaborado en Festejos, si había 6 o 25 policías locales y que el centro se convirtiera en una ratonera para los coches.
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